Entrevistamos a Mariona Aupí con motivo de la publicación de su nuevo disco, “Le Monde” (La Cúpula, 2017).

Mariona Aupí es una artista de los pies a la cabeza, y es que, tras 20 años de trayectoria, parece que no hay nada que le quede por probar. Lleva tras sus espaldas cuatro discos en Fang, dos a dúo con Carlos Ann, dos discos en solitario, un disco basado en la musicalización de los poemas de Gelman, y alguna colaboración con José Domingo.

Ahora, Mariona Aupí publica su disco más personal, “Le Monde” (La Cúpula, 2017), un álbum cargado de intimidad, de experiencias personales y mucha fuerza de voluntad.

Le Monde” salió a la venta hace más o menos un mes, y lo primero que quería preguntarte es acerca de la acogida que percibes.

A día de hoy, percibir la acogida de un disco es relativamente rápido, porque a través de las redes sociales te llegan muchos más mensajes. Pero también es lento, en el sentido de que todavía no hemos empezado los conciertos de promoción. El feedback, de momento, es super bueno: hay mucho interés, muchos seguidores nuevos y otros que había perdido. Es como si todo volviera a renacer.

Porque, además, desde 2013 no publicabas un proyecto propiamente tuyo.

Ahora tenemos un público nuevo, pero con mucha gente que nos seguía antes.

Con la publicación de “3500 días” como single, hablas de estos nueve años como una etapa diferente en la que estás ahora. ¿Crees que necesitabas plasmarlo en algo físico, como es un disco, para sentir que realmente podías dar el paso hacia algo nuevo?

Puede ser que sea eso, pero cuando compongo, siento algo muy emocional. Cuando tengo mucho movimiento emocional dentro, las cosas me vienen dictadas, y plasmarlas se convierte en algo necesario. Este disco, por tanto, ha sido muy fácil en ese sentido: muy visceral. He compuesto un montón de canciones, de las que hemos tenido que hacer mucha criba. Además, la soledad a nivel artístico me viene muy bien, y en esta época he estado muy sola. Es algo muy inspirador.

Desde una perspectiva completamente externa, veo que entre un disco y otro, la diferencia es palpable: este parece como si lo hubieras publicado como un medio para purificarte, o una vía de escape.

Yo creo que en el primer disco no estaba tan preparada para hacer un disco en solitario: es algo que me provoca mucho respeto. Engloba muchísimas cosas: composición, criterio, o diversas elecciones que solo tomas tú. En “Criaturas” no tenía la energía para hacerlo.

Este disco se llama “Le Monde” porque, cuando estaba componiendo, tenía las cartas de tarot al lado: no soy tarotista, pero me encanta el tema. Siempre que sacaba una carta al azar, sacaba “Le Monde”, una carta muy femenina que simboliza la realización, o el éxito personal. Quizás en “Criaturas“, la carta más indicada hubiera sido “El Colgado”, que simboliza la gestación.

El disco se titula “Le Monde”, están todas las canciones cantadas en español, pero tiene dos interludios cuyo título es en francés.

Eso es casualidad. Con Guillermo, que es el productor, queríamos hacer unas ventanas instrumentales que se salieran de la temática del “yo-yo-yo”. Queríamos que no tuvieran nada que ver conmigo, pero que se centraran mucho en la producción del disco. Cogimos un fragmento de una canción de Charles Valentin Alkan, que es un compositor del siglo XIX, e hicimos dos versiones variándola. Da la sensación de que el disco se queda corto, pero compuse muchísimo más de lo que publiqué. Con la criba tan grande que hice, consideré que el disco tenía que ser así. No me gustan los discos muy largos, aunque tengo en mi carrera. El disco de “Gelman“, por ejemplo, es muy largo, pero participaban tres almas distintas.

Quería preguntarte acerca de ese disco. ¿Cómo es ponerle música a un poema que no es tuyo?

Es un poema que no es tuyo, pero te hubiera encantado escribirlo. Yo soy muy fan de Gelman, todo su universo me encanta, y tuvimos la suerte de conocer al poeta, que colaboró en el disco. Eran poemas que Carlos y yo leíamos en voz alta mucho antes de saber que haríamos este proyecto. Por tanto, ya de por sí es un proyecto con fuerza.

