El festival alcarreño congregó, un año más, uno de los mejores carteles -a nivel nacional- del extenso mapa repartido por todo el país. Con una gran organización y buen ambiente, aún debe pulir ciertos detalles para alcanzar la máxima categoría de los festivales españoles.

Crónica: Iñaki Molinos M (@imolinosm)

Fotos: Marta España (@reindeershorny)

La primera de las novedades de esta edición se producía con la distribución del cartel en tres días, en lugar de dos, medida que acertada o no, dejaba claras las cartas desde el principio. Ubicándose a los artistas más demandados en las jornadas del viernes y sábado, aunque reservándose algunos detalles interesantes para la tarde noche del jueves.

Como aperitivo de las dos jornadas grandes – en cuanto a nombres se refiere-, en el primero de los días del Festival Gigante pudimos disfrutar de la magia de El Kanka y toda su banda, gracias a un directo íntimo y cuidado en formato acústico durante toda la actuación, presentando varios de los temas de su último trabajo El arte de saltar (2018), entremezclados con algunos ya clásicos como ‘Andalucía’, aclamada y coreada por el público asistente.

El jueves también fue el día del reencuentro de Despistaos con sus paisanos/as. La banda, que logró sus mayores éxitos en la primera década del presente siglo, ofreció un concierto lleno de emotivos momentos –más que puramente musicales-, donde repasaron sus éxitos de siempre y visitaron temas más recientes, tras su vuelta en 2016, incluso presentando uno de los cortes de su nuevo EP, publicado este mismo fin de semana.

La jornada del viernes la comenzábamos con Viva Suecia. La banda murciana padeció de un pobre sonido durante la primera parte de su actuación que fue mejorando a lo largo del mismo. Independientemente de la optimización de sonido de cada uno de los escenarios, la escasa potencia fue una tónica a lo largo del festival, teniendo que aproximarte sobre manera a cada uno de ellos para poder escuchar los conciertos en condiciones.

Con su arsenal habitual en forma de repertorio y una intensidad y entrega dignas que destacar, sonaron de inicio temas como ‘Piedad’, ‘Los años’ o la abrumadora ‘A dónde ir’. A pesar de llevar girando casi dos años con su segundo disco, Viva Suecia ha ido perfeccionando y puliendo sus actuaciones, gracias también a nuevos cortes como ‘Amar el conflicto’ o ‘Casi todo’, que le dan un nuevo aire y presencia a sus directos.

Cierre habitual, pero no por ello menos demoledor, gracias a ‘Bien por ti’ y el alboroto del respetable y la dureza musical y lírica de ‘Hemos ganado tiempo’, maravillosa pieza.

Turno para Dorian y la presentación de su último trabajo Justicia universal (2018). Con su habitual presencia sobre el escenario y el entusiasmo de una banda que acabara de empezar en esto, los barceloneses arrancaban su show con ‘La isla’ y ‘Algunos amigos’ para sumergirse en ‘El temblor’ y retomar su nuevo trabajo con la homónima ‘Justicia universal’, ‘Duele’ o ‘Noches blancas’. Con horarios más amplios que los habituales, la mayoría de las bandas pudieron mostrar sus nuevos trabajos, evitando la estandarización pura de los festivales. Aunque en algún caso perdieran intensidad por el camino….

Un sonido perfecto acompañó al bolo de principio a fin –aunque siempre con escaso volumen-, que se cerró con una consecución arrasadora de temas como ‘Paraísos artificiales’, el combo de ‘A cualquier otra parte’ y ‘La tormenta de arena’ que hizo vibrar y bailar a todo el festival, y la intimista y desgarradora ‘Los amigos que perdí’ para cerrar definitivamente el concierto.

Llegaba el momento, del que fue el mejor concierto del viernes –bajo mi humilde opinión-. Aunque seguramente les hayas disfrutado en otros dos o tres festivales más a lo largo del verano, La M.O.D.A. siempre cumple allá donde vaya, y en este caso no fue una excepción.

Con tiempo más que suficiente para presentar muchas de las canciones de su último trabajo Salvavida de las balas perdidas (2017), los burgaleses demostraron porque son una de las bandas en alza del panorama nacional.

