Asistimos a la tercera edición del Festival Río Babel, celebrado en IFEMA (Madrid) durante los días 4, 5 y 6 de julio. En esta edición, actuaron artistas de la talla de Bad Bunny o Fatboy Slim

Texto: Marta España

Fotos: Javier Portillo / Río Babel (Hara Amorós)

El gusto musical no se condiciona de manera individual, y tampoco en exclusiva atendiendo a unos patrones puramente formales. Digamos que, por regla general y de forma un tanto inconsciente, el oyente que rechaza el reggaetón no lo hace por no interioriza el dem bow, sino por lo que este simboliza en la sociedad actual. Nos agrupamos en torno a colectivos que comparten un gusto, y del mismo modo establecemos barreras con el resto, aunque sin elegirlo nosotros mismos.

En la tercera edición del Río Babel ha vuelto a caracterizarse por el sentimiento de unión y la generación de una identidad colectiva que trace un puente transatlántico entre España y América: reggaetón, pop, rumba, reggae o cumbia se unieron en un único fin de semana en el que se gritó “¡no!” a la jerarquía del sonido, que siempre proviene, por desgracia, de ciertos estigmas sociales. Aunque en pleno 2019 los ritmos urbanos latinos se hayan resemantizado y no sea raro que ocupen las primeras líneas de un festival, tres años antes el Río Babel ya apostaba por la programación inclusiva y paritaria: es de agradecer, del mismo modo, que un festival apueste por cabezas de cartel femeninas.

La jornada del jueves fue toda una declaración de intenciones con un Bad Bunny de cabeza de cartel que colapsó por completo el recinto: las colas eternas durante el prime time tuvieron la consecuencia de que más de la mitad de los asistentes a la velada tuvieran que escuchar “Calma”, de Pedro Capó, desde el exterior. Parecía palpable que el público quería ver al trapero boricuo como quien asiste a un concierto individual. El puertorriqueño, conociendo el fanatismo que despertaba, se dedicó a hacer un mash-up de su discografía para no dejarse ningún tema en el tintero, dentro del cual llegó a incluir las canciones de su nuevo disco Oasis, publicado hace menos de una semana. Tan solo algunas canciones como “Amorfoda” o “Callaita” pudieron escucharse de principio a fin, mientras que otras como “Soy peor” solo aguantaban hasta el primer estribillo.

La jornada del viernes tenía un tinte completamente distinto y, con nombres como los de Love of Lesbian o Dorian presidiendo la velada, el IFEMA parecía rendir homenaje a una época dorada en la que las barreras entre el indie y el pop parecían sólidas y reales. Sin embargo, y habiendo pasado los años, fuimos conscientes de que hay bandas que han conseguido trascender al boom independiente y cuyas canciones, hoy en día, son himnos generacionales: cumpliéndose 10 años de 1999 (Warner / Music Bus, 2009) sus canciones siguen teniendo la misma fuerza (¡y quien no bailó como Babi cuando Dorian tocó “Tormenta de Arena“!).

Dejando a un lado las leyendas del indie patrio, la sorpresa de la jornada vino dada por Los Espíritus, argentinos que se encuentran de gira por España. Su nueva psicodelia (con la que casi podrían ser identificados como unos Allah-Las latinos) hizo olvidar a todos los asistentes a la apertura el calor sucio del verano en la capital (que se intensificaba con el suelo de asfalto de la Feria de Madrid)

El plato fuerte del festival, no obstante, era el sábado, cuyo pistoletazo de salida fue de una potencia innata gracias a los argentinos El mató a un policía motorizado. Sus potentes guitarras y su meticuloso cuidado hacia la percusión contrastaron con la timidez y la intimidad de Santiago, que no dudó en brindar agua a los fans que hacían pogos hasta en los temas más lentos. Aun con unas melodías tan escabrosas que en directo pasan factura, los argentinos nos han demostrado que, con composiciones de tan solo dos acordes se puede llegar a ser una de las bandas más valientes e innovadoras en territorio hispanoparlante.

Foto: Hara Amorós (Rio Babel)

A medida que se iba poniendo el sol, el territorio era más propenso a la festividad. Los colombianos Bomba Estéreo agitaron todo el recinto a ritmo de electrocumbia, y mantuvieron prendido al público con la puesta en escena de Li Saumet, la cual también ha ganado soltura a nivel vocal desde la última vez que pasaron por España. Empastando a la perfección se sucedían los conciertos de Bomba Estéreo y Fuel Fandango, por fuerza y compartir proyecto de aunar sus respectivas raíces locales con los nuevos mundos de la electrónica. Los segundos agradecían inmensamente poder tocar en un escenario tan grande ante tantas personas, después de una trayectoria musical tan amplia y habiendo tocado tantas noches en Madrid.

Los tres días de festival se cerraban con la rave de Fatboy Slim. El DJ comenzaba con “Eat, Sleep, Rave, Repeat” y hasta las dos y media de la madrugada animó el festival a golpe de su big beat.

Foto: Hara Amorós (Rio Babel)

El festival Río Babel es un buen ejemplo de como romper las barreras musicales ayuda a romper las barreras sociales. Por muchos años más gozando de tan buena salud.

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