Entrevistamos a Xoel López con motivo de la publicación de su segundo libro “Bailarás cometas bajo el mar”

Texto: Carlos H. Vázquez
Fotos: Patricia J. Garcinuño

 

Un chupito de mar en un vaso de cristal. Xoel López (Santiago de Compostela, 1977) habla de las alas mojadas que tiene Galicia, pero está en Madrid, donde la piscina es un sustituto de la playa cuando ésta no está. Lejos de casa, cuando los altos en el camino han sido más de tres (Argentina, Nueva York, San Francisco…), se trasnocha en barco para llegar pronto a casa en avión. Ya lo decían los Beatles en ‘Two of us’: “On our way back home / We’re on our way home”. Y así creció Xoel, queriendo evitar la humedad de la tierra natal para buscar otra, la de Liverpool. De contrariedades está llena la maleta, la misma que fue hasta Salamanca, luego a Madrid y más tarde a Estados Unidos y Argentina, nido de gallegos en vuelo a ras de suelo. “Yo fui hermano de todos los sueños y fui cometa de todos los cielos”, escribe Xoel en ‘Bailarás cometas bajo el mar’ (Espasa, 2017), el segundo de sus libros (en 2015 publicó ‘El asaltante de estaciones’ con el sello Chelsea, de Álex Cooper). A su alrededor, el color turquesa tiñe de norte el centro de Madrid; allí, donde esté el mar, cualquier sitio será un hogar.

¿Cómo escucha el mar un gallego en tierra?

A lo lejos (risas). Quizás sea más el mar interno, esa idealización del mar, la proyección de lo que es el mar a nivel emocional, de lo que significa para un hombre de mar, en este caso. Creo que es un mar, a veces, idealizado, pero necesariamente soñado, otras veces, porque no está.

¿Viajaste a Buenos Aires por una necesidad personal?

Esa es la pregunta del millón. De hecho, no tengo una respuesta concisa porque no la hay. Realmente yo siento que hay muchos pequeños factores que impulsan ese viaje. Podemos desgranarlo, si quieres, e intentar hacer un balance, pero son muchas cosas. Era poner un poco pausa a una carrera que estaba funcionando tan bien que me quitaba mucha vida. La parte laboral había ganado a mi vida cotidiana y mi mundo era casi todo trabajo. Por una parte había que romper con eso, volver a vivir a mi vida. Y por otro lado, tenía ganas de descubrir, de aventurarme y de fascinarme con cosas nuevas. Estaba ávido de experiencias, porque las experiencias y los viajes que hacía con Deluxe eran laborales al fin y al cabo. Puedes viajar a México, Chile, Argentina, Uruguay… pero no es lo mismo. Los viajes que hice después eran otra galaxia y no tenían nada que ver, pero era lo que quería. Y luego, por una cuestión emocional, también; en ese momento conocí a la que es mi mujer ahora: Lola. Nos fuimos con la idea de estar un tiempo nada más, y luego seguí esos viajes yo solo.

¿Cuánto tiempo llevabas con ella, con Lola, cuando decidiste hacer el viaje tú solo?

Un año.

Te lo pregunto porque entiendo que una cosa es viajar con otra persona, en este caso tu pareja, y otra muy distinta es hacer un viaje solo, de introspección.

Claro. Creo que, quizás, era la experiencia que yo necesitaba. No más “interesante”, porque depende del caso de cada uno, pero en mi caso tenía que ser algo que hiciese yo, por mi cuenta. En un momento dado, de hecho, Lola vino a visitarme a Nueva York, pero hacer estos viajes era algo que necesitaba al margen de mi relación; tenía que ver con mi carrera y con el tiempo que yo sentía, de alguna manera, que se me estaba escapando.

Has dicho que lo laboral se había comido lo personal y que con Deluxe los viajes eran laborales. ¿Se te fue de las manos Deluxe, en el sentido más comercial?

No. Ya me gustaría. En ese caso, tendría ahora un par de casas y tres coches. No, no se me fue de las manos a ese nivel. Pero sí que se me fue de las manos a nivel laboral: Trabajé más de lo que yo entendía que era lo ideal. Cuando el trabajo te absorbe todo el tiempo, que no te vas de vacaciones, que estás todo el día a ello… ¿Qué pasa? Pues que cuando te gusta tu trabajo eso puede suceder, pero no creo que sea sano. Le vi las orejas al lobo -no llegué a entrar en crisis ni nada-, pero después de haber trabajado durante tantos años, creo que me podía permitir ese viaje ideal, empezando de cero, no buscando una remuneración de nada, como una especie de segunda adolescencia pero sin ir a clase. Fue un viaje ideal que duró lo que dura el dinero en el bolsillo.

Sobre los recuerdos de la adolescencia, ahora que lo dices, está ‘Santiago’, donde dices: “Mis primeras canciones se alejaban entonces de mis dedos fríos, de tus alas mojadas”.

Sí. Tiene que ver con que mis canciones no eran armónicas con lo que se supone que es Santiago, culturalmente. Ahí estaba flipando con Bob Dylan y no estaba escuchando la música, a lo mejor, medieval o la música folclórica. Aunque es una medio mentira, porque, en parte, íbamos a ver conciertos de folk y estábamos bastante interesados en lo que pasaba. Pero me refería a que no estaba tan ahí como lo estaba mi cuerpo; de alguna manera, musicalmente, yo estaba unos cuantos kilómetros más arriba.

