En un ambiente de intimidad, respeto y admiración por su música, el trío proveniente de Finlandia, regaló al respetable una actuación sonora en forma de obra maestra.

Crónica: Iñaki Molinos M (@elBUniversal)

Fotos: Javier García Nieto (@jgarciani)

Era la primera vez desde 2011, cuando Low Roar ponían la primera piedra a su proyecto como banda, en que visitaban nuestro país. Y si hay algo que se les puede reprochar, es que no lo hayan hecho antes (tranquilos/as, sabemos no depende sólo de ellos…).

Sublime actuación, en la siempre acogedora sala Moby Dick, donde los finlandeses (y su líder californiano) supieron transmitir a la perfección las emociones que su sonido ostenta.

Presentaban su tercer álbum de estudio, Once in a Long, Long While (2017), aunque hubo espacio para sus dos LP´s anteriores, en un concierto que sonó a las mil maravillas de principio a fin. Con una propuesta diferencial en la que el grupo fusiona bases electrónicas programadas sobre las que elaboran el ritmo de las canciones a través de mesas de mezcla, con órganos, guitarras eléctricas, bajo (en alguna ocasión) y la guitarra acústica de su vocalista en la mayor parte de los cortes.

Con este esquema mental, no muy habitual en cualquier combo tradicional, podríais pensar en la dificultad de elaborar un sonido transgresor, que inunde el alma de cualquier oyente. Sin embargo, la capacidad de producir e interpretar la citada base electrónica es uno de los puntos distintivos y excitantes de Low Roar.

Atmósferas que sonoramente te transportan a rincones escondidos de tus sentidos, unidas a una guitarra eléctrica tocada con un arco a modo de violín, órganos, percusión electrónica, guitarra acústica y la escalofriante a la par que bellísima voz de Ryan Karazija dieron como resultado una apabullante interpretación en directo de I´ll keep coming de su segundo álbum 0 (2014), para arrancar el concierto.

Nadie acabará saltando en ninguna de sus canciones pero  soltando alguna que otra lágrima. El descaro de Low Roar para mantener la sensibilidad y tensión de las canciones sobre una base rítmica mayoritariamente asentada en los medios tempos es otro de sus ingredientes secretos, aderezando cada una de sus recetas con la envolvente interpretación vocal como un instrumento más, clave en la recepción y asimilación de sus canciones.

En esta tesitura musical pudimos escuchar grandes temas como Give me an answer”, de su último trabajo, corte con un cuerpo sonoro colosal, con la incorporación minimalista de las maracas y con la que era inevitable que no se te fueran los pies hacia un baile lento y casi chamánico. Dando rienda suelta a esta faceta, en la que la banda parece sentirse más cómoda como conjunto y donde el sonido roza la exquisitez, disfrutamos también temas rítmicamente más acelerados dentro de una delicadeza absoluta, como pude ser el que abre su tercer largo: Don´t be so serious”.

Acercándose a esferas más oscuras y sonidos más robóticos se adentraron en aquella muestra que da nombre a su último LP, Once in a Long, Long While”, con ciertas pinceladas de ambient music aunque con un gran peso de teclados y una base donde predominan los bajos y por momentos la distorsión controlada.

Hasta ese momento, la estabilidad ambiental, rítmica y de intensidad tan bien ejecutada y producida, a la que anteriormente hacíamos mención había sido la nota predominante, pero aún nos quedaba por ver otra de las vertientes de este maravilloso grupo. Esa que se acerca a desde una especial perspectiva a la música más artesana y tradicional, casi hermana del folk, entrelazada con la incorporación sonidos electrónicos, teclados y percusiones.

Es el caso de Just a habit, con una inmensa interpretación de su vocalista, que incluso se atrevió a tocar la percusión, además de su propia mesa, teclados y guitarra, recordándonos por momentos a la versión más íntima y sensitiva de grupos como Foals.

Pero ahí no quedaba todo, llegaba el momento de que la música de Low Roar se desnudara por completo. El bueno de Ryan se quedaba solo en el escenario, a los mandos de su guitarra acústica y su brillante y conmovedora voz.

Pelos como escarpias y nudo en la garganta para paladear la maravillosa Friends Make Garbage (Good Friends Take It Out)”. La sección más íntima del concierto, y de la que más difícil resulta extraer las palabras adecuadas. Mágica.

Volvía el resto de la banda para poner el cierre perfecto a una actuación sobresaliente, contraponiendo dos canciones en las que se refleja a la perfección el punto del camino en el que se encuentra actualmente, con “Waiting (10 years)” y el punto de origen del mismo, gracias al hechizo de “Tonight, Tonight, Tonight”, ovacionada especialmente por sus más fieles seguidores.

La primera de ellas, se asemeja a la búsqueda constante de elementos sonoros óptimos en la mezcla con melodías oscuras y densas, mientras que la elegida para el cierre final, con una base progresiva brutal que invade tu cuerpo segundo a segundo sea quizás una de sus mejores composiciones, de las llamadas a marcar la pauta de la creación futura. Magnífica.

Si algo ha demostrado Low Roar en sus seis años de carrera, es que no tiene pinta de que vayan a cesar en el camino de la búsqueda constante, casi siempre duro y tortuoso. Y muchos les agradecemos que no se apeen nunca del mismo.

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La maravillosa invasión del sonido Low Roar, 9.7 out of 10 based on 3 ratings

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Iñaki Molinos M. La honestidad no es una virtud, es una obligación. @imolinosm

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