*Fotos: Javier Rosa

El renombrado festival murciano refuerza su apuesta con grandes conciertos y una afluencia que recordó a la mejor versión de su antecesor

Gracias a un cartel que mezclaba con cierto gusto la demanda de grupos habituales del panorama nacional, con otros de la escena más underground y lo remataba con interesantes artistas de talla internacional, hubo música para todas las especies en Murcia. Ejecutada como siempre ocurre de mejor y peor manera.

El viernes arrancaba la jornada –para un servidor- ya entrada la noche con los americanos Nada Surf. El grupo liderado por Matthew Caws, que ya se ha paseado por algunas ciudades de nuestro país durante el presente año demostraron como su directo no sufre el paso del tiempo. Correctísimos en la forma y siempre en el fondo, nos regalaron un final de concierto apabullante con temas de la talla de ‘Popular’ o el coreado ‘Blankest Year’, alimentado esa relación de cariño y respeto mutuo entre banda y público.

Sin tiempo que perder y girando ligeramente la cabeza nos encontrábamos con Iván Ferreiro. Habitual de los festivales y verificado en numerosas ocasiones durante el pasado año, esperaba su notable propuesta escénica y sonora… con la suerte de encontrarnos con uno de los mejores conciertos que le recuerdo, al menos en este formato. Un setlist arrollador que dejó satisfecho a cada uno de los presentes, acompañado de un sonido óptimo y una interpretación magistral como frontman.

Una colección exquisita en la que sonaron clásicos modernos como ‘El pensamiento circular’, o himnos piratas como ‘Años 80’ o ‘El equilibrio es imposible’. Y con ‘Turnedo’ como as en la manga, es imposible perder la partida.

De aquí volvimos a saltar a otra banda familiar para el público festivalero. La charanga pop de Sidonie que cada vez arrastra a más adeptos permitió al personal echarse buenos bailes al ritmo de canciones como ‘Fascinado’, ‘El incendio’, el himno festivalero ‘Carreteras infinitas’, o ‘Estáis aquí’. Buen ambiente y maquina cada vez más fiable para este tipo de eventos, poco más que aportar.

Tuvimos tiempo en este impasse a disfrutar de la primera de las grandes ofertas alternativas del circuito. La banda valenciana La Plata nos regaló un concierto directo y al pie, en el que demostraron el porqué de las expectativas puestas en ellos. Inmediatez y personalidad al ritmo ochentero de su primer LP, con temas como ‘Esta ciudad’ o ‘Un atasco’.

Llegábamos así al plato fuerte de la noche del viernes. Los británicos Kasabian hacían rugir el escenario principal con su habitual energía, su pose de nuevas estrellas del rock y un sonido característico que les diferencia de numerosas bandas de su generación. A todo esto hay que sumarle un repertorio cada vez más amplío con grandes temas como ‘Underdog’, ‘Bunblebee’, la maravillosa ‘Re-wired’ o la psicodelia agitadora de ‘Club foot’ unidos a su último y notable trabajo, con cortes como ‘Ill Ray (The King)’, ‘You’re in love with a psyco’ o ‘Come back kid’.

Al total resultante sin embargo, hay que restarle cierta apatía en algunas fases del concierto en las que parecía que los de Leicester encendían el piloto automático para llegar al final de la actuación. Así de más a menos llegamos a la siempre fantástica Fire –incluso a medio gas- para cerrar un concierto que dejó con ganas de más al respetable.

Ya en la madrugada murciana, disfrutamos de los siempre cumplidores amigos de El Columpio Asesino. Distorsión y oscuridad al servicio del baile, gracias a temas como ‘Diamantes’, ‘Perlas’ o el éxtasis general producido por ‘Toro’.

Seguimos con el tecno-rock abrumador de Bloody Beetroots, que provocó entre el público división de opiniones. Su propuesta es clara y concisa, por lo que es cuestión de gustos disfrutar y exprimir su sonido o sufrir y aguantar el baño de decibelios en un horario aun temprano –bajo mi humilde opinión-. Cerramos la noche con los bailongos Chk Chk Chk. Colosal y entregada actuación de su vocalista Nic Offer, pero las fuerzas no dieron para más. Aún quedaba un segundo asalto.

Abrimos la segunda jornada de un WARM UP que fue de menos a más, con algún que otro coitos interruptus.

La tempranera y soleada actuación de Cooper nos sirvió para abrir el apetito. Al más puro estilo pop de los 60 fue desgranando un repertorio algo plano pero bien ejecutado. Turno posterior para unos Shinova que poco a poco van sumando adeptos a su causa, aunque no sea mi caso, buenas maneras e influencias pero cierto conflicto de personalidad tiene la culpa.

Personalidad que le sobra por doquier a Neuman. A pesar de su fama cansada festivalera, no le he visto todavía un concierto flojo, y una vez más demostró contar con uno de los sonidos más diferenciales del panorama alternativo actual en España.

Además de grandes temas como ‘Bye Fear / Hi Love’ o ‘Turn it’ sonaron temas de su nuevo trabajo que encajaron a la perfección en el repertorio.‘Boystar’, ‘All that matter’ y un gran cierre con ‘End’ confirmaron su gran estado de forma, bastante prolongado en el tiempo.

