Love of Lesbian y León Benavente nos regalaron verdaderas joyas en forma de concierto. La calidad de los artistas elegidos para esta edición, clave para sustentar una nueva edición del festival.

Texto: Iñaki Molinos M (@elBuniversal)

Fotos: Emi Picazo (@lachicadeluces)    *A excepción de las señaladas

Una nueva edición del festival gigante nos esperaba con sus ingredientes clásicos, y que como viene siendo habitual, no defraudó a un público que se congregó en el Estadio Fuente de la Niña de Guadalajara.

Es importante detallar, por lo tanto, cuales son los ingredientes de este festival, para hacer nuestro clásico balance entre expectativas y vivencias.

A un precio más que razonable puedes disfrutar de un cartel plagado de grandes nombres nacionales, ambiente distendido, grandes (y frescos) espacios, con inexistente masificación, pudiendo desplazarte y disfrutar de los directos en posiciones privilegiadas. Incluso habiendo comenzado el concierto y sin damnificados/as por tu presencia.

Eso en cuanto a la logística de conciertos pura y dura. Respecto a otros aspectos organizativos, el festival sigue adoleciendo de ciertas carencias y cayendo en los errores de ediciones pasadas: exageradas colas para recargar las pulseras hasta bien entrada la noche y largas esperas para pedir consumiciones, teniendo en cuenta que no hablamos de una audiencia multitudinaria.

Dicho lo cual, sólo nos quedaba por cumplir con una última máxima, la fundamental, el ingrediente final: la música en directo. ¡Vamos allá!

Viernes, 1 de septiembre

Con la bonita estampa del sol cayendo sobre Guadalajara disfrutamos del gran concierto que ofreció (como ya es habitual) Jairo Zábala y los suyos. DePedro nos tiene muy mal acostumbrados, y que siga así. Aunque fue inevitable comparar esta actuación con la ofrecida en el Sonorama hace un par de semanas (al menos para mí), la calidad musical, conexión y entrega de la banda hizo las delicias de un público, que todo hay que decirlo, no se caracteriza por su efusividad y emoción en este festival.

“Como el viento”, “¿Hay algo ahí? Y un “Hombre bueno” sirvieron para dar el pistoletazo de salida al concierto, con magistrales intervenciones de David Carrasco al saxo barítono y Kike Campos a la Guitarra eléctrica.

“Nubes de papel” sirvió para que calentar definitivamente el ambiente, con karaoke en calve de reagge incluído, antes de que sonara la preciosa “Te sigo soñando” y adentrarnos de cabeza en Mexico con “DF”, arañarnos por dentro con “Déjalo ir” y hacernos bailar con “El pescador”.

A estas alturas, el show había crecido sobremanera, yendo de menos a más para encarar su recta final.

La vertiente más rock de “Ser valiente” se entremezclaba con las raíces de “Panamericana”. Con la noche ya sobre nuestros hombros, era el momento de dejarnos llevar por “Diciembre”, cantada a coro entre Jairo y el público, y con un solo de guitarra final exquisito.

Hermosa a la par que dolorosa, “La llorona” como un guiño más a la conexión de Depedro con el continente americano y en concreto con México, hizo de antesala del cierre definitivo, haciéndonos bailar al ritmo de “Comanche”.

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Sin un segundo de respiro (literal), comenzaba en el escenario opuesto, situado en la otra “portería” del campo de futbol, el espectáculo de Niños Mutantes.

Con una potencia y electricidad desmesurada desde el minuto uno, los granadinos arrasaron de principio a fin, ofreciendo uno de los mejores conciertos del festival, sin lugar a dudas.

El público parecía entrar en calor a pesar de la brisa (marina) que soplaba sobre el césped gracias al arranque fulgurante, con un sonido perfecto, guitarras rock and roll y temas como “Menú del día”, “Pura Vida” para