Hace tiempo ya que Fran Fernández cambió Gijón por Madrid y el inglés por el español a la hora de componer canciones, y aunque muchos los dieron por desaparecidos con la consolidación de otros proyectos posteriores como fueron La Costa Brava o Nixon, lo cierto es que Australian Blonde nunca terminaron de irse, al menos no en el ámbito privado, aunque sus actuaciones hayan sido contadas: una de las más recordadas, en el 25º aniversario de Subterfuge en 2014. Han pasado cinco años también desde que la banda publicó su último trabajo y esto alimenta las ganas de los fans (treinteañeros en adelante) y el propio mito: una combinación explosiva que podrá disfrutarse en vivo en casa, en Asturias, en la próxima edición del Prestoso Fest.

Han pasado ya cinco años desde ‘You kill me’. ¿Habéis trabajado en nuevo material desde entonces? ¿En qué momento está la banda ahora?

Sí, tenemos unas cuantas canciones nuevas, suficientes para llenar un álbum, pero nos cuesta mucho encontrar el momento de entrar a grabar, y todavía no tenemos muy claro quién lo publicaría y todo eso. Desde años la actividad del grupo se reduce a dar dos o tres conciertos al año, cuando podemos cuadrar agendas y la propuesta es interesante, aunque en realidad nunca hemos dejado de mandarnos canciones y siempre hemos estado en contacto, sobre todo cuando puedo bajarme al Puerto de Santamaría de vacaciones o cosas así.

¿Y proyectos musicales futuros? ¿Tanto dentro del grupo como en solitario?

Tengo canciones para un próximo disco de Nixon que espero que salga el año que viene. Pero no me he marcado una fecha, de momento voy haciendo canciones con Nahúm García, mi productor habitual. Cuando crea que tengo material para un disco, ya veré cómo lo saco.

En su día sorprendisteis con la versión de ‘Witchi Tai To’. ¿Tenéis alguna nueva para tocar en los conciertos?

Ahora mismo no tenemos ninguna preparada, son cosas que van surgiendo de manera espontánea, cuando alguien viene y dice “hey, estaría bien probar a hacer esto”. De hecho no recuerdo de quién fue la idea de hacer ‘Witchi Tai To’. Pero sí, siempre intentamos introducir alguna novedad, aunque también sabemos que a estas alturas de nuestra carrera la mayoría de la gente está más pendiente de nuestro antiguo material que de las cosas nuevas que podamos sacar ahora.

En el documental de David Trueba hiciste un ejercicio de introspección para mostrar la cara menos bonita del mundo artístico, diríase que era bastante pesimista, ¿no? Con la “objetividad” que da el paso del tiempo, ¿hubieras preferido que el boom de Australian Blonde hubiera sido diferente?

Bueno, nunca fue mi intención parecer pesimista, el éxito que tuvimos con Australian fue algo que vivimos con mucha alegría y me siento muy afortunado de haber podido vivir esa experiencia. Tal vez lo que se refleja el documental de Trueba es esa parte de hacerte mayor en la música cuando no has podido enlazar una serie de hits que te permitan seguir dedicándote a ello de manera más o menos estable. Seguramente en la carrera de Australian Blonde cometimos muchos errores. Lo hicimos lo mejor que pudimos con la información que teníamos.

Lo que sí tengo es la sensación de que el éxito nos llegó demasiado pronto, pero como dijo Borges, “el éxito siempre está basado en un malentendido”. Yo siempre me vi como un continuador de la música española, aunque esa continuidad no excluye a veces la crítica.

¿Se llega a odiar la canción que os hizo famosos o se agradece el golpe de suerte?

Se pasan por diferentes etapas. Hubo una época en que no tocábamos en directo ‘Chup Chup’, pero ahora me encanta hacerlo. ¿Dónde estaríamos si no fuera por esa canción? Me siento muy agradecido, mucho. Además, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de lo difícil que es hacer un hit, o que una canción se convierta en un hit. Me siento enormemente afortunado, como diría Fino Oyonarte.

Tu dilatada trayectoria tanto en solitario como en La Costa Brava te han dado muchas tablas. ¿Qué aprendiste luego que te hubiera gustado saber de más joven?

Pues fundamentalmente a disfrutar del presente y no verse devorado por las expectativas. Desde luego, no habría dejado de estudiar. Lo más importante que aprendí es que la vida de un grupo se basa en algo extraordinario, que es el éxito. Basar toda tu vida en algo extraordinario te coloca en una posición de extrema debilidad. Hay que tener siempre un plan B.

También aprendí que los artistas están explotados, no por una cuestión de maldad, sino porque de otra forma el sistema no podría funcionar. Pero en el fondo esa es una consecuencia de la premisa anterior. Como solía decir Sergio Algora, “sacar un disco es como comprar un billete de lotería”.

Cuando empezasteis en esto ni soñábamos con el formato digital. Ahora mucha gente sólo consume música por esta vía. ¿El streaming ha ayudado a la música o la ha condenado a la penuria económica?