Pero al no salirte a ti de dentro, puedes ir un poco con el miedo o el respeto que supone darle voz a alguien con esa trayectoria y, en definitiva, representar la voz de una persona que no eres tú.

La presión es la que te inculcas tú y la que te puede decir otra gente, como si Gelman fuera intocable. Pero si no fuésemos valientes no haríamos discos, y yo no estaría aquí ahora, porque el mundo del arte en este país es muy complejo. Es un agujero en el que pones energía, tiempo y dinero, pero la recompensa que te da es muy grande.

Quería preguntarte también acerca de tu trabajo con Guillermo Matorell. ¿Cómo es meterte en un proyecto tan emocional e íntimo para ti con una persona que conoces desde hace muy poco, con la que nunca has trabajado?

Yo, cuando le conocí, tenía tres canciones hechas. Nos presentó Jose Domingo, y Guillermo llevaba un disco en el bolsillo: su último trabajo, la banda sonora para una película. Yo me quedé con el disco y lo escuché en casa. Me encantó, era la persona que estaba buscando inconscientemente. Le escribí un mail y, cuando le pasé mi teléfono, le dije que nos podíamos encontrar en Barcelona. El día que yo le estaba escribiendo un WhatsApp, él me estaba escribiendo en ese mismo momento. Fue muy curioso.

¡Como una señal del destino!

Sí, fue algo muy fuerte. Conectamos bien, así que trabajamos mucho juntos para este disco. La carta de “Le Monde” también simboliza un parto difícil y, para que te hagas una idea, solo en la preproducción hemos tardado un año. Nos veíamos una vez cada quince días y, mientras tanto, yo le iba mandando canciones.

Poco a poco le hemos ido dando forma a algo que, en un principio, no sabíamos cómo iba a ser. Somos una muy buena pareja a nivel artístico.

Cuando he escuchado tu disco, me he dado cuenta de que prácticamente todo ello está plagado de metáforas. Cuando eso sucede y el disco se publica, cada persona lo interpreta de una forma distinta. ¿Cómo percibes tú esas interpretaciones por parte del público?

No suelo ser muy explícita cuando escribo las letras. Es como una forma de esconderme detrás de otras historias, y esto me hace sentir más cómoda. Me encantaría escribir letras sencillas en algunas ocasiones, pero siempre voy a esconderme detrás de algo. Mi forma de hacer es menos directa.

Claro, y por eso mismo, una vez el disco se publica, puede haber muchas personas comentando sobre qué es lo que verdaderamente dice una canción, o comienzan a interpretarla a su manera.

Eso es maravilloso, me encanta. Yo narro mi propio mundo a través de mis experiencias, y cada persona se identifica a partir de las suyas.

La canción que abre el disco y su clip, “3500 días”, hablan de una despedida que se interpreta en el vídeo como una puesta en escena teatral. Eso, de por sí, es otra metáfora. A lo mejor algún día salgo de este recurso, pero de momento estoy cómoda.

La relación que yo creo con la música es muy similar a la que tengo con el cine. Opino que creo algo muy cinematográfico, algo narrativo que soy capaz de ver en plano-secuencia.

Termino preguntándote acerca del formato que vas a llevar en los conciertos.

Tenemos dos formatos para el directo: uno es a dúo con Guillermo, lo que es un placer porque estás tocando junto a tu productor. Él toca la guitarra eléctrica y yo canto, toco algo de percusiones y algo de guitarras. Además, tenemos la suerte de que en Madrid nos van a poner un piano. Por otra parte, está el formato banda, que somos nosotros con un batería y un bajista, y se respira otra historia que tampoco tiene nada que ver con lo que se ha grabado.

Son dos versiones distintas en directo que, si te ha gustado el disco, te pueden llegar a gustar por separado. Son muy afines, pero cada una con su personalidad.

Si quieres ver a Mariona Aupí en concierto, no pierdas de vista nuestra agenda.

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