La banda liderada por Florence Welch regaló un concierto perfectamente ejecutado a un público madrileño que abarrotó el Wizink Center.  En algo más de 90 minutos, la diva británica presentó su último trabajo “High as Hope” (Universal, 2018) y repasó el resto de éxitos de su carrera

Texto: Iñaki Molinos M

Fotos: Live Nation

Definitivamente, un concierto de Florence + The Machine no deja indiferente a ningún tipo de público. Ante un abarrotado Wizink Center, y con una cuidada y perfeccionista escenografía que viraba en torno a un apabullante y espacioso escenario, sin olvidarse de elementos móviles cerca del cielo del palacio, parte de la ecuación parecía resuelta.

No me atrevería a ponerle un pero de entrega, sonoridad, profesionalidad o conexión con el público, alcanzando un nivel de ejecución cuasi perfecto, compacto y sin fisuras, en un show conducido a la perfección por –y para- la dulce compositora londinense. Todo tan perfecto que ese echó de menos algo de magia, de naturalidad, algo que de verdad te levantara del asiento -no sólo para agitar las caderas-.

Tras un inicio fastuoso e intenso de la mano de temas como “June” o “Hunger” pertenecientes a su último trabajo “High as Hope” (2018), pudimos apreciar la entrega y destreza de una Florence que no dejaría de bailar, correr y saltar a lo largo y ancho del escenario mientras una maquina perfectamente engrasada e instrumentada ejecutaba a la perfección el acompañamiento a una interpretación y voz privilegiada.

El pop luminoso de temas como “Between two lungs” o “Queen of piece” comenzaron a agitar a un público entregado de principio a fin, gracias a las potentes bases de percusión alternadas con medios tempos, estructura básica de muchas de las canciones de la noche, que navegaban a la perfección entre lo íntimo –y personal- y lo colectivo –y festivo-.

Momentos emotivos, tanto musicales como visuales a nivel público con cortes como “South London Forever” o “Patricia” dedicada a su querida Patti Smith, donde una tentadora y misteriosa armonía empuja el vozarrón de Florence, en uno de esos ramalazos soul tan bien trabajados por la banda.

Con una buena elección de setlist que hizo bastante dinámico el concierto, llegamos a una parte central del mismo con un gran combo protagonizado por la archiconocida “Dog days are over” telegrafiada para convertirse en el momento álgido del concierto –lo que sorprende llegando al ecuador- y que contó con la complicidad especial del público, la segunda bala corrió a cargo de “Ship to wreck” y su maravillosa melodía pop agitadora, gracias a la cual termino de conquistar definitivamente al público madrileño, y la intensa y tentadora “Moderation” –con apenas dos meses de vida- cerraron uno de los momentos de mayor fuerza de la noche.

Y entre piruetas, baladones, despliegue técnico y sonoro nos acercamos, casi sin darnos cuenta, al final del concierto. En la recta final sonaron canciones como “Cosmic love”, “100 years”, o “Delilah”, antes de darse un merecido baño de masas corriendo, alzándose y cantando entre el público “What kind of man”, en su pieza más rock-pop.

El cuento de hadas se cerró definitivamente con el multitudinario e hímnico “Shake it out”, coreado hasta la extenuación por las más de 12.000 personas que copaban el recinto madrileño, mientras volaba el confeti, las velas –a modo de barco- sobre lo alto del escenario y The machine remataban la faena desde su lugar en el escenario.

Un regalo, con un perfecto envoltorio, un precioso lazo y un maravilloso contenido, de los puedes colocar a modo de trofeo impoluto en una vitrina, y posiblemente no vuelvas a tocar en años. El show perfecto, quizás demasiado.

Sobre El Autor

Redacción Madrid

Iñaki Molinos M. Buscando el camino. La honestidad no es una virtud, es una obligación. @imolinosm

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