Asistimos a la presentación de Mucho Noir Club, el pasado jueves, 3 de octubre en la sala El Sol de Madrid.

Mucho Noir Club abrió sus puertas el pasado jueves, 3 de octubre, en la sala El Sol de Madrid. Se presentó como uno de los proyectos más jugosos de la escena considerada independiente, el cual estará cada noche en una ciudad de la geografía española que se revelará esa misma semana.

La gira pretende aunar los mundos de la electrónica y la música independiente dentro de un mismo espacio, con un mensaje que primaba sobre los demás: esto no es un concierto de Mucho. El público no acude allí a ver a Martí Perarnau, sino a una sesión, por lo cual el compositor optó por colocar un biombo entre el público y su mesa de mezclas. El mensaje estaba claro: no me miréis, bailad. No obstante, parece que no llegó a comprenderse del todo, puesto que la primera hora de electrónica fue recibida por un público estático que miraba fijamente hacia la silueta negra que enmarcaba el biombo. Algunos temazos que Perarnau se encargó de pinchar, como de Billie Eilish, Rosalía o Taylor Swift, éxito asegurado en cualquier discoteca, no surtieron el efecto rave que algunos deseábamos encontrar en el centro de Madrid.

En cualquier caso, la rave oscura de Mucho casi estaría más cerca de Cage que de Fuenlabrada: más cerca de los inicios del género que de un Row. Y no es para menos, dado que son los primeros coletazos del amplio espectro que Mucho desea abarcar. En mi opinión, hubiera roto más veces con los beats y el 808. Por otra parte, intercalar las bases de sus propios temas junto a las melodías de otros artistas hizo el Mucho Noir Club un evento con una firma propia.

En el momento en el que subió la banda al escenario, el espacio se caldeó, pasando el público a formar parte activa del evento. Poco hay que añadir sobre uno de los discos más interesantes del panorama independiente, que además defienden algunos de los mejores músicos del mismo: la transición entre temas y la falta de discurso aun nos hacían sentir dentro del ambiente rutero, si bien se notaba que todo el mundo había acudido a escuchar ¿Hay alguien en casa? (y no es para menos, puesto que desde que el disco salió no habíamos tenido oportunidad para escucharlo en sala).

Siendo una de las mejores propuestas que se han escuchado últimamente dentro del circuito de salas, solo me quedaría dar un pequeño consejo: bailad, olvidaos de la mitomanía. Habéis venido a una fiesta, esto no es un concierto.

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