El artista madrileño ofreció un sobresaliente recital en su quinto día consecutivo en la sala Galileo Galilei, escudado por el potencial de una banda que revalorizó, aún más si cabe, su personal propuesta musical

Crónica: Iñaki Molinos M (@elBUniversal)

Fotos Emi Picazo (@lachicadeluces)

La mítica sala madrileña nos recibía con una mixtura interesante a la par que atrayente propuesta estética y de escucha: gente sentada en sus típicas mesas, disfrutando de sus consumiciones y la zona más clásica de pista, en un ambiente distendido y muy familiar. Muy necesario en espectáculos como el que íbamos a disfrutar.

Sería una mayúscula falta de respeto hablar del concierto de Depedro sin hacer mención a Fetén Fetén. El dúo nos deleitó con su excepcional arte a la hora de reproducir e interpretar la música. Folclores con aires característicos de principios del siglo pasado sustentados en el violín de Diego Galaz y el acordeón de Jorge Arribas, y si solo fuera eso…

Los burgaleses encandilaron al público con su particular amplitud de miras a la hora de elaborar su propio lenguaje musical a través de elementos como una silla de camping a modo de flauta, sartén cucharas y dedal, sierra y arco o una escoba y un recogedor.

Es difícil de transmitir a través solo de las palabras, por lo que os recomendamos encarecidamente que disfrutéis de su directo (si aún no lo conocéis) y desde aquí agradecemos este tipo de propuestas. Música popular, abismalmente distanciada de las habituales.

Tras el maravilloso aperitivo servido, hacía acto de presencia Jairo Zavala y su maravillosa y extensa (hoy más que nunca) banda.

“Como el viento” inició el maratón de un repertorio de temas que va adquiriendo cada vez un mayor cuerpo. La sección de metales al inicio (como en su versión de estudio), con dos trompetas y saxo barítono le dieron una profundidad a la canción que es de agradecer, atisbándose ya todo lo que podía aportar el acompañamiento instrumental con el que contaba.

“¿Hay alguien ahí?”, con el Indio de Vetusta Morla a la percusión y “Nubes de papel” fueron las siguientes en sonar, destacando el empaque sonoro de esta última así como el primero de los momentos álgidos del show, con un público vibrante y totalmente entregado de principio a fin. Gran parte del mérito, en este sentido, le corresponde no sólo a su música, si no a  su forma transmitir la misma, así como la cercanía y calidez para con sus seguidores.

La sección de vientos volvió a hacer de las suyas ensalzando “DF” como corresponde, “Déjalo ir” nos devolvió la versión instrumental más desnuda, con la magnífica guitarra de Quique Fuentes y la bellísima “Te sigo soñando” acompañada del acordeón de Jorge Arribas, nos sorprendió con los trompetistas tocando entre el público en la planta alta de la sala.

“Antes de que anochezca” puso la calma antes de uno de los momentos de la noche. Jairo y toda la banda se hicieron hueco en la pista para interpretar entre el público “El pescador”, a capela y desenchufados regalaron un momento único.

“Septiembre” nos condujo nuevamente al Depedro más lírico y emocionante antes de invitar al escenario a Amparo Sánchez de Amparanoia, donde desarrolló gran parte de su carrera antes de su definitivo salto en solitario.

“Somos viento” y “Quisiera,  pero” convertida en una magnifica pieza de improvisación casi jazzística (de la banda) y poética (Amparo), llegando a emocionar con sus estrofas espontáneas al gran protagonista.

El penúltimo invitado de la noche, al cajón flamenco, fue Guillermo García. Poniendo encima de la mesa (y del escenario) todo un arsenal sonoro de fusión fantásticamente integrado durante todo el espectáculo. Otro de los factores diferenciales de su música, el gusto por la variedad de sonidos populares de raíces.

Así, sonaron “Un hombre bueno”, con la suma del violín de Fetén Fetén, y una brutal versión de “Panamericana” con todo el plantel citado anteriormente: congas, cajón, violín, metales…

Antes de retirarse por primera vez del escenario, la banda cerró el concierto con “Llorona”, Volviendo de la mano de la preciosa “Miguelito” junto a la sierra de Diego Galaz y ante un silencio abrumador y respetuoso en toda la sala. Emocionante.

“La caja de sal” fue la antesala del cierre definitivo. Todos los músicos invitados durante la actuación, junto a Ángel Carmona, (última aparición estelar) cerraron un magnifico repertorio con “Comanche”.

Una fiesta en torno a la música folclórica y de raíces que pocos han sabido importar y transmitir de la forma que lo hace el de Carabanchel. Amplio salto de intensidad y acústica gracias a un directo del que es fácil enamorarse, a donde se acerca cada vez con más atino en su trabajo de estudio.

 

 

 

 

Sobre El Autor

Redacción Madrid

Iñaki Molinos M. Buscando el camino. Tengo un ambicioso plan, consiste en sobrevivir. @imolinosm

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