El streaming es actualmente el gran salvavidas del negocio de la música, pero todavía tiene grandes deficiencias. A mi modo de ver son fundamentales, para que se trate de un negocio sostenible, dos cosas. Que aumenten los clientes de pago y que las grandes plataformas tecnológicas licencien los contenidos. Sin esas dos cosas, el sistema actual es una fuente de pérdidas. A no ser que se dediquen a traficar con los datos, claro.

Actualmente triunfan sonidos muy alejados de lo que sonaba entre los jóvenes de los noventa. ¿El pop y el rock han envejecido mal?

Siempre digo que cada generación tiene su música. En realidad el rock debería de hacer desaparecido del mainstream a finales de los setenta, pero el revival de los noventa, abanderado por Nirvana, hizo que el dominio del hip hop en Europa y otros lugares se retrasara hasta la siguiente década.

Son las tecnologías de producción y distribución las que determinan el tipo de música que se escucha en cada generación. El rock es hijo del LP, el indie es hijo del CD (porque generó beneficios extraordinarios para las mayors) y el reguetón es hijo del streaming.

“Suelo hacer canciones sobre las chorradas que se me ocurren a las tres de la mañana cuando no puedo dormir”

A la hora de componer, ¿qué le pides a una canción? ¿Surge una melodía y encajas una letra o rebuscas en la vida cotidiana para sacar temas de los que luego dibujar una canción?

Yo suelo hacer canciones sobre las chorradas que se me ocurren a las tres de la mañana cuando no puedo dormir. Si al día siguiente todavía me acuerdo de la canción, pues sigo adelante con ella. Normalmente parto de una melodía o una rueda de acordes y luego intento casarla con alguna idea que tenga apuntada por ahí, algún título que se me haya ocurrido. Creo que nunca he hecho una canción empezando por la letra, pero siempre la empiezo con una idea clara de lo que quiero contar.

Lo que le pido a una canción como compositor es lo mismo que como oyente, que me emocione y que sea algo personal, algo que no apele al mínimo común denominador. Nunca he intentado ser original, creo que es un talento que no tengo, pero sí he intentado tener mi propia voz.

Participaste en el homenaje a Juan de Pablos que, según hemos leído, es vecino tuyo. ¿Qué tal es la relación entre periodistas musicales y artistas? Las labores de promoción son una oportunidad, pero también pueden ser tediosas. ¿Y sobre Juan de Pablos, qué es lo que más te ha marcado de él habiéndolo conocido en persona?

Bueno, este tipo de entrevistas nunca son tediosas, las contestas poco a poco y tienes tiempo a pensar lo que quieres decir. Puede ser algo más difícil de llevar cuando tienes todo un día de entrevistas en las que acabas hasta el gorro de hablar de ti mismo.

A Juan lo conocí recientemente cuando me vine a vivir al barrio de Prosperidad y empezamos a coincidir en la misma cafetería. Soy fan suyo de toda la vida y de manera espontánea empezamos a quedar a desayunar de vez en cuando. Lo que más me llamó la atención es esa mezcla de ingenuidad y sabiduría que sólo él sabe transmitir. Yo siempre intento desviar la conversación a aquellos temas que domina, el cine francés, la música de finales de los 50, el fútbol clásico, etc.

¿Sigues de editor en Deezer? ¿Cómo es tu trabajo?

Sí, sigo de editor. Básicamente mi trabajo consiste en crear y actualizar las playlists e intentar cerrar acciones de promoción con artistas. Aunque de manera secundaria también me toca a veces pinchar, organizar eventos, hacer traducciones, etc. Gracias a eso me mantengo al día de las novedades: tengo que estar todo el día escuchando música y eso me obliga a estar siempre pendiente tanto del top 100 como de los nuevos artistas.

¿Alguna recomendación que nos puedas hacer de algo que hayas escuchado últimamente?

Lo último que recuerdo que me haya gustado mucho es Bejo, al que descubrí con la canción ‘Mucho’ y Norma Tanega, una cantante folk de los sesenta que tuvo un pequeño hit con una canción titulada ‘Walkin’ My Cat Name Dog’ que es la misma idea de un verso que tengo en ‘Lo malo que nos pasa’ cuando digo lo de “Teníamos un gato que se llamaba pato”. Era el gato de Bigott, el músico de Zaragoza.

¿Hay miedo a que un algoritmo termine por tomar decisiones por todos y para todo, no sólo musicales?

Pues sí, es para tener miedo, la verdad. Justo acabo de ver el documental ‘El gran hackeo’ y es preocupante. Afortunadamente los hits son muy difíciles de predecir, aunque sí es verdad que las recomendaciones tienen impacto en el tipo de música que escucha la gente.

Sobre El Autor

Redacción Asturias

Periodista y melómana. Crecí con la música y no he parado nunca de aprender de nuevos sonidos y sensaciones. Amante también de las palabras, todo junto hace la canción perfecta.

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