Un sonido propio y genuino, sin florituras ni ostentaciones –pero que nadie había ocupado hasta el momento-, y letras reflexivas y directas convierten sus directos en  una master class de intensidad, desparpajo y emotividad encima del escenario.

 

‘Mil demonios’, ‘La inmensidad’ y ‘Amanecederos’ fueron los primeros temas en sonar de una consecución de folk-rock que agitó a un público entregadísimo desde la primera a la última canción. Con un tramo central en el que repasaron grandes canciones de sus anteriores trabajos como ‘PRMVR’, ‘Miles Davis’, ‘Vasos vacíos’ o ‘Los hijos de Johnny Cash’ entre otros, la banda mantuvo intacta la intensidad durante todo el show –gran presencia de saxo y acordeón dentro de una estructura melódica pop- para llegar a un tramo final desgarrador –nunca mejor dicho evocando la voz de su cantante- gracias a la preciosista ‘Hay un fuego’, los ya clásicos ‘Gasoline’ y ‘Nómadas’, y su nuevo y adorado éxito ‘Héroes del sábado’.

Y para finalizar el día, por si hubiera sido poco, tocaba disfrutar del pop desenfadado de Novedades Carminha, que hizo bailar al respetable a base de ritmos garajeros, salseros e incluso cumbieros aderezados por sus descaradas y burlonas letras.

‘Fiesta tropical’, ‘Que Dios reparta fuerte’ o ‘Caprichito de Santiago’ sirvieron para calentar motores antes de temas como ‘Ritmo en la sangre’, la magnífica e irreverente ‘Te quiero igual’, o su reciente lanzamiento ‘Verbena’, cuanto menos representativa de lo que son habitualmente sus conciertos.

El momento álgido del concierto llegó gracias a un temazo como ‘Antigua pero moderna’, la sutil invitación a su habitual fiesta de la mano de ‘Jódete y baila’ y la respetable versión del protopunk de Los Saicos ‘Demolición’, con el que despidieron definitivamente un gran concierto, que redondeó una maravillosa noche de música en directo.

El sábado iba tener un protagonista por encima del resto, como en cada festival al que acude, Enrique Bunbury dejó muestra de su talento y virtuosismo sobre el escenario, con un nivel muy superior al resto de sus compañeros a pesar del gran elenco elegido para la ocasión. Y es que no sólo la experiencia es un grado, la profesionalidad y el estado de forma del que hace gala en cada una de las actuaciones de su última gira es un espejo en el que cualquier banda o artista debería mirarse.

El EX Tour trajo al Festival Gigante algunas de las nuevas canciones del artista zaragozano, acompañadas de un intenso y profundo repaso de sus más de 30 años de carrera, incluyendo su etapa con Héroes del Silencio.

‘La ceremonia de la confusión’, ‘La actitud correcta’ o ‘Cuna de caís’ fueron algunas de las primeras canciones en sonar, antes de arrojar el primer zarpazo en forma de clásico, gracias a la sempiterna ‘Maradentro’, en una versión que rescató con su gira anterior y parece haberse hecho fija en el setlist del maño, uno de esas maravillas que no envejece después de tres décadas.

Tras un breve interludio con temas como ‘El anzuelo’ o ‘Despierta’, volvimos al más puro rock and roll de ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’ y al pop más elegante de ‘Hay muy poca gente’, ambas del álbum Hellvile deluxe (2008). A estas alturas, Los Santos Inocentes habían mostrado sobradamente la elegancia y calidad a la que nos tienen habituados, acompañando a Bunbury durante la última década, tanto en el estudio como en sus giras.

‘Que tengas suertecita’ y ‘Héroes de leyenda’ pusieron el punto y aparte a la fase más rock del show, en sus diferentes vertientes.

Y llegó el momento de abrir de par en par las puertas del cabaret, en palabras del propio Bunbury, regalando una nueva demostración de variedad de registros y estilos musicales a la altura de muy pocos/as. Sin respiro, el público vibró con ‘De mayor’, saltó con ‘El extranjero, y se emocionó con ‘Infinito’ –opción ranchera- y bailó swing con ‘Si’.

