El grupo vasco volvió a la capital tras conquistar los festivales Madcool y Tomavistas, después de 3 años sin pisar una sala madrileña.

Texto y Fotos: Emi Picazo

La sala El Sol se preparaba para una noche épica. Eran muchos los que esperaban para entrar a la sala y disfrutar de una noche eléctrica. Fueron Qverno los elegidos para abrir la velada. Y con Alain Martinez abanderando, llegaron al escenario bien arropados y con muchos seguidores entre sus filas. Presentando su primer álbum “vol.1” (Marzo 2019) pudimos escuchar temas como “Diamantes”, “Convulsiones” “1%” o “Automático”. Saboreamos esos tintes de NIN o Queens of the Stone Age en sus potentes guitarras pero sin llegar a eclipsar su sonido propio y lleno de detalles.

Y cuando la sala ya estaba en ebullición, salieron Úrsula y Koldo para transformarlo en explosión. Comenzaron con “Errautsak” tema de su último disco “AitzStar”(Marzo 2019). Y como rocas, se plantaron en el escenario. Siguieron con “Cabezacubo”, “Txaman” y “Jungle Tornado”. Potentes, poderosos y con energía de sobra, con una Niña Coyote que hipnotiza con sus baquetas y un Chico Tornado que magnetiza con su guitarra, crearon la tormenta perfecta en una noche que parecía tranquila.

¿Cómo un grupo de sólo dos miembros y con dos instrumentos es capaz de sonar como si fueran los mismísimos Rage Againts the Machine o Motorhead? A pesar de parecer que vuelven a un formato clásico donde el menos es más, el empoderamiento de Úrsula a la batería hace que su presentación al público se reciba como algo liberador, potente y rebelde. Rebeldes además por sus letras llenas de mensajes y por presentarse en su idioma materno, cantando y dirigiéndose al público madrileño en su euskera natal. Cuando la mayoría encontramos este hecho como exótico, todavía hay ciertos sectores que lo encuentran provocativo.

Sonaba “Zauririk ez” y como si hubieran lanzado un dardo envenenado al público en las primeras filas se formaba un pogo que hacía que en El Sol se creara una tormenta geomagnética con perturbación temporal de los asistentes. Siguieron “Metl”, “Hotsa”, “Ulehertu” y el pulso no se rebajaba en ningún momento. Podemos decir, que el concierto sin duda fue de más a muchísimo más. Sin tiempo para respirar y enlazando un tema con el siguiente, casi no daba tiempo ni a repostar en la barra de una sala completamente llena y hasta la bandera. Y es que, ojalá esta ciclogénesis explosiva vuelva a arrasar pronto en alguna otra sala madrileña para que podamos volvernos locos y olvidarnos por unas horas de nuestros temporales.

 

 

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Dame un Mi. Mi cámara de fotos. Dame un La. La música es mi pasión. Música y fotos, perfecta afinación.

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