La fiesta de bienvenida del macrofestival madrileño cumplió a las mil maravillas su función. Grandes conciertos de diferentes géneros musicales para abrir boca de lo que será, en los próximos tres días, el epicentro de la música en directo en nuestro país. Y por encima de todo, Rosalía.

Texto: Iñaki Molinos M

Fotos: Ana Beltrán

Mad Cool es un festival diferente, lo mires como lo mires. Y este año el festival madrileño nos tenía preparada una fiesta de inauguración con un aforo mucho más limitado al de los días habituales de conciertos y una oferta acorde con la tarde noche de un miércoles en pleno mes de julio.

Una declaración de intenciones y un nuevo escaparate que mostrar a cualquiera que se quisiera acercar al recinto de Valdebebas, a un precio más que asequible, y con un cartel imponente para empezar a asomar la patita de lo que será el fin de semana.

Y a parte de todo esto, Rosalía. Como siempre, la más esperada de las actuaciones del día, y con razón, después de verla encima del escenario.

La artista catalana conquistó una plaza como Madrid ante las 25.000 almas que se arremolinaron en torno al escenario principal para presenciar en directo el arte de la nueva diva del pop -de momento nacional…-. Un pop que cambia su forma de mirar a los ojos a la gente, música masiva desde una perspectiva diferenciadora a nivel artístico y musical, con su habitual fusión de flamenco y urbana, pero lo más sobrecogedor, a nivel ideológico.

Presenciar a todo un festival coreando odas al feminismo –“Malamente”, “A ningún hombre” o “Pienso en tu mirá”- remueve a cualquiera, y más aún si mientras tanto estás viendo un show coreográfico tan abrumador sobre las tablas.

Obviamente, no nos podemos olvidar que a la buena de Rosalía le gusta cantar de cuando en cuando a sus coetáneos/as, y tiene la varita mágica para crear éxitos mainstream basados principalmente en bases reggetoneras como es el caso de “Con altura” o “Aute Cuture”, o su reciente cameo con la rumba catalana –“Milionària”- que le sirvió para medir el grado de intensidad de una audiencia entregada desde el minuto uno.

Su presencia como frontwoman llenando el escenario de Mad Cool abasteciendo de amor a todo el personal, mimando y empoderando a sus compañeros/as de baile y cante, alzando a su mano derecha y colaborador habitual -El Guincho- sin perder un ápice de voz, baile, humildad y esa sonrisa eterna que enamora a cualquiera hacen de Rosalía una artista integral dentro de un concepto de directo todavía difícil de entender para ciertos sectores.

La tarde había arrancado con fuerza gracias al directo embriagador de los británicos Metronomy, que bajo un sol de justicia comenzaron a mover el festival a golpe del mejor pop electrónico de gourmet, aderezado con altas dosis de rock alternativo y melodías altamente bailables gracias a los órganos y sintes enloquecedores y fascinantes a partes iguales. Medios tiempos como “Everything goes my way” o ritmos psicóticos y seductores como el de su pelotazo “The look” sirvieron para completar un directo sonoramente impecable. Delicioso manjar.

La banda australiana The Cat Empire prosiguió la fiesta -nunca mejor dicho- con su mestizaje empapado de reggae y fusión, gracias a su multitudinaria banda de vientos y percusión y el lidederazgo genuino de su vocalista Felix Riebl hicieron bailar y saltar a una importante masa de fieles y a otros tantos despistados que anotaron las señas en sus agendas.

Cerrando la jornada del miércoles -al menos para un servidor- pudimos disfrutar del impecable directo Lykke Li. Ritmos hipnóticos de indie y dream pop que aliviaban a las fieras y hacían navegar al respetable hacía un remanso de paz, protagonizado por las canciones de su último disco So sad so sexy, intimista y fresco a partes iguales. Aunque si algo quedará para el recuerdo de la artista sueca a lo largo de carrera será su hímnico “I follow you” que retumbó en el recinto madrileño, en otro de los momentos más emocionantes de una fiesta de bienvenida que brilló con luz propia en la ciudad de Madrid.

 

 

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Dirección / Redacción Madrid

Iñaki Molinos M. La honestidad no es una virtud, es una obligación. @imolinosm

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