El pasado 24 de abril veía la luz el tercer disco de Viva Belgrado, Bellavista (Aloud Music, 2020), uno de los álbumes llamados a copar las listas de mejores lanzamientos de este año que se nos escapa de las manos más que nunca.

Sin olvidar sus raíces asentadas en el post-rock, punk o scream, el cuarteto cordobés ha merodeado y experimentado con el lo-fi o shoegaze, eclecticismo sonoro acompañado de una lírica que Viva Belgrado ha hecho propia en su nuevo trabajo. Hablamos con Cándido Gálvez, guitarrista y cantante de la banda.

Musicalmente hablando, “Bellavista” es un disco muy versátil. Sin embargo, ¿Cómo definiríais el hilo conductor narrativo del disco?

En general, Bellavista habla de la sensación de tener ante ti un horizonte inalcanzable, algo así como el señuelo con la zanahoria. Al mismo tiempo tocamos otros temas, especialmente nuestra relación con la música y los escenarios, que es el contexto en el que nosotros nos hemos movido durante los últimos años.

Se trata de un disco en el que habláis de tocar fondo. ¿Las mejores canciones nacen cuando peor estás?

No sabría decir si cuando peor estás, pero en mi caso siento que soy más productivo cuando siento que tengo algo que decir, y tal vez eso coincide con momentos críticos.

¿Cómo es el proceso de composición del disco? Supongo que, con tantas influencias musicales y las ideas tan claras, habréis tenido que limitar y definir musicalmente lo que queríais que tuviese cada canción.

Realmente nosotros somos muy desorganizados para trabajar. Nuestra metodología de trabajo consiste en mandarnos riffs e ir cribando los que no nos gustan. Después los vamos limando en el local. Y cuando ya tenemos unas cuantas canciones vamos resolviendo el puzzle, viendo qué canción encajaría mejor en qué lugar de tracklist y qué piezas faltarían.

Me he dado cuenta de que, en las respuestas que dais en las entrevistas, estáis continuamente citando influencias de otras bandas, bastante variopintas. ¿Hay algún género musical que os gustaría explorar más (a nivel oyente)?

Hace poco estuve leyendo Loops de Javier Blánquez y me hizo percatarme de lo poco que sé sobre música electrónica. Me pasa lo mismo con el flamenco, lo disfruto pero no soy consciente de lo que estoy escuchando. Si me pasa eso con dos géneros populares, imagínate con el folklore argentino, por ejemplo. En ese sentido, aunque me gusta pensar que me dedico a la música, cada vez soy más consciente de que realmente solo me dedico a hacer un ejercicio dentro de la interpretación occidental de la música, constreñido dentro unos patrones de producción, difusión y consumo predeterminados. Creo que más que un género, que también, mi tendencia ahora está en explorar otras formas de entender la música.

¿Qué opináis del discurso del artista creador que afirma que no tiene influencias de nadie, sino que todo le sale de dentro?

En mi caso la creatividad no funciona así. Yo suelo partir de una idea que quiero emular o de un loop de batería que por algún motivo me transmite algo, que luego se va entremezclando con otras capas. Y mis referentes influyen definitivamente en cómo me aproximo a la creación. Por ejemplo, si hace dos días estuve enganchado a una canción con el bajo entrecortado, intentaré probar qué tal queda en la mía uno similar; si ayer descubrí un poema con un título que me gustó, intentaré darle a mi canción uno que transmita algo similar. De todas formas, creo que es sencillamente imposible no tener influencias. El mero hecho de utilizar una guitarra, utilizar una afinación determinada, o grabar en un estudio en un formato de 3-4 minutos ya son influencias de partida que determinan en enorme medida el resultado.

¿Por qué publicar “Más triste que Shinji Ikari” (la canción más lejana al sonido que muchos consideran vuestra esencia) como single?

Precisamente por eso, porque creíamos que era la canción más alejada de nuestro sonido y la que más ruido podría generar. Creo que muchas veces no se acaba de entender que un single es una herramienta, no es una canción elegida arbitrariamente.

Habláis de la inclusión de loops de anime dentro del disco. ¿Creéis que las referencias (sonoras y culturales) hacía Japón se están convirtiendo en una tendencia generalizada en la música española?

Creo que el anime ha sido un aspecto que casi todos hemos compartido en nuestra infancia y ha acabado formando parte de nuestra nostalgia. Además de que obras culturales cumbre de nuestra época como Akira o Evangelion son anime. Quizás por eso muchos artistas tendemos a reflejar la influencia.

Es algo admirable que, tras la publicación de tres discos, sigáis experimentando con las sonoridades más jóvenes. ¿Creéis que llegará un día en el que seáis demasiado mayores para “entender la música de la juventud”?

Creo que la cultura y en concreto la música son elementos clave alrededor de los cuales formamos nuestra identidad. Pero es cierto que cada vez cambian más rápido y nosotros ya rozamos los 30. No sé si diría que dejaremos de entenderla, porque creo que cada vez nos acercaremos a ella de una forma menos inocente y más consciente, pero seguramente nos vincularemos a ella de manera diferente de como nos hemos vinculado a la que nos ha definido a nosotros.

 

 

 

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Sobre El Autor

Redacción Madrid

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