La Stanich Band, encabezada por el músico cántabro, nos regaló un sobresaliente concierto en la sala La Riviera de Madrid, donde presentaba por primera vez en este formato su último LP “Antigua y Barbuda” (2017) y su reciente EP “Máquina” (2018)

Crónica: Iñaki Molinos M (@imolinosm)

Fotos: Javier Portillo (@digital_shoot)

Dos pájaros de un tiro. El ermitaño favorito del rock español pisaba, por fin, Madrid en su extensa gira de salas para presentarnos de una tacada sus dos últimos trabajos. Y es que Stanich es el chico especial de la clase para muchas cosas, y esta no iba a ser una excepción, defendiendo con aplomo sobre el escenario un material que lo ha consolidado dentro de la escena musical de nuestro país.

Si sus primeros trabajos lo situaron en el mapa, con “Antigua y Barbuda” su figura se ha asentado y reforzado, gracias principalmente a ese punto (puntazo) de distinción respecto al resto de compositores de su género y generación. Su inverosímil tono de voz produce una fisura entre los que están con o contra él, y sus fantásticas letras, repletas de acidez, sarcasmo, ficción y altas dosis de realidad hacen de su obra una de las más lúcidas de la nueva canción de autor rock.

Y si a todo esto le sumamos un directo exquisito, sustentado en un sonido impoluto y una potente y engrasada banda de rock and roll, el resultado es el que pudimos apreciar el pasado jueves en la madrileña sala La Riviera.

Angel Stanich La Riviera

Con una sala prácticamente repleta –que se fue llenando perezosamente- arrancaba el concierto con la sintonía principal de “Twin Peaks” acompañando a la salida de la banda, como es habitual, y con la suavidad y puesta a punto de uno de sus nuevos temas. “Golpe en la pequeña China”, de su nuevo EP “Maquina”, funcionó a la perfección, a modo de intro, para continuar con el pop hímnico de “Escupe fuego”, coreada por un público que mostró su entusiasmo y entrega de inicio a fin.

El rock fronterizo de “Mezcalito” dio el relevo, siguiendo con temas confesionales como “Mañana”, o el fascinante relato “Galicia Calidade”, con cambio de ritmo y cierre apoteósico incluido.  A estas alturas de bolo, ya era destacable la limpieza y sobriedad acústica de la banda, que bordó su actuación una vez más durante esta gira.

Era el turno de su último single, “Qué será de mí”. Una nueva historia para analizar con detenimiento, y que no careció de inmadurez, encajando correctamente en el repertorio habitual de Stanich. El maravilloso “Camino ácido” seguía completando un setlist de elegantes medios tempos –característicos en su obra- antes de intercalar potentes hits de cadencia como “Le Tour ´95”.

Guardaba la munición de gran calibre en la trastienda el bueno de Stanich, mientras iba obsequiándonos con joyas como “Salvad a las ballenas”, en su faceta más frontman e incendiaria –censura incluida-, o la sorpresa de la noche, en forma de versión de “7 de septiembre” de Mecano. Desconcierto respetable a la altura de muy pocos… y así llegábamos a la recta final del show.

El ritmo tropical de “Hula Hula” invadió La Riviera. Para la ocasión, contó con la compañía de Iván Ferreiro, y aunque la colaboración no será recordada para la historia –únicos y dramáticos problemas de sonido en el micro de Ferreiro-, la cruda dialéctica artista-periodista fue bailada y coreada al unísono por toda la sala.

Angel Stanich La Riviera

“Señor Tosco” era la elegida para echar el cierre. Una de las mejores representantes del estilo Stanich. Encarnación de crítica social desde el sarcasmo, el chascarrillo y las risotadas entre colegas, pero real como la vida misma.

De manera ineludible, como era de esperar, nos encontrábamos con los bises y los tanques a punto de salir. Arsenal de éxitos, colección de masterpieces, talento desbordado o canela en rama, como prefieran.

Jam sesión y el rock lisérgico de “Un día épico”, mano a mano con Abraham Boba, para alcanzar las mayores cotas de exaltación de la noche, la maravillosa sensibilidad macarra y chulesca de “El Outsider”, para desembocar irremediablemente en la guinda del pastel. “Carbura!” es, sin duda, el himno por antonomasia de Stanich, y así lo demuestra en cada concierto, ofreciéndole un lugar privilegiado en su repertorio y compartiéndola –a veces, en exceso- con un público que le adora.

Tras el vacío sólo quedaba el delirio y la celebración. Rock and Roll de la mano de “Metralleta Joe”, mimetismo y personajes de cabecera en otro clásico contemporáneo del cántabro, y el oscuro decálogo de Cómo quitarse de en medio” de “Mátame camión” –con baño de masas incluido- sirvieron para echar el cierre definitivo a la actuación.

Descaro y atrevimiento al servicio del talento. El séquito del hombre tímido sigue creciendo merecidamente, costumbrismo incendiario para toda la familia.

Angel Stanich La Riviera

Sobre El Autor

Redacción Madrid

Iñaki Molinos M. Buscando el camino. La honestidad no es una virtud, es una obligación. @imolinosm

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