El festival madrileño llegaba a su novena edición con un cartel dubitativo, pero con grandes nombres en los que recaía la responsabilidad de convertirlo en una gran fiesta de la música en directo. Y así lo lograron bandas como The Cardigans y su exquisita nostalgia o Amaral con su batería de hits y la presentación de su nuevo disco “Salto al color”

Texto: Iñaki Molinos M

Fotos: Dcode

De un tiempo a esta parte el Dcode parece convertirse en una auténtica incógnita desde el momento que se conoce el line-up del festival madrileño. Y el caso es que al final casi siempre sale bien.

Si bien este año no parecía haber un cabeza de cartel despampanante, el éxito depende en gran parte del rendimiento de las bandas, y conociendo a unas y otras el riesgo flotaba en el ambiente.

Sin embargo, todo o casi todo salió a pedir de boca y el principal factor de riesgo se fue evaporando según pasaban cada una de las actuaciones, con las que los 20.000 espectadores que han acudido al Dcode en esta edición han disfrutado de lo lindo.

Desde las bandas nacionales que ya son habituales en multitud de festivales del circuito hasta las internacionales, en las que se incluía el experimento de The Cardigans.

La banda sueca interpretó de manera íntegra su obra “maestra” Gran Turismo (1999), provocando una atmósfera nostálgica de lo más emotiva. Canciones que seguramente pocos pensaron que escucharían en vivo y en directo como la evocadora “Erase / Rewind” o la mítica “My favourite game” regalando en los bises cortes como “Lovefool”, canción que les catapultó al éxito en su día.

Una actuación que, si bien perdió cierta intensidad por momentos, debido principalmente al respeto en el orden de las canciones dentro del citado álbum, contó con la notable interpretación de la banda, capitaneada por su vocalista Nina Persson, que no ha perdido un ápice de magia en esto de transmitir al público, pop-rock fresco y noventero conservado en barrica. En este caso, el riesgo no solo se sorteó si no que la apuesta fue ganadora.

Antes, mientras caía la tarde sobre la Complutense de Madrid, ya habían esparcido sus principales encantos los buenos de Miss Caffeina, con una rodada gira de presentación de su último trabajo Oh Long Johnson. Sin grandes sorpresas, pero con una eficacia a prueba de bombas los madrileños se metieron al público en el bolsillo con su habitual tecno pop y temas seductores y reivincativos como “Reina” o “Merlí” de su último trabajo y fantásticos himnos pop propios –“Mira como floto”- y ajenos –“Freed from desire” para completar una actuación con seguro de vida para cualquier festival.

A la vez en el escenario Élite desplegaban su indie-pop vitalista los británicos Anteros. Sintes y guitarras limpias acompañando a la voz de su potente frontwoman –con una gran presencia sobre el escenario- muy tener en cuenta, al menos en su versión en directo, donde presentaban su primer y único álbum When we land (2019).

Tras los británicos, tuvimos el gusto de presenciar el directo de Eels, una de las bandas más interesantes del cartel que siempre viene acompañada de un alto riesgo en directo, en función del día que tenga su excéntrico líder Mark Everett. Y el día no fue ni bueno ni malo, aunque si a un día regular, con un repertorio que languideció por su estructura, le sumas el sonido genuino de una banda diferencial y la cuasi única capaz de ofrecer una buena sesión de rock and roll del festival la cosa mejora bastante. Joyas mayúsculas como “That look you give that guy”, “Novocaine for the soul” –que manera de envejecer- o “Today is the day” en representación de su último trabajo The Deconstruccion (2018) sirvieron para alimentar los paladares más exquisitos –y también más puretas- del público.

Amaral era la principal atracción nacional de la noche, y el dúo zaragozano no defraudó -nunca lo hacen-. Con uno de los directos más solventes y longevos de nuestra geografía, Eva y Juan desplegaron un repertorio que entrelazó a la perfección grandes clásicos con los nuevos temas de Salto al color (2019), que había visto la luz justo el día anterior. Así, el fantástico pop-rock de temas como “El universo sobre mí” o el folk épico de “Marta, Sebas, Guille y los demás” o “Moriría por vos”, que ya son parte del imaginario popular español, no dejan de alcanzar excelsas cotas de emotividad entre un público habido de corear sus himnos.

Y esto sería lo habitual en un concierto de festival de una banda archiconocida y con el favor del público. Pero aparte de lo emotivo, lo interesante residió en escuchar en directo temas como “Más alta la mirada”, “Mares igual que tú”, la inmensa “Lluvia” o la solemne “Soledad”, encajadas a la perfección como si de un puzle se tratará en el amplio repertorio de la banda. Como toma de contacto y pistoletazo de salida de su nuevo disco no se les puede poner ni un pero, aunque da la sensación -afortunadamente- de que sus nuevas canciones aún tienen mucho camino por recorrer. Las perseguiremos con afán.

Otros de los que aprobaron su concierto con buena nota fueron los norirlandeses Two Door Cinema Club. La banda liderada por Alex Trimble tiene tendencia en los últimos tiempos de adolecer de ese gran punch que marcan los temas de su primer y magnífico disco, sumergiéndose en bloques ciertamente fatigosos para el público general.

Pero una vez más, y como si se tratara de un movimiento orquestado por el festival, su actuación mantuvo un nivel notable durante toda su actuación, permitiéndose el lujo de gastar cartuchos de seguridad al inicio del bolo, como sucediera con “I can talk” con la que se metieron al público en el bolsillo, o la revolucionaria “What you know” con la que saltaron al estrellato hace ya casi diez años. Quizás ese hilo conductor originario entre mezclado con los singles más bailables de su último disco False Alarm (2019) -Talk- o el funk llevadero de “Bad decisions” fuera la formula perfecta para convertir el Dcode en la pista de baile perfecta.

Justo antes del último plato fuerte de la noche, tuvimos a bien disfrutar de los sorprendentes y voluntariosos Caravan Palace. La banda francesa llevó a cabo a la perfección su papel no solo de banda puente entre concierto y concierto, si no que hizo bailar a propios y extraños que se miraban con cara de satisfacción ante su electro-swing genuino y envenenado, aderezado por su animosa cantante que no cesaba en su empeño por mantener al público bien arriba.

Después de una larga carrera de obstáculos que salió a la perfección, aún quedaba un último escollo para rematar la noche, y aunque con ciertos matices, Kaiser Chiefs ofreció uno de los mejores conciertos que les recuerdo en las últimas fechas.

Mucha culpa de ello la tuvo un setlist bien escogido, en el que sonaron grandes temas de su notable último trabajo Duck (2019) –“Golden oldies”o “Record collection”, entremezclados ya desde el inicio  -casi a imagen y semejanza que Two Door Cinema Club- con los de aquel primer trabajo que los catapultó a los altares del indie internacional –“Every day I love you less and less-, con el consabido estallido hacia el final en forma de “Ruby” o “Na na na naa” interpretados con entrega y júbilo por Ricky Wilson, otro de los puntos clave -y positivos- de la noche, un frontman demasiado dado en los últimos tiempos a presentarse cual percebe acurrucado en su roca durante gran parte de sus conciertos. Punto y partido para la banda británica.

 

 

 

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