La cosa prometía y le tocaba al grupo de moda en nuestro país. No me detengo a hacer análisis musicales, sólo sociales, e Izal se encuentra ahora mismo en la cresta de la ola. Concierto de inicio de gira de su nuevo trabajo –“Autoterapia”-, lo cual ya significa mucho teniendo en cuenta que pisarán dos festivales por fin de semana de aquí al mes de septiembre, démosle una vuelta.

Lo que se presentaba como una enorme fiesta festivalera, y fue el concierto más multitudinario del festival, acabó siendo ensayo general en el que la banda introdujo tres temas nuevos de su último trabajo al inicio del show, explotó con escasa intensidad y sonido el resto de su habitual repertorio y mostró al público su nuevo juego de efectos visuales. Agradecidos como siempre con sus seguidores y medios, se les vio ciertamente incómodos en muchas fases, ahogando una de sus virtudes y abusando del karaoke excesivamente.

‘Pausa’ al inicio y ‘El pozo’ para cerrar el show acompañaron a temas ya habituales como ‘Copacabana’, ‘La mujer de verde’, ‘Qué bien’ o ‘El último baile’.

Seguíamos coleccionando nombres familiares en el cartel. La banda barcelonesa Dorian parece haber encontrado la poción mágica y cuenta con uno de esos setlist conocido y coreado aunque sea por momentos por cualquier festival español. Con la incorporación de dos nuevos temas de su inminente nuevo disco y algún cambio en el orden del concierto sonaron cortes como ‘Paraísos artificiales’, ‘El temblor’, o las archiconocidas ‘Verte amanecer’, ‘La tormenta de arena’ o ‘A cualquier otra parte’. Valor asegurado.

El plato fuerte de la noche no defraudó a nadie. Alt-J y su inquietante sonido que mezcla estilos tan dispares como el rock-folk o la electrónica enganchó a un público entregado a sus melodías adictivas que te inducían al constante y calmado baile.

Con un inicio de gran personalidad, gracias a temas como ‘Deadcrush’ o ‘Fitzpleasure’ la banda británica marcó los tiempos de un show que sin tener contar con una intensidad avasalladora obtuvo una de las mejores notas del festival. Piano y punteos embriagadores acompañados de melodías fantasiosas, una carismática voz y un despliegue visual muy acorde con el espectáculo, sin grandes exuberancias y un punto de cordura.

A un gran repertorio de medios tiempos se iban intercalando enormes temas como ‘In cool blood’, oscura y brillante a partes iguales, la caribeña ‘Dissolve me’ para cerrar definitivamente con sus dos mayores éxitos: ‘Left and free’ y la ya mítica ‘Breezeblocks’, que terminó de enamorar a propios y extraños.

Después de alcanzar la cima de la noche del sábado, aún tuvimos tiempo para mantenernos en ella durante un buen rato. Empezando por gente de la tierra.

Candidatos firmes a convertirse en uno de los grupos más importantes de la escena, era el momento Viva Suecia. Y si no lo crees, no hay más que ver el concierto que ofrecieron ante una multitud que abarrotaba mucho más que otras bandas, el segundo de los escenarios del festival.

A nivel musical, no tienen nada que envidiar a muchas de las bandas que llevan el indie por bandera y se acuestan sobre un mismo y repetitivo sonido. Han encontrado un nicho, un estilo, una personalidad, y lo están explotando a la perfección, veremos cómo lo siguen gestionando.

Al repertorio comentado en habituales ocasiones durante el pasado verano en este mismo medio, hay que sumarle dos nuevos temas: la versión rock de ‘Todo lo que importa’ –sin ELYELLA- y el pop exquisito de ‘Casi todo’, para cerrar el bolo con ‘Bien por ti’ y ‘Hemos ganado tiempo’.

Para ir cerrando la noche, se agradeció una vez más la variedad sonora y estilística dentro de un festival de esta talla. Así pudimos disfrutar de la irreverencia intelectual que llevan a cuestas los madrileños Biznaga. Pop-punk sin prejuicios y con una ácida e interesante crítica social, acompañadas de un potentísimo directo sustentado en uno de esos baterías a tener muy en cuenta. Para muestra el cierre del concierto, con dos temazos como ‘Una ciudad cualquiera’ y ‘Mediocridad y confort’.

La despedida final estuvo a cargo de dos formas muy diferentes de entender la electrónica. Ambas magníficamente útiles para dar rienda al –des-ritmo de cada uno. El tecno-pop de Joe Crepúsculo y sus hilarantes letras, y el ritmo synthpop bailable de la francesa Yelle.

Cierre perfecto para un festival que ha cumplido con más expectativas de las que había generado previamente, al menos en mi caso. Merecido y absoluto éxito para una propuesta que sigue generando un nuevo potencial musical y económico.

 

 

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Sobre El Autor

Redacción Madrid

Iñaki Molinos M. Buscando el camino. La honestidad no es una virtud, es una obligación. @imolinosm

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