La banda madrileña homenajeó su primer disco, “Un día en el mundo” (2008), con el que comenzaron a labrar un recorrido que les ha llevado a convertirse en la mejor banda nacional de los últimos diez años

Crónica: Iñaki Molinos M (@imolinosm)

Seguramente la siguiente no será una crónica al uso, al igual que el concierto de anoche no sé ajustó en absoluto a los cánones establecidos para una actuación habitual de Vetusta Morla.

Y es que la noche del 30 de diciembre de 2018 quedará marcada como como un nuevo hito en la carrera de la banda de Tres Cantos. Un homenaje a su fantástica opera prima “Un día en el mundo” (2008, Pequeño Salto Mortal) en su décimo aniversario, y al vigésimo desde la primera vez que se subieron a un escenario. Una fiesta entre amigos –unos 15.000 aproximadamente-, una celebración, y una demostración de profesionalidad, humildad y compromiso de la mejor banda nacional de la última década.

Sustentando el espectáculo desde lo emotivo, los testimonios de la época de los miembros de la banda, su equipo, periodistas, etc. proyectadas en las pantallas gigantes del Palacio de Deportes de la capital madrileña, sirvieron de hilo conductor para dirigir un concierto basado exclusivamente en el repertorio del citado elepé, canciones que le precedieron y que fueron gestadas durante la gira de su primer trabajo.

Tras una emotiva y despampanante puesta en escena –con los seis vetustos apareciendo desde la zona de camerinos retransmitido por las pantallas gigantes- comenzaron a sonar temas de su reportorio guardados desde hace tiempo, debido a la aparición de nuevo y fascinante material de sus últimos tres discos. “Autocrítica”, “Rey Sol” o “Pequeño desastre animal” precedieron a cortes desconocidos para muchos, pertenecientes a antiguos EP´s o incluso sin editar como es el caso de “Mi habitación favorita” o “Vida no hay mucha”.

Le siguieron maravillosos medios tempos como “La marea”, con importantes guiños a su último trabajo en una de esas fases de psicodelia que encabeza a la perfección Pucho a la voz, “Al respirar”, la placentera congoja de “Boca en la tierra” y el éxtasis apoteósico de todo el Wizink Center coreando “La cuadratura del círculo”.

Así, llegamos a la parte central del concierto, con una nueva demostración de genialidad y emotividad, un nuevo giro de tuerca. Y es que por todos es conocido la variedad de registros sonoros manejada por Vetusta Morla, siendo el acústico uno de los más íntimos y deliciosos; set e iluminación adhoc para presentar un trío maravilloso de canciones, invitados incluidos.

Esa pequeña e imperecedera joya llamada “Los buenos” fue la primera en sonar, para placer de muchos –entre los que me incluyo-, seguida de “Maldita dulzura” en compañía de Jairo Zavala (Depedro). Pero para sorpresa, y tras subir al escenario a gran parte de su equipo –discográfica, oficina, management, etc- en un nuevo ejercicio de honestidad, apareció en escena el bueno de Xoel López para interpretar en conjunto “El amor valiente”. Emocionante y auténtico.

Acercándonos al final se descorcho el champagne de los himnos, gracias a canciones que quedarán por siempre para el recuerdo, como “Copenhague” –pelos como escarpias-, “Sálvese quién pueda” o “Valiente” para cerrar el show antes de los bises.

La intimista “Iglús sin primavera” de su EP “Mira” (2005, Autoeditado), en un mano a mano entre Guille y Pucho sirvió para llegar al cierre definitivo gracias al quebranto de “Año nuevo”, la enérgica y representativa “Un día en el mundo” y el regalo recíproco entre banda y público en que se ha convertido “Saharabbey Road”. Ese “lolololololololoalalalalalalalala” como auténtico grito de guerra que quedará para la posteridad de la preciosa historia que tiene como protagonista a Vetusta Morla.

Estoy seguro que no fue el mejor concierto que he presenciado de los madrileños, algo obvio teniendo en cuenta que faltaron tres de sus magníficos cuatro discos en el repertorio, pero esta vez no se trataba de eso. La noche de ayer sirvió para homenajear el hito, el punto de partido, el comienzo, la punta del iceberg, de algo mucho más grande, que ha arrasado con todos los cánones y estereotipos de la música popular moderna.

Vetusta Morla es mucho más que el mejor grupo de la última década en nuestro país, es el paradigma del éxito a través de la independencia –por mucho que les pese a algunos/as-, es espejo de una época y el reflejo de un bellísimo futuro.

 

 

 

 

Sobre El Autor

Redacción Madrid

Iñaki Molinos M. Buscando el camino. La honestidad no es una virtud, es una obligación. @imolinosm

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