El irlandés, acompañado de su banda, no tardó en enseñarnos que su poder estaba en conquistarnos con su potencia en los directos y que si algo sabía hacer bien era emocionarnos. El Teatro Apolo de Madrid cayó rendido a sus pies

Texto: Helena Selini

Fotos: Laura Rebollo

Decía Glen Hansard, el protagonista de la cita, que la mejor forma de expresarse era subido a un escenario y que sentir tanta pasión en él era lo que le hacía no quedarse en casa haciendo lo mismo, cantar. No mintió.

Empezaba el concierto con “I’ll Be You, Be Me”, que con sus estrofas susurradas se iba dejando arropar por la banda que disfrazaba en un primer momento timidez y misterio al igual que el vocalista. Con las primeras canciones la sensación era la de un escenario que empieza siendo pequeño –por la intimidad que provocan los espacios reducidos y no por la falta de grandeza- y que butaca tras butaca se va expandiendo llegando a cantar como si lo estuviera haciendo mirándote a los ojos. Eso es lo que sucedía, su voz te alcanzaba y te desgarraba, de principio a fin. Hasta en el rincón más lejano del Apolo su presencia te sacudía.

Y parecía que a todos les había llegado la hostia porque no fue hasta “When your mind´s made Up” (una de las canciones más populares) donde se pudo descubrir en el rostro de la gente las ganas cantar. A veces ocurre que, ante lo impresionante, uno solo sabe mirar y abrir la boca. Para este momento él ya se había hecho dueño de cada rincón del Teatro y no necesitaba compañía de su banda para demostrar que la voz era el instrumento más potente que traía consigo. Solo, con guitarra en mano, sonido perfecto y pelos de punta los aplausos no pudieron esperar al final. Era un hecho, Glen Hansard ya se había coronado.

Tema tras tema, iba dejando claro que no iba a ser un concierto que te dejara con el corazón en el mismo sitio que al entrar. Bajadas y subidas de intensidad, sonidos oscuros con efectos de distorsión que mezclaba con la claridad de otros instrumentos donde aparecían la guitarra clásica y la mandolina: un viaje por el folk, el rock, el góspel y el blues con tintes orientales en su ambientación como nos tiene acostumbrados, pero con una hemorragia de pasión y desgarro que no se puede apreciar en sus álbumes. Así despuntaba “The closing Door” y con ella la emoción.

El recorrido del repertorio fue un acierto. Fue capaz de crear un ambiente casi onírico del que no apetecía despertar. Y, entre tanto, a veces abandonaba el micrófono para cantar a capela, demostrando el torrencial que hay en sus cuerdas vocales y haciéndole parecer inmortal, mientras que otras veces narraba historias que lo bajaban por un rato a la tierra.

El broche final, parecía ponerlo “Fool`s Game”,  una canción que empieza con él manejando el pedal de voz  para introducir efectos que te conducen a una parte sombría que no se intuye adónde puede llevar. Esta canción, de inicio más suave, rompe a su mitad a golpe de guitarra eléctrica donde sube la intensidad con su parte más rockera para después volverla a bajar y calmar el estado de euforia al que había conseguido conducirnos. Guitarra clásica dio paso a la voz de Romy Ymor, pianista de la banda que había acompañado durante todo el concierto y que esta vez, solo a piano y voz -y con las luces apagadas- cerraba la velada perfecta donde era imposible no sentirse pellizcado.  El público, totalmente devastado, aquí se levanta y aplaude siendo incapaz de dejar de hacerlo.

Es verdad, que aunque me hubiese gustado, por la intensidad del momento y el llanto en mis ojos, este no fue el final.  La generosidad de voz y banda condujo un bis de cinco canciones donde apareció también Nina Hynes, -la telonera del artista-. En esta segunda parte, hubo espacio para recordar canciones de otros a los que admira. Y, dos horas y media después de los primeros susurros, él, músicos y público comienzan a entonar muy poco a poco la canción de  Daniel Johnston “Devil Town”. Cada vez más bajo, cada vez más cerca del adiós.

La ciudad de los demonios no angustia si él la canta.

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Glen Hansard hace del directo su mejor presentación, 9.0 out of 10 based on 2 ratings

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Dirección / Redacción Madrid

Iñaki Molinos M. La honestidad no es una virtud, es una obligación. @imolinosm

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