Fotografías: Javier García Nieto

Asistimos a la presentación de “RGTRN”, EP de Lázaro, el pasado sábado, 21 de octubre, en la sara Siroco de Madrid.

Las comparaciones son odiosas, pero las etiquetas, hoy en día, son necesarias. Si el nuevo EP de Lázaro, “RGTRN”, se traspapelase en Spotify y apareciese en el perfil de Radiohead, sin tener en cuenta los elementos vocales, y menorizando las tonalidades, se difuminarían entre los originales sin tener opción a la duda. No quiero decir con esto que la banda madrileña carezca de autenticidad o recursos, sino que, por el contrario, su sincretismo cósmico-psicodélico se manifiesta en su música del mismo modo que el imaginario taciturno lo hace en la de Thom Yorke.

Si de algo está colmada la trayectoria musical del grupo, es de cierto componente fantástico que no solo se encuentra presente en la temática lírica, sino en todos los fundamentos de la canción. Modulaciones sorprendentes, ritmos que pasan desde la cumbia hasta la fanfarria, y una voz de Nieves que, con su técnica melismática, agita y cautiva a partes iguales, ensamblada con la instrumentación al más puro estilo de Jeff Tweedy (Wilco).

El concierto del pasado sábado, 21 de octubre, en la sala Siroco, fue la muestra, sobre todo, de un cariño hacia la propia música. Una sinceridad hacia su creación artística que algún día se rodeará de la afluencia merecida. Destacar, en primer lugar, el charango y la mandolina de Nieves que, si bien el primero dio problemas con su afinación, fue partícipe de una tímbrica a caballo entre tradición y modernidad: fusionar el folclore andino con la electrónica y el verso en tres idiomas diferentes es muestra del genio que emana del proyecto de Nieves Lázaro, pero también de la coordinación de cuatro músicos cuyas piezas encajan sobre el escenario. Por otra parte, la conjunción de la psicodelia de “RGTRN”, con el pop-rock de los trabajos anteriores, y ciertas influencias folk europeas, colisionó en un setlist que culminó con “Lazo umbilical” en un vistazo hacia lo más remoto.

Muchas veces, para que un concierto sorprenda, has de partir de cierto desconocimiento previo y, además, de ningún tipo de tabú, recelo o prejuicio. Muchas veces, pasas largas temporadas de tu vida tratando de buscar algo o alguien que te recuerde cómo has llegado hasta aquí, como músico, como melómano o como mero aficionado. Esta búsqueda puede durar días, meses o, incluso, años. Para mí, terminó ayer por la noche.

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Redacción Madrid

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