Pero a unos cuantos kilómetros más arriba estaban The Beatles y Liverpool, y ésta es también una ciudad de alas mojadas…

Claro. Ahí hay una contradicción. Pero como esto no es ensayo, sino poesía, nos lo podemos permitir (risas). En realidad no hay una contradicción, pero tal y como tú lo expones sí. Primero, la escritura es algo inconsciente que debe ser así. Yo, ahora, parece que tengo que dar explicaciones, pero en realidad no sé muy bien por qué lo escribí. Sé que lo hice de tirón, pero hay frases en las que hay mundos. Y todo eso es el inconsciente, el que está escribiendo, y tú eres como una especie de medium.

¿Escritura automática?

Sí, pero no sé cómo lo hace otra gente. Supongo que harán lo mismo. Luego, con eso que tengo, si veo que se repiten muchas cosas o algo me parece feo, lo cambio. O sea: pulo. Realmente es así. Yo lo llamo “vomitar”, porque uno no elige hacerlo, aunque a veces hay que meterse los dedos, pero en mi caso, en un noventa por ciento, es vómito natural.

¿Cómo empiezas a escribir estos textos y poemas?

Yo escribo esto que puedes llamar poemas que a veces son aforismos, versos sin más. No me gusta mucho ponerle nombre a algo que no sé cómo se llama, pero me chupa un huevo. Lo que me pasa es que escribo mucho más en proporción a las canciones que hago. Hace muchos años que escribo primero y luego hago las canciones, aunque a veces me salen a la vez, pero cada vez es más raro. Empecé a escribir sabiendo que no iba a ser para un disco. Tú sabes que un disco puede llevar diez u once canciones, pero tampoco sacas un disco doble que no va a escuchar ni Dios. Y tampoco quiero sacar un disco al año, porque sé lo que implica eso a nivel de promoción y te vuelves loco. De alguna manera, ese cambio estratégico, con mi forma de hacer lo que creo, deriva en un montón de versos que se quedan solitarios y en muchos casos autónomos. En principio iba a ser algo que iba a guardar ahí y que a lo mejor se lo iba a enseñar a mi hijo cuando fuera mayor o que lo iba a editar cuando tuviese sesenta años o cuando me hubiese muerto.

¿Con ‘El asaltante de estaciones’ te sucedió parecido?

Fue distinto. Tampoco sabía que iban a ir para un libro, porque eran cosas que ya estaban escritas. Alejandro Cooper recopiló conmigo todo eso y me ofreció escribir un libro que ya tenía escrito, en realidad. Y era verdad, porque eran todo artículos sobre fútbol, lo que había escrito sobre mis canciones favoritas con 16 y 17 años, un pregón… Ahí cabía todo. Él, Álex, le llamaba “una biografía”, pero contada a través de esos artículos, como una mirada de soslayo. Creo que es una forma bonita de entender la carrera de alguien.

Le dedicas ‘Bailarás cometas bajo el mar’ a tu mujer y a Nahuel, vuestro hijo. ‘El primer mar’, diría, está dedicado a él.

Sí. ¿Te digo la verdad? Escribí este libro para ellos, lo que pasa es que ahora estoy en una posición en la que mis versos tienen un interés por ser editarlos y, en mi caso, no tengo problema en compartirlos. Pero es casi una intimidad, como algo que yo asumo con responsabilidad artística, digamos, y que esto es lo que soy: Una persona que a través de sus emociones cuenta cosas y las hace arte. Al final, es lo que me representa artísticamente. No vivo de esto, de los libros, pero vivo de mi música. Pero con pudor, porque considero que es algo muy íntimo.

Hay tres poemas que dedicas a: Tu tía (‘El árbol que lleva tu nombre’), tu tío Andrés (‘Beso y mármol’) y a tu abuelo (‘Canción de un Sancho que volaba’).

Y también tuve dudas en editarlo, porque es algo muy personal. Pero creo que, al convertirse en arte, trasciende de lo personal y se convierte en un lenguaje de comunicación con el universo. Y si lo escribí será por algo, ¿no? Insisto: Cuando te dedicas a esto asumes la responsabilidad del compositor, del escritor… o de lo que seas. He sido mucho más críptico, pero creo que ahora estoy especialmente transparente. Pero también entiendo que a la gente le da igual que sea mi tío, porque en algunos casos no saben ni el nombre o qué tía es. Realmente mi familia tampoco sabe a qué tía me refiero, aunque a lo mejor sí lo pueden intuir. Pero es lo menos importante; al final, lo que la gente pensará es en su tía, en su prima, en su novia, en su amiga, en su hermano… En alguien que perdió y echa de menos y recuerda a través de una historia, que es lo que es el poema: Parte ficción y parte real.

Respecto al texto ‘La piscina’, ¿podemos entender la piscina como un sustituto del mar?

Efectivamente. Es un pequeño mar, pero no deja de ser un sucedáneo. Para mí, el agua siempre será las emociones. El mar es el mundo de las emociones, como símbolo. Y, probablemente, la piscina sea un puñado de emociones.

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Después de todo, y como dices… ¿Eres cometa de distintos cielos?

Claro, un hijo de todas las madres. Es lo que me ha tocado o no sé si lo he decidido, pero ha surgido así. No sé por qué motivo, no lo tengo tan claro, pero no he sido alguien que se haya sentido anclado a un lugar. Ni siquiera anclado a una forma de entender la música o la escritura. Me gusta abrir caminos, la verdad. No sé si será así siempre. A lo mejor llegará un momento en el que me tenga que establecer en un lugar y ser más sedentario. Pero, hasta ahora, la vida me ha llevado a buscar.

¿Y estás contento con lo que has hecho hasta ahora?

Bueno, sí que me siento pleno y contento de haber hecho lo que sentía en cada momento; haber sido honesto con mis sentimientos y haber respondido a esas necesidades que surgían de dentro. E intentado luchar contra todo lo que era impuesto y contra todas las fronteras que se ponen delante y no dejan cumplir los sueños. En definitiva, sí: Firmo ser feliz.

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