Entrevistamos a Marti Perarnau IV, de Mucho, para hablar acerca de “¿Hay alguien en casa?” (Autoeditado, 2019), su cuarto trabajo, publicado el pasado 25 de enero.

Texto: Marta España

Fotografías: Emilia Picazo

Martí Perarnau se compró una máquina de escribir y comenzó a plasmar sus pensamientos como si de un escritor automático se tratara. El resultado ha sido un disco que lleva gestándose dos años y medio, en el cual, sobre una amalgama de pensamientos acerca de la soledad, la amistad o la crítica hacia el individualismo postmoderno, una sesión de disc jokey es capaz de entremezclar todos los temas en una única pista. Así, la contracultura rave se hace eco a través de una narrativa rebelde o, cuanto menos, anómala.

Ha pasado aproximadamente una semana desde que se publicó tu disco. ¿Cómo has visto la recepción? A mí, personalmente, me parece una escucha difícil.

Yo tengo la misma sensación que tú. Sé que es un disco que no está hecho para escucharlo fácil, me recuerda a los discos que escuchaba yo de joven y tenía que trabajarlos un poco más. Sorprendentemente, la gente ha flipado, aunque tampoco están los tiempos para fiarme de Twitter. Me ha escrito muchísima gente, pero lo que más alegría me ha dado ha sido que me escriban muchos músicos. A todos mis amigos les ha gustado mucho, pero más allá de mis amigos también, como Leiva, por ejemplo.

Es gente del gremio y saben de lo que va la vaina.

De todos modos, no quiero fiarme de nada hasta que no lleguen los conciertos.

¿Cómo os habéis planteado los conciertos? Siendo un disco grabado en una sola pista y con tanta influencia de las raves, me cuesta imaginármelo.

La verdad es que el vivo será como una sesión de DJ. Estaré yo a las máquinas, Xavi Molero a la batería y Emilio Saiz a la guitarra. Queremos que sea muy libre, una noche puede ser un fiestón rave y a la siguiente muy ambient. Todo va a ser muy improvisado y muy libre, creo que va a ser un descojone de ver, pero sobre todo quiero que si nos ves en Murcia no sea lo mismo que si nos ves en Bilbao. La idea es que la gente venga a disfrutar de la música, y no haya momentos para aplaudir o pedir bises.

¿Crees que existen prejuicios con respecto a la escena del DJ? ¿Tú los tenías?

Sí los hay, porque yo sí que los tenía. Yo era un adolescente gilipollas que pensaba que los DJs no eran artistas, o eran seres inferiores porque ponían música de otros en lugar de tocar ellos. Ahora he cambiado, y los respeto más que a algunos músicos. Los buenos DJs están haciendo avanzar la música y eso no sucede en otros géneros, también a nivel ideológico: en el techno en concreto hay una corriente feminista muy cañón, lo cual no creo que esté pasando en el pop o en el rock. Hay un colectivo de mujeres de la música electrónica en Nueva York que se llama This Woman que montan raves por todo el mundo y lo petan. Hay mucha crítica hacia todo tipo de actitudes machistas que están metiendo en problemas a DJs que han tenido declaraciones incómodas, así que creo que no solo tienen una mirada avanzada a nivel musical, sino también social. Ojalá ocurriera en otros géneros.

Y a nivel musical, las personas no se dan cuenta realmente de lo difícil que es utilizar ese tipo de programas, como Ableton.

Yo soy un poco friki, y tengo Ableton desde hace muchos años, aunque no sabía muy bien como funcionaba. Puedes utilizarlo como si fuese un grabador de cinta, como Pro Tools o Cubase, tal y como hice en el disco anterior. Sin embargo, ahora creo que he aprendido a utilizarlo a mi manera, y a considerar que es un instrumento verdadero. Eso me ha costado mucho, dos años y medio, el tiempo que he estado haciendo este disco. Cada vez que descubría algo me engorilaba más, la excitación se me hizo bola y he sido muy feliz aprendiendo todo esto. De todos modos, Ableton es tan amplio que creo que el verdadero descubrimiento es tu manera personal de expresarte con él.

Encontrar tu propio sonido.

Sí, es un instrumento tan amplio que da un poco de miedo. A mí me ha servido mucho ponerme ciertas limitaciones dentro del programa.

¿Actualmente te sientes más cómodo en el portátil que en otro instrumento?

Sí. Ahora me he creado una pequeña oficina con mis sintes y mi ordenador y con eso yo estoy en la gloria, muchísimo más que con la guitarra, que ya apenas la toco. Digamos que el sintetizador es mi sitio natural porque es lo que manejo. Es una continuación de mi cuerpo a la que ahora he añadido también el portátil.

Lo que más me gusta es poder hacer música en cualquier sitio. Lo llevo siempre encima.

En tu disco hablas mucho de la infancia o la nostalgia. ¿Echas de menos sentir la música como cuando eras niño? ¿Sufres de deformación profesional?

Yo no diría deformación profesional, sigo disfrutando mucho de la música. Tengo mucha suerte ahora porque estoy tocando en giras que me gustan, pero también veo que la gente sabe que disfruto mucho. Sin embargo, la sensación que tenía de pequeño cuando me ponía un disco en casa y flipaba la he perdido un poco. He intentado buscarla haciendo el disco, descubriendo otras músicas y otros artistas. Me acuerdo de que antes tenía la necesidad física de ponerme los cascos o de irme a hacer música a casa y grabando el álbum me ha vuelto a suceder. Para ser un profesional de esto, no he perdido el amor, y creo que no lo voy a perder.

