Asistimos al segundo concierto de Morgan el pasado domingo, 27 de enero en el Teatro Circo Price, dentro de la V edición de Inverfest.

Texto: Marta España

Fotografía: Javier Portillo

Las voces rotas están de moda: voces que son como el cristal de una vidriera, en apariencia frágiles, pero lo suficientemente fuertes como para soportar el peso del resto de la catedral. También Messiaen adoptó la misma metáfora para reflejar determinado tipo de acordes y, en general, la correlación existente entre la arquitectura y la música ha estado presente desde que se tiene conciencia de estas: si hubiésemos de emplear tal recurso con Morgan, sin duda alguna serían muy similares a la luz que se filtra a través de una cristalera.

Aunque ciertos timbres vocales tengan ahora mayor visibilidad, no eximimos a la banda de ser los únicos culpables de llenar durante dos noches (aunque no consecutivas) el Teatro Circo Price de Madrid. En la quinta edición del Inverfest, los oriundos de Las Rozas han tenido el privilegio de actuar tanto el sábado 19 de enero como el domingo 27. Para esta segunda ronda, la escenografía era exactamente la misma, así como el formato “porque seguimos siendo los mismos, aunque esto no lo vamos a olvidar nunca” afirmaba Nina en torno al ecuador del espectáculo.

Tomando como hilo conductor aquellas metáforas del comienzo, un silencio arquitectónico, como así se conoce en su campo de estudio, tiene lugar cuando la obra se inserta en el paisaje con tal madurez que pasa completamente desapercibida como artificio y parece formar parte del elemento primario y natural. Existe un tópico dentro de los consumidores de música popular por el cual se asocia a Morgan como un grupo nostálgico, jazzístico y, por consiguiente, de teatro, por lo que quedarían perfectamente incluidos en el paisaje del Price. Con respecto al primer adjetivo, la catarsis en los conciertos de la banda es palpable: especialmente con los temas en español, el público, respetuoso, los vive de forma individualista, “si el de vuestro lado desafina, le dejáis en paz, que la canción está perfectamente grabada en YouTube y allí la podéis escuchar siempre que queráis”, comenta Nina antes de tocar Volver.

Con respecto al componente jazz, los intérpretes de la banda dotan cada tema de un matiz pseudo-improvisado que se acentúa, sobre todo, en aquellas canciones con un tinte más soul. Este factor se incrementa, fundamentalmente, con la aparición de las Golden Girls y de la sección de vientos. que adornaron canciones como Home o Praying.

Sin embargo, respecto al cliché teatral tenemos ciertas dudas. Es cierto que Morgan, ya sea por su estilo más refinado, limpio o mas cercano a los géneros musicales académicos, posee un público respetuoso y, en caso del pasado domingo, repleto de niños. Sin embargo, y siendo conscientes del honor que significaba para el quinteto actuar dos noches en el Circo Price, la actuación en teatro de una formación proclive a ello suele asociarse a la atonía, lo tedioso o la melancolía, y nada más lejos de la realidad. Poco antes de anunciar los bises del concierto, Nina saltó a mitad del escenario para versionar Somebody To Love, “todos nos lo pasamos muy bien tocándola, es muy divertida” afirma con la humilde elocuencia de la que cree adolecer y, efectivamente, pareciera que gran parte del concierto lo estuviesen disfrutando como quien juega dentro del local de ensayo. El mismo recreo en Antoher Road y, tras esto, un Marry You sin amplificar, ponían fin al concierto.

En varias ocasiones nos comentó Nina que no sabían cómo había llegado, o por qué se tenía que ir, pero que estaban inmensamente agradecidos a todo lo que había venido. Supongo que en el momento en el que levantas a todo el mundo de su asiento durante una actuación, es que lo estás haciendo bien.

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Redacción Madrid

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