Presenciamos el concierto que puso el punto final a la gira Nocturnal en el Palacio de los Deportes de Madrid, con la grabación de disco y DVD en directo.

Crónica: Iñaki Molinos M (@elBUniversal)

Fotos Emi Picazo (@lachicadeluces)

Acudir a un concierto de Amaral es garantía de acudir a un buen concierto. Difícilmente te encontrarás con problemas de sonido o alguna mala interpretación de sus protagonistas.

Te llegarás a emocionar al recordar alguna que otra canción que te recuerde a alguno de tus amores pasados o te lleve a abrazarte a tu mejor amigo/a y celebrar vuestra amistad a través de su música.

Quizás ahí radique el poder del dúo zaragozano. Ofrecer un concierto de dos horas y media de duración y mantener la fluidez (a excepción de contados momentos) es hartamente meritorio. Sentir el pellizco eterno de su música está al alcance de sus fieles seguidores, que en la noche del sábado agotaron las más de 15.000 localidades del Wizink Center de Madrid.

El concierto sirvió para dar carpetazo a su último disco, Nocturnal (2015), y a su extensa gira, que les ha llevado a girar durante los últimos dos años.

Con un repertorio en el que fueron alternando canciones de este último álbum, como columna vertebral del show, con grandes clásicos de la banda que se han convertido ya en indispensables del pop en castellano.

Como ya hemos comentado, si algo caracterizó el directo de Amaral fue la capacidad de fluir y de entretenimiento del mismo, a la que hay que sumar la presencia tanto interpretativa como artística de Eva, que eclipsa sobremanera al resto de la banda, incluyendo en muchas a ocasiones Juan Aguirre.

Y para cerrar lo estrictamente extra musical, no hay que olvidarse de la luminosidad del show, así como de los efectos visuales del mismo con un eje concéntrico desde el que giraba toda la actuación.  La luna nocturna como faro guiador desde el fondo del escenario, donde se fueron reproduciendo videos, imágenes y la propia interpretación en directo de los músicos. Gran acierto audiovisual

Arrancaban el show con “Unas veces se gana y otras se pierde”, fieles a su último LP, y un sonido maravilloso, antes de establecerse en una larga secuencia de temas, de gran pegada, que hicieron efervescer a un público entregadísimo desde el minuto uno.

“Revolución”, “Kamikaze”, “Salir corriendo”, “No sé qué hacer con mi vida” culminaron este primer asalto que tuvo como bisagra para encarar el siguiente tramo a aquella que da nombre a su último largo, la notable “Nocturnal”.

Llegaba así una fase más heterogénea, con cortes melódicamente más suaves como “Lo que nos mantiene unidos”, “Cuando suba la marea” u otro de sus clásicos como “Noches de verano”, y una vuelta a los grandes éxitos de masas con “El universo sobre mi” (momentos karaoke incluidos).

En este extenso bloque central del concierto pudimos escuchar canciones míticas, menos populares pero agradables de recordar, como “Estrella de mar” con Eva al theremin, y vuelta a lo reciente con “Noche de cuchillos”

En este sentido, no se puede decir que los maños ejecutaran un concierto de grandes éxitos ni mucho menos, llegando a tocar nueve piezas de su último largo. Aunque la extensa duración del espectáculo ayudó a compaginar esas dos vías: lo clásico y lo actual de su obra.

Con los dos protagonistas a solas en el escenario se instaló la calma y un simulacro de intimidad y emotividad que no llegó a cuajar en exceso. En este set acústico interpretaron temas como “Un día más” o “Salta”.

Cuando la falta de intensidad o el tedio parecía adueñarse de la situación, sacaron uno de esos ases, en forma de canción, que grupos con largo recorrido siempre tienen guardado en la manga.

“Moriría por vos” cumplió la función de reactivar al público instantáneamente. Siguiendo con “Como hablar”, dos temas que hicieron las delicias de todos sus seguidores, y de los no tanto, de ahí su virtud.

“Hoy es el principio del final” nos dirigía inexorablemente al fin de la velada, pero aún quedaba algo de tela que cortar. La felicidad y exaltación de la amistad entre el público con “Marta, Sebas, Guille y los demás” (otro de esos temas comodín del que hay poco que destacar más allá del sonido de su armónica), y un primer cierre memorable gracias a la incursión electrónica realizada en la nueva versión de “Chatarra” y la soberbia “Hacia lo salvaje”, uno de los mejores temas de la etapa reciente de la banda.

Se retiraban así del escenario por primera vez. Nadie dudaba de que volvieran a salir, pero como cierre definitivo hubiera sido un gran acierto.

Así, los bises carecieron de fuerza y garra, sin ases que ofrecer más allá de la manida y castigadora “Sin ti no soy nada” y otros medios tempos como “En el tiempo equivocado” para cerrar definitivamente, esta vez sí, y tras otro bis más, con “Nadie nos recordará”

Repertorio inicialmente bien escogido, que fue evaporándose hasta sobrar una última parte algo fría.

Aun así, notable directo de los de Zaragoza, como siempre que he tenido la oportunidad de disfrutarlo. Siempre cerca de la excelencia pero no tanto del embrujo.

 

 

 

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