El compositor asturiano deleitó a los presentes con su habitual espectáculo, en el que entremezcla con maestría la potencia sonora de sus canciones con la omnipresente narrativa y su avasalladora voz sobre el escenario.

Crónica: Iñaki Molinos M (@imolinosm)

Fotos: Son Estrella Galicia

Que Pablo Und Destruktion es un personaje peculiar lo sabemos todos los que le seguimos desde hace tiempo. Sin embargo, sus singularidades navegan, en la mayoría de los casos, sobre dimensiones en las que pocos o ningún artista suelen hacerlo. 

Y es que su estilo es diferencial, tanto a nivel melódico e instrumental, como a nivel artístico o de puesta en escena. Sarcasmo, oscuridad o humor negro se difuminan entre la honestidad, autenticidad y chascarrillos costumbristas de un artista que “nunca estuvo de moda”.

Bañado en la oscuridad de la noche, y tras un breve ‘Preludio corintio’, arrancaba el concierto de la mano de “Puro y ligero” de su último disco Predación” (Sonido Muchacho, 2017). Distorsión de guitarras y vendaval en forma de batería que serían la base de gran parte de las canciones a lo largo de la noche, y un estribillo crudo y directo. Por encima de este vaivén armónico que acompaña a cada una de las composiciones de Pablo siempre destaca su genuina y tremebunda voz, tremendo continente para un contenido que tampoco se queda atrás.

Tras este intenso inicio, era turno de volver a la calma gracias a algunas de las “tonadillas de amor”, como es el caso de “Mis animales”, con una exquisita guitarra de acompañamiento o “Extranjera”, cargada de solemnidad y psicodelia desde su inicio en forma de jota hasta su desenlace más duro en clave de folk. Después de este primer acto introductorio, era obvio que nos encontrábamos ante un enfoque alternativo de contar y cantar las cosas en directo.

Habiendo dejado clara su postura en cuanto a factores superfluos dentro de la industria, como el marketing y la publicidad, y lanzado la palabra de ‘Pablo’ desde su tarima y con el traje nuevo de los domingos, era complicado que la noche se torticera para el artista gijonés. Y es que inevitablemente, el discurso ofrecido entre canción y canción se establece como hilo conductor definitivo del show, proporcionando una coherencia y estructura que se difumina constantemente. Fascinante.


La destacada versión de “A la mar fui por naranjas”, hecha propia desde la primera vez que la interpretó –aunque nadie estuviera allí- y “Powder”, poder basada en una suave y pegadiza melodía que se convierte en una montaña rusa que te atormenta el alma antes de finalizar con el corte con un sentido a la par que siniestro silbido que recorrió cada recoveco del madrileño Teatro Lara.

Encarábamos así la segunda parte de un concierto ciertamente fluido y valorado por un público más que respetuoso, cuyo silencio dotaba a las canciones, más si cabe, de un aura de misticismo y solemnidad.

La cosa empezó a ponerse dura con cortes como “Conquistarías Europa”, donde aflora esa esperanza maravillosa hacia el amor acompañada por una armonía arrolladora que fluctúa constantemente entre el cero y el cien, “Los días nos tragarán”, con la habitual oscuridad que impregna su obra pero con una melodía central más esclarecedora, o el momento álgido interpretativamente hablando, en el que se convierte ‘Busero español’, con un Pablo cantando desde el patio de butacas y un bajado desgarrador inicial que hizo la delicia de los asistentes.   


La fase más cruda del show, musical y líricamente hablando, seguía in crescendo con temas como “La paz de los justos” abrazando la liturgia y hard rock con terroríficos y fabulosos riffs de guitarra o “El enemigo está dentro” donde la narración del tema te adentra en los pasajes más innatos del autor, antes de dar paso a baladas más cercanas al folk –entendido a su modo- como “Déjame arder”, donde la pulsión controlada da lugar a uno de sus mejores temas.

Finalmente, se despidió, no sin antes avisar, con el momento más íntimo del show. Electroacústica en mano y totalmente en solitario para ver aflorar su arista de cantautor “clásico” en “Dulce amor”.

Después de un brevísimo descanso, y ante la sorpresa del respetable, el bueno de Pablo, cerveza en mano, bajaba al patio de butacas cediendo el testigo y protagonismo a su camarada Alberto Acinas. Tradición y modernidad en un ejercicio desgarbado de rock de guitarras que arrancó el aplauso sincero del público.

Así, llegamos al final del show con uno de sus temas más aclamados, quizás el único momento en el que el asturiano puede entrar en una cierta estructura canónica. La maravillosa “Pupilas dilatadas de ira” cerraba –quizás por casualidad-, un recital soberbio y lúcido, donde lo ceremonioso e ideológico se mezcla con lo musical y teatral, sin robar un ápice de naturalidad y veracidad aun tipo desigual y necesario en la escena musical española.

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Pablo Und Destruktion. Liturgia, folclore y rock and roll en el Teatro Lara de Madrid, 10.0 out of 10 based on 3 ratings

Sobre El Autor

Redacción Madrid

Iñaki Molinos M. Buscando el camino. La honestidad no es una virtud, es una obligación. @imolinosm

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