El pasado 28 de marzo, Guille y compañía aterrizaron su nave en la sala Ochoymedio para presentar su nuevo álbum La Gran Esfera causando un impacto gravitacional digno de ser recordado

Texto: Isabela Vivo

Fotos: Javier Portillo

Impertubabilidad, serenidad, así es como define la RAE al término ‘ataraxia’, nombre de una de las canciones de La Casa Azul y sensación que se instala en el cuerpo en uno de sus conciertos.

El título de su álbum ‘La Gran Esfera’ cobró todo el sentido cuando se abrió el telón y los vimos aterrizar de su particular planeta para, con un todo un espectáculo no solo sonoro sino también audiovisual, hacerme saber con ‘El Momento’, que las flores sí que van a florecer.

Es la primera vez que veo en directo a sus características (y discretas) gafas oscuras, cascos y pantalones intergalácticos y pese a lo llamativo del look, lo que consiguió mantenerme embelesada fue la calidad sonora unida a la producción audiovisual. Hacer sonar y visualizar una historia.

Casi sin cortes entre canción y canción, en el equinoccio del concierto se dio una conversación a solas entre Guille y su piano donde el romanticismo y la pasión musical saltaron a escena.

Un público entregado, con ganas de pasarlo bien y libre de cualquier prejuicio vivió su momento más jubiloso con ‘Revolución sexual’ y ‘Nunca nadie pudo volar’ pero la versión intimista de ‘Como un Fan’ causó una regresión temporal acompañada de alguna lagrima.

Dicen que hay seres de otras partes del universo que vienen a visitarnos y a darnos un poco de sabiduría, creo que el pasado jueves tuve mi primer contacto con ellos. Por supuesto que podría haber sido peor, pero lo cierto es que fue todo un placer.

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Dirección / Redacción Madrid

Iñaki Molinos M. La honestidad no es una virtud, es una obligación. @imolinosm

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