Ángel Stanich no se prodiga mucho por El Botxo, así que se ha hecho esperar la presentación de su segundo y aclamado disco ‘Antigua y Barbuda’ algo más de lo deseable.

Aunque a juzgar por el recibimiento del respetable, parece que la espera mereció la pena. Impacientes y algo tramposos, ya habíamos disfrutado de otra fecha en su gira, y eso nos permitió jugar con algo de ventaja en esta ocasión.

Con una muy buena entrada en Kafe Antzokia, a pesar de fechas complicadas a finales de enero, época de exámenes, etcétera, está claro que Ángel Stanich cuenta con multitud de seguidores y que más pronto que tarde saltará a locales de más aforo. Esta química que le hace conectar y ganarse al público a base de ingredientes como pueden ser sus peculiares letras (con continuas alusiones a la fobia por las entrevistas o las alusiones literarias o cinematográficas) o su divertida voz que, claro está, también tiene sus detractores. Con música de raíces americanas, aunque abriéndose cada vez más a otros estilos y haciendo particulares guiños en algunos temas. También debo acudir al tópico de su peculiar estética que le ha hecho ganarse afectuosos apodos. Uno de los más divertidos que he podido escuchar ha sido “Camarón Millenial”.

Sobre el horario previsto, saltaron a las tablas del Antzoki al son del tema principal de la serie ‘Twin Peaks’  mientras la banda se ubicaba en el escenario. Arrancando el repaso a, este su segundo disco, con “Cosecha”, “Escupe fuego”, “Más se perdió en Cuba”, “Un día épico”, “Galicia calidade”, “Río Lobos”, “Hula Hula”, “Casa Dios”, o un tema épico sobre el mundillo ciclista: “Le Tour 95”.

Como reza el dicho, “entre col y col, lechuga” en el repertorio se intercalaron otros temas de trabajos anteriores como fueron “Camino ácido”, “Mañana”, “Mezcalito”, o “Señor Tosco”, y para los bises quedaron “Carbura”, “Mojo”, un aguerrido “Metralleta Joe” de su primer largo y para cerrar el trepidante “Mátame camión” con esa bella alusión cinematográfica a la película “Amanece que no es poco”, así como una afectuosa dedicatoria a los compañeros de Zarata-Mondosonoro, la presentación de los excelentes músicos que le acompañan y alguna jugosa anécdota respecto a sus anteriores pasos por tierras vizcaínas – Bilbao, Crazy Horse y Barakaldo, BIME 2014- de cuando su padre intentaba venir a verle a los conciertos, pero se perdía y nunca llegaba. Así que esta noche “ni siquiera ha intentado venir” sentenció.

Desde el inicio se ganó al público bilbaíno, apoyado en una cada vez mejor y más engrasada banda, que atesora un talento excepcional y la garantía sonora que suele ofrecer El Antzoki, hicieron que la fiesta se prolongara durante unos lisérgicos noventa minutos, manteniendo el tipo ante un auditorio que, si bien coreaba todas las canciones, supo mantener el respeto durante toda la actuación y callar cuando fue necesario. Produciéndose un mágico momento durante el tema “Hula Hula”. ¿Quién le iba a decir a Manuel Campo Vidal que aparecería en una estrofa junto a Bob Dylan?

En la traca final sonaron “Metralleta Joe” y “Mátame camión” en la que un, ya por entonces, exhausto Stanich bajó entre el público y acabó con sus huesos en el suelo tras un breve pogo en el que algunos afortunados incluso pudieron corear. Como despedida, todos los miembros de la banda se marcaron un bailecito de lo más cómico con el tema Rattlesnake de King Gizzard & The Lizard Wizards.

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Sobre El Autor

Melómano empedernido desde la niñez. Quizá algo influenciado por las generaciones anteriores, pero con un amplio y ecléctico espectro musical ampliado a base de escuchar durante los kilometros que llevo a mis espaldas. ¿Que sería de mí sin la música?

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