Ty Segall - "First Taste" (Drag City, 2019)
4.0Nota Final
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“Cuando alcanzas la libertad que tanto buscas, te das cuenta de que estás solo”. Esta reflexión es una de las muchas que Ty Segall nos regala en su nuevo álbum de estudio “First Taste”, primera prueba, primer sabor. Un trabajo de clara inclinación experimental que suena firme, muy rítmico, en ocasiones ácido, en ocasiones místico, fruto de los nuevos senderos que se ha atrevido a atravesar el músico californiano.

Ty Segall amante desde niño del garage y la psicodelia de los 60’s, fiera del rock subterráneo estadounidense reconoce que este disco es producto de la música que ha escuchado en los últimos tiempos, como Sly and the Family Stone, Funkadelic, música turca y música de tambores, esos derroteros en los que tanto le gusta perderse. Una maduración artística en forma de doce canciones de una energía desmedida.

Destripando este trabajo, en el que ha estado acompañado por Charles Moonthart en su producción (The Freedom Band, su grupo de cabecera), el concepto es algo abstracto. Durante las primeras canciones habla de cómo empezamos nuestro camino en esta vida, lo hacemos recibiendo órdenes, después surge cierta idea de escape, de modo que el narrador de la historia descubre una nueva percepción de la realidad, cuando se da cuenta de que se ha quedado solo. 

Un trabajo muy introspectivo, catártico, en el que habla y reflexiona de los recuerdos de su niñez y la vida familiar (un tema al que ha recurrido en toda su trayectoria, y por el que particularmente ha estado influenciado), como en “When I met my parents” (dividida en dos partes “Pt 1” y “Pt 3”), un discurso que no aborda con tristeza, sino de una manera interesante, aceptando el pasado y así poder sacar cosas de su cabeza. Melodías enigmáticas, convertidas en canciones de autoestima como “I Sing Them”, “Sé tu mismo y que no te importe lo que los demás piensen”. Palabra de Ty Segall

La guinda del pastel son los efectos sonoros, y el uso de instrumentos exóticos, prueba de ello es el buzuki griego o el koto japonés (instrumento de 4 cuerdas), como podemos paladear especialmente en“The Arms”. Música bien encajada que forma parte de un conjunto. Cada canción tiene un aura propia que crea una sensación en el oyente. El músico mezcla sonidos lejanos y tradicionales con el contemporáneo teclado y sintetizador, quizá por eso ha titulado así el álbum. 

Un trabajo muy meditado, modesto y nada pretencioso, en el que saborearemos muchas texturas musicales. Cada tema se convierte en una pieza salvaje, como un torbellino de descarga para quien escucha, y que deja un poso de alivio y energía. “Fist Taste” es sin duda uno de los más destacables lanzamientos de este verano, el enésimo de su inagotable cosecha.

 

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Sobre El Autor

Redacción Madrid

Me intereso, hablo (mucho), opino, investigo, planifico, escribo... en este desorden. La música es una de mis fuentes de alegría diaria, la siento y escribo sobre ella a mi manera.

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