León Benavente – Vamos a volvernos locos (Warner, 2019)
4.8Nota Final
Puntuación de los lectores: (4 Votes)

Texto: Iñaki Molinos M

Fotos: Emi Picazo

La tercera aventura de León Benavente se convierte desde la primera escucha en un gancho difícil de esquivar, y no por lo que podríamos prejuzgar como predecible en forma de cañonazos, melodías salvajes y proclamas de revolución, sino por la maestría de una obra que se concibe y se disfruta como un largo relato de 40 minutos entendido a la vieja usanza, con su introducción, nudo y desenlace. Con su secuencia de canciones estudiada y con un orden establecido que le otorgaba el sentido deseado para la banda, cómo nos decía Boba en su presentación.

Los leones vuelven a rugir, eso sí, con sus armas habituales en forma de rock and roll y altos niveles sintéticos palpables desde el primer minuto en cortes como ‘Cuatro monos’ que inaugura el disco con elegancia y sosiego –sólo por un rato- acompañando un maravilloso texto autorreferencial que nos invita a dialogar y entender el “fenómeno” en que se ha convertido el grupo de César, Edu, Luís y Abraham, a través de un túnel que conecta con el fabuloso epílogo final que era la ‘Habitación 615’ de su anterior trabajo.

La oscuridad y sumisión de ‘Amo’ nos empieza a dar idea de un álbum que parece olvidarse en muchos momentos de los hits bailables del pasado, adquiriendo matices de obra maestra gracias a melodías pegadizas y discursos ambivalentes como el de este tema, en el que Boba, acompañado en el fulgor de la batalla por Eva Amaral, cantan al amor desde el prisma de perversión e instinto inherente a la raza humana que tan bien describe en sus letras.

Pero no se asusten, el baile está intrínseco en las canciones de León Benavente y aunque quisieras evitarlo no puedes escapar. Y así lo demuestran cortes como ‘No hay miedo’, ritmo pegadizo, pista de baile y decálogo neocapitalista al que enfrentarse sin temor. Colmillo afilado y doble ración del mejor sarcasmo de Boba.

Algo más serio se ponen acercándose al ecuador del disco, con el single de adelanto ‘Cómo la piedra que flota’. Y es que, aunque en su tercera entrega León Benavente ha dejado de lado cierta carga política en sus mensajes, no han abandonado en absoluto la ruta establecida, y esta canción así lo ratifica. En otro de los apabullantes textos que abundan en el disco se filtra una preciosa oda a la resistencia, arengas y/o preguntas que dan título al álbum u homenajes a quien juntó sus caminos –“mi único plan consiste en sobrevivir”.

‘La canción del daño’ es el corte perfecto para hacer de bisagra entre la cara A y B. Una de las composiciones más alejadas del estilo que ha proclamado el grupo desde su origen, y que pone en alza una vez más el talento de unos músicos de primer nivel. Otro medio tiempo sensible, sustentado sobre guitarras esponjosas orgánicas y decorada a la perfección con pinceladas sintéticas al más puro estilo Bowie, y el costumbrismo desgarrador de una realidad social que nos devora día a día.

La madurez de la banda no se contrapone en ningún caso a los rituales básicos de la danza y la nocturnidad. De esta forma, ‘Ayer salí’ se vaticina ya como uno de los temas favoritos de la multitud, empatizando con aquellas noches rocambolescas que cualquiera ha vivido a lo largo de su vida. Chascarrillos, realidades, humor y una base de batería y bajo invitándote a deslizarte por la pista. León Benavente en estado puro.

Encarando el final del LP todavía queda tiempo para una de esas baladas que nos recuerdan a su primer disco. ‘Mano de santo’, con Miren Iza de Tulsa mano a mano con Boba en un nuevo registro armónico y lírico de este trabajo, una nueva vuelta de tuerca que los propios autores ejemplifican como una nueva puerta abierta en su repertorio y una de las claves que han convertido a Vamos a volvernos locos en su ópera magna.

Otra de las recetas clásicas del cuarteto la encontramos en ‘Disparando a los caballos’. Ahora sí se remangan para entonar una fiera crítica a la clase política actual, y concretamente española, útil para cualquier ideología o vista desde cualquier lado de la moneda según reflexionaba el propio Boba. Hartazgo, rabia y distorsión para apelar al ciudadano medio –o incluso erigirse en su figura- con aires a antiguos cortes como ‘Ser brigada’.

‘Volando alto’ escenifica otra de las parcelas que la banda explora en este nuevo disco, y en la que parece sentirse muy cómoda. En una suerte de fake rap, donde Boba escupe con contundencia una visión panorámica de la realidad, propia y ajena. Con una base que bien podría ser de los Beastie Boys –como ellos mismos reconocen- y un estribillo sencillo y apabullante en otro de los vaivenes que nos ofrece este trabajo.

El cierre de la cara B y del disco en su conjunto viene de la mano de ‘Tu vida en directo’, otro medio tiempo memorable que parece ser el reflejo en el espejo de ‘La canción del daño’. Radiografía social y personal con el que el álbum alcanza finalmente su cúspide particular. Al igual que todo comenzaba como una continuación del epílogo final de su anterior obra, esta canción sirve como la ambrosía definitoria capaz de ponerte los pelos de punta y dejarte exhausto y arrastrado por el suelo al mismo tiempo.

Un disco certeramente redondo, con instinto y colmillo, global y particular, personal y colectivo, empático y asertivo. Despampanante a nivel musical, luminoso y oscuro a partes iguales, estructuralmente distinto a sus predecesores, excelso a la hora de expresar cada de sus ideas a través de sus letras, e incluso en la forma de interpretarlas, con la colaboración inestimable de tres artistas pertenecientes a tres generaciones diferentes. Todo ello, teniendo en cuenta el elevadísimo nivel de su anterior LP 2.

Y por si esto fuera poco, aún queda lo mejor. Paladear y entregarse a la versión en directo de una de las mejores bandas nacionales del momento. El pasado jueves volvimos a comprobar que siguen en plena forma, con un Abraham Boba difícil de clasificar en cualquier modelo actual de frontman, un Cesar Verdú comandando al batallón desde la trinchera, un Edu Baos a cuatro manos a repartir entre bajos y mesas y al infranqueable Luís Rodríguez expandiendo electricidad y distorsión desde la torre de mando.

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