La banda de Denver presentó III, su tercer álbum de estudio en el Wizink Center de Madrid, ante un apasionado público que acompañó a la banda durante un concierto algo irregular en cuanto a ritmo y orden en su repertorio

Texto: Iñaki Molinos M

Fotos: Javi García Nieto

Las expectativas generadas para el concierto de la noche del sábado en el Wizink Center fueron proporcionalmente opuestas a la sensación que dejaron The Lumineers en la única parada española de su gira europea.

Su destacado nuevo trabajo, III, fue masticado y presentado en pequeñas dosis durante todo el concierto, escondidas entre un amplio repertorio que navegaba entre sus tres álbumes de estudio sin un discurso establecido que hiciera ponerte los pelos de punta o mantenerte en la cresta de la ola durante un tramo de dos o tres canciones. Y este quizás fue el principal problema de la noche, en un show que cumplió a la perfección a nivel de despliegue técnico, sonoro, de interpretación y de puesta en escena.

III es un trabajo entendido como una historia completa, un discurso bien ejecutado, tanto en lo lírico como en lo musical. Un tercer disco más que destacado para una banda que se encontró con el éxito inesperado en su primera entrega homónima, allá por el 2012, y que ha sabido lidiar la sombra del conformismo a nivel discográfico…

Aunque no lo viéramos reflejado en la noche madrileña, con un concierto que arrancó ‘Sleep on the floor’ o ‘Cleopatra’ de su segundo álbum, antes de introducirnos por primera vez en su nuevo disco a través de la melodiosa y por momentos desgarradora ‘Live in the city’.

Una primera parte del bolo protagonizada por sobresalientes cortes de sus primeros dos discos auguraban una escasez de munición para la parte final de su actuación, y en cierta manera, así fue. ‘Dead sea’, la llevadera y coreada ‘Submarines’, el folk primigenio de ‘Flowers in your hair’ o las popularísimas ‘Ho hey’ y ‘Ophelia’ –con la presencia de toda la banda al frente del escenario- culminaron por todo lo alto el primer tercio del concierto.

El talento de The Lumineers y el poderío de muchas de sus canciones se hizo evidente a lo largo y ancho del concierto, y esto fue lo que les salvó en una actuación que en el plano emocional tampoco pareció llegar a las entrañas de un animoso público que ante el mínimo resquicio de guitarras y bombo se arrancaba a bailar sin dilación.

Sin embargo, una gran parte de canciones de su último disco, melódicamente más pausadas e incluso en muchos casos oscuras desde su base fueron las elegidas para protagonizar el nucleo duro del concierto acercándonos a su segunda hora.

La luminosidad teñida de drama de ‘Gloria’, uno de los mejores cortes de su reciente álbum, fue el pistoletazo de salida, a la que siguieron su faceta más dylaniana con ‘It wasn´t easy to be happy for you’, el intimismo de ‘My cell’, la oscuridad de ‘Jimmy Sparks’, la pieza instrumental ‘April’ y la tenebrosa ‘Salt and the sea’, completando de manera consecutiva la tercera y última parte de III, con Fraites al piano. Derroche de talento, con algunas de sus mejores canciones como banda, pero que dejaron ciertamente descolocado a un público ávido de energía aún por quemar.

La versión extendida de ‘Big parade’ sirvió para cerrar el concierto y volver a agitar las masas con la participación activa del público con su coreable estribillo. Le siguió un bis que volvió a recaer por momentos en la indiferencia, protagonizado por medios tempos como ‘Donna’ o ‘Gale song’ antes de explotar definitivamente con el acertado cierre de la emocionante ‘Stubborn love’, con un Wesley Schultz impecable a la voz durante toda la noche.

Un show en forma de montaña rusa, cuyos altibajos no dejaron brillar en ningún caso a las fantásticas nuevas piezas que componen su último trabajo. Una debatible selección del orden, más que del propio repertorio, nos dejaron con ganas de mucho más en un show con cierto ambiente funcionarial.

Nos reservamos las ganas –una vez más- para nuestro próximo encuentro.

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