Por Gorka Martín

Royal Blood, la descarga de energía

Llegué a Bime con intención de ver a Mark Eitzel, pero al pasar frente a uno de los escenarios principales, las versiones electrónicas llevadas al terreno de las txarangas de Meute que tanto apreciamos en nuestras fiestas patronales me atraparon durante un buen rato allí. Principalmente con la versión de Laurent Garnier ‘The Man with the red sax’, en la que se metieron al, aún, escaso publico en el bolsillo.

Meute durante su actuación en el BIME. / G. Martín

Meute durante su actuación en el BIME. / G. Martín

Rápidamente me dirigí hacia el auditorio para ver al americano Mark Eitzel y escuchar varios temas que me recordaron a Morrissey en algún momento. Sin duda, excelente calidad, pero no lo más atractivo para quienes andábamos ávidos de brincar, y nos llegaría nuestro momento con los ingleses, Royal Blood, quienes repetían en Bilbao después de su concierto en BBK Live. Muchos conocimos hace más bien poco a este grupo a cuenta de un anuncio publicitario y nos ha cautivado desde entonces. Con un tímido Mike Kerr al bajo, dos coristas que contribuían a colmar el escenario y un algo más arrogante Ben Thatcher tocando como una bestia la batería y que, por su estampa, recordaba a uno de esos turistas veraniegos de Magaluf. Hasta que, en un arrebato final, se lanzó a un publico quizá más preocupado en grabarle que en sujetarle y darle recepción. Finalmente, fue rescatado por el equipo de seguridad y devuelto al escenario. En el repertorio ofrecido, mezclaron temas de su estreno en 2014 con el álbum que promocionan actualmente. Muy enérgicos, aunque quizá algo previsibles en algún momento.

Aprovechando el impás, deambulé de nuevo para ver durante un rato a Ride, pues no pude llegar al auditorio antes de finalizar Bill Callahan su actuación. Una de las pegas de los festivales es que, o bien no tengo especial interés por ningún grupo en concreto o se solapan dos actuaciones en otro momento.

Royal Blood durante su actuación en el BIME. / G. Martín

Royal Blood durante su actuación en el BIME. / G. Martín

Momento de nostalgia: Metronomy

Tenía especial interés por ver a Metronomy, así que tomé posiciones (algo, por cierto, muy sencillo en la jornada del viernes), saltaron al escenario todos -excepto el bajista con una vistosa túnica- de blanco impecable, una suerte de look ibicenco – mezcla de un spot de detergente de los 90. En lo musical tocaron principalmente los hits de su último trabajo ‘Summer 08’ y no pude evitar una comparación -quizá estúpida- con los Doobie Brothers de mi infancia en los 80 con esos rasgados de guitarra tan característicos (aunque en otro registro, claro). Son aire fresco para una escena electrónica actual y quizá sucesores de Hot Chip o Erlend Oye.

 

Para finalizar me acerqué a la actuación de Orbital, que pese a un look muy visual en cuanto a las proyecciones y lo evocador de sus sonidos noventeros no lograron retenerme en un show que tenia idealizado del FIB y Donostia 2001.

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Sobre El Autor

Redacción Asturias

Periodista y melómana. Crecí con la música y no he parado nunca de aprender de nuevos sonidos y sensaciones. Amante también de las palabras, todo junto hace la canción perfecta.

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