Lila Downs y La Misteriosa, su banda de siete músicos, están en plena gira por España presentando “Al chile”, el nuevo disco que nos trae bajo el brazo, con el que ha querido recuperar la tradición rural mexicana

La capacidad artística de Lila Downs no tiene límites, el calor con el que acoge su espectáculo navega entre el mestizaje de su banda y la pura esencia mexicana, para ella es un placer ser embajadora de la cultura que tanto ama.

La fusión de ritmos y estilos que abarca su música van desde el jazz, soul, cumbia, ranchera, bolero, hasta los temas más tradicionales mexicanos, que dan rienda suelta a un espectáculo muy sincero y plagado de emociones.

Con puntualidad rigurosa, comenzaba el concierto en un rebosante Teatro Rialto de Madrid. La oaxaqueña aparecía entre luces azules y rojas, con un vestido blanco, acompañado de una casaca bordada de múltiples colores que le caía del cuello y el pelo lleno de pequeñas trenzas, algo muy característico en ella, además de un micrófono adornado con flores.  Un ambiente que nos zambulló de lleno en su cultura. Lila es un torbellino en el escenario, su contundente presencia escénica hacía que no pudiéramos contener las ganas de bailar y transportarnos a México con cada tema.

Comenzó a desgranar su nuevo álbum Al chile (2019), con canciones como “La Campanera”, “Dos botellas de mezcal”, “Son del Chile Frito” o “Los caminos de la vida”.

Seguidamente turno para “Clandestino”, tema del cantante hispano-francés Manu Chao, el cual Lila interpretó con gran fuerza y sentimiento, trasladó esta canción a su país, haciendo referencia a los miles de ciudadanos que buscan una vida mejor en EE.UU. denunciando las condiciones a las que se ven destinados a enfrentar. Solo el tema “Dear Someone” de Nina Simone, el cual Lila interpreta en el disco con Norah Jones, rompió la atmósfera mexicana.

Tras este repertorio, momento para un duelo trepidante entre sus dos trompetistas, uno procedente de Washington, otro procedente de Texas ¡que viva el mestizaje!. La oaxaqueña, haciendo gala de maestra de ceremonias, otorgó protagonismo a estos músicos, quienes crearon una ceremonia instrumental de lo más sugerente y divertida.

Entre las interpretaciones de este nuevo álbum, la mexicana nos tenía preparada una sorpresa: “La llorona”, estandarte de su cultura, tema que interpretó de la mano de Rozalén. Mi corazón galopaba al instante ante tal paisaje sonoro. Resplandeciente magia.

Hubo tiempo también para homenajear al zapoteco, idioma indígena, el cual Lila ha heredado de su madre, al que dedicó una canción mostrando una gran sensibilidad y respeto a sus raíces.

Fue un despliegue absoluto de mezcla cultural de todas las tradiciones de México, que culminó en un largo bis, cuyo broche final fueron “Balas y chocolate” y “Cariñito”, tema con el que se despidió y que mantuvo al público en pie hasta el último momento.

Ver a Lila es una verdadera delicia, dejó  huella en el escenario y en nuestro corazón.

Sobre El Autor

Redacción Madrid

Me intereso, hablo (mucho), opino, investigo, planifico, escribo... en este desorden. La música es una de mis fuentes de alegría diaria, la siento y escribo sobre ella a mi manera.

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