Últimamente, cuando he charlado con compañeros del sector, parece que solo vayan a conciertos a escuchar los fallos, o a no sentir.

Es muy fácil caer ahí, pero es tu puta responsabilidad no caer ahí. Si tienes ese tipo de desconexión con la música, hay un problema. A mí eso no me pasa, aunque si no me gusta el concierto puedo ser un hijo de puta, ya que soy capaz de ver todo lo malo. Sin embargo, si me gusta, me da igual todo: si está desafinado, si suena mal, etc.

El sello que hemos creado se llama Kartoffel Kollektiv porque la pequeña familia de amigos que tengo se guía mucho por la emoción y algo menos por el acto cerebral. Muchas veces nos dejamos tanto llevar que se nos olvida la parte racional de la interpretación.

“Busqué la música pero me destrocé las rodillas de tanto doblegarme al entretenimiento”. ¿Qué quieres decir con esto?

Muchas veces creo que se pierde el arte por la ambición. Da la sensación de que hay grupos que hacen música para tocar en festivales, pero cuando hablo con ellos no son capaces de decirme su disco favorito. En el fondo, lo que quiero decir es que el arte es lo primero, y después va el business. En esa canción, como en todo el disco, está la sensación constante de derrota y de intentar no confundirla con fracaso. Puede no venir a verme nadie a los conciertos, que a mí me salva la vida el mero hecho de hacer música. En los tiempos que corren parece que nos olvidamos de hacer canciones. Al final con esa frase me cago en la mediocridad artística en favor del público.

Parece que estás bastante descontento con la industria musical o con el panorama.

Con el panorama no, porque creo que hay muy buenos artistas en este país. Creo que estamos en un momento muy dulce, pero odio como funciona el negocio. Tengo la sensación de que ni siquiera se le puede llamar a esto profesión, puesto que no hay dinero: es una precariedad extrema. Es imposible vivir de la música, o solo pueden vivir cuatro, y tampoco mola decir eso en las entrevistas porque entonces estás quedando mal.

¿Os sentís censurados los músicos cuando hacéis entrevistas?

Yo no, pero veo que la gente sí. A mí siempre me ha ido mejor cuando he dicho la verdad (o mi verdad). Alguna vez ha venido mi mánager a decirme que no podía decir algo y me he quedado flipado, aunque ahora por suerte tengo un mánager que me dice lo contrario, así que estoy muy contento. Sí que hay censura por parte de las oficinas, por eso hay grupos que están acojonados y hacen canciones sin decir nada. El capital funciona así.

El otro día estuve leyendo que la censura y las limitaciones eran el caldo de cultivo de un artista.

Las limitaciones sí, pero no la censura. La censura es lo que había en la dictadura, y lo que sigue habiendo ahora en cierta manera. Otra cosa es ponerse límites, que son increíbles para la creatividad. Ahora, por ejemplo, hay una corriente minimal dentro del mainstream, con la filosofía de “solo puedes utilizar diez pistas”, y si consigues hacer un temazo solo con eso fomentas una creatividad muy guay.

Quizás con tantas limitaciones como las que tiene el sistema musical occidental a día de hoy se esté acabando también la creatividad, y por eso todo suena a una copia de todo.

Yo he tenido esa sensación desde que compongo. Terminaba una canción y me sonaba a una de Bruce Springsteen, The Beatles, etc. Está todo inventado, eso no quita que no queden cosas por decir, porque cada uno tiene su personalidad y esa es única. Aparte, desde hace ya muchos años existe el sampleo, o la música electrónica que son un soplo de aire fresco. A mí me recuerda a cuando llegó la fotografía y los pintores pensaron que era el fin de su trabajo, pero no. Eso abrió el camino, porque los pintores ya no tenían que reflejar la realidad y podían caminar por el aire. Supongo que con la música pasa lo mismo.

En tu nuevo disco casi podría decirse que has utilizado la escritura automática. Ahora que ya has hecho varias entrevistas, ¿estás descubriendo matices que no sabías que tenía antes de haber sido publicado?

Me está flipando hacer entrevistas por eso. Hay muchas cosas que están en el disco de las que no me había percatado. Claro, que yo tampoco odio la promo, y me parece guay ir a un sitio y hablar contigo de mi disco. Eso es una puta maravilla, si te da pereza apaga y vámonos. He podido ir descifrando de que va verdaderamente el disco a raíz de expresarlo. Los pensamientos que tienes no acaban de cobrar vida hasta que los sueltas, y es entonces cuando tomas perspectiva.

¿Consideras que es un disco político?

Es un disco que principalmente habla sobre la amistad, pero creo que la política esta en todo. Cada acto que haces es político. Siempre me enfadé con los Manic Street Preachers cuando decían que hacían música política, porque creo que también hay política en las canciones de The Beatles. O sea, si tú no saludas a tu vecino por las mañanas ya estás haciendo un acto político, o al menos así lo veo yo. Así que, sí, sin duda es un disco político.

Sobre El Autor

Redacción Madrid

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