Después de este torbellino musical y vocal, ya sólo quedaba admirar, flotar y disfrutar de la épica de ‘Maldito Duende’ y el viaje al centro del corazón de ‘Lady Blue’.

Momento para ver y escuchar a Ángel Stanich, ese personaje barbudo que parece recoger la batuta generacional del cantautor rock de esta nueva década. Y es que además del aura de misticismo y su comportamiento dentro de la industria musical, la calidad y estilo musical que refleja en cada una de sus actuaciones le han servido para hacer crecer a su público exponencialmente. Sobre todo con el lanzamiento de su segundo largo Antigua y barbuda (2017).

‘Galicia calidade’, ‘Un día épico’ y ‘Mezcalito´ arrancaron un show muy correcto, que fue de menos a más y en el que destacó su habitual banda durante toda esta gira, con mención especial para su guitarrista Victor L. Pescador, con gran peso en cada una de las composiciones interpretadas en directo.

Así, llegamos al bloque central del concierto, centrado en su último trabajo y el el anterior EP Siboney (2018). ‘Señor tosco’, ‘Hula hula’, ‘Casa Dios’ y ‘Le tour 95’ dieron clara muestra del estilo Stanich, entremezclando humor ácido, sarcasmo y altas dosis de una imaginación privilegiada.

Con el terreno preparado y un público fiel, respetuoso y participativo en los momentos karaoke, el bueno de Stanich arrojaba su póker final con cuatro de sus mejores composiciones.

Su obra magnánima ‘Carbura’, santificada para el resto de su carrera, ‘Escupe fuego’, himno pop delicioso que abre su último álbum, el rock and roll desmedido de ‘Metralleta Joe’ –con el que terminó de convencer a algún indeciso- y la crudeza cuasi psicodélica de ‘Mátame camión’, para acabar el concierto en el pico más elevado de la noche.

Rufus T. Firefly, cerraba una noche para el recuerdo en Guadalajara, donde pudimos disfrutar de uno de los mejores artistas de nuestro país, seguido de dos de las grandes promesas del rock –en cada uno de sus estilos. Y sí, ya sé que Rufus no es una promesa, pero que disfruten de un mínimo éxito en la actualidad es uno de esos milagros que te hacen mantener la esperanza en el consumidor de música.

Los de Aranjuez presentaron su nuevo EP Loto (2018), segunda parte y cierre de su aclamado Magnolia (2017). Con un sonido exquisito durante toda la actuación y con el juego que ofrecen gracias al efecto de órganos y sintetizadores nos ofrecieron nuevos temas como ‘Demogorgon’ o la propia ‘Loto’, sin olvidarse de grandes temas de sus anteriores trabajos como ‘Cisne negro’ o ‘Pompeya’ con los guitarrazos hipnóticos de Victor Cabezuelo, o la maravillosa ‘Nebulosa Jade’, donde parte del público encendió pequeñas bengalas para aumentar aún más la magia de su interpretación.

Mención aparte para Julia Martín en la sala de máquinas, una de las mejores bateristas de la escena, y que en cada concierto nos regala una interpretación soberbia en cada una de las canciones de la banda.

Para finalizar, y reforzando más aún si cabe, su condición de banda psicodélica del momento, sonaron a las mil maravillas la odisea fantástica de ‘Magnolia’ y la aventura apasionante de ‘Rio Wolf’, con ese riff de guitarra que se te clava en la cabeza de inicio a fin.

Una nueva edición del Festival Gigante, donde el cartel ha ganado enteros respecto a otros años, así como la organización y el ambiente. Aun así, aún quedan importantes detalles a mejorar, sobre todo en relación a lo que más importa, la música.

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Festival Gigante 2018. Un cartel exquisito como seña de identidad de un festival en progresivo crecimiento, 10.0 out of 10 based on 6 ratings

Una Respuesta

  1. Paranoid

    Estuve solo el viernes y de lo que vi, lo mejor Lagartija Nick. También muy bien Pasajero, aunque les faltó algo de potencia. No sé si por sonido o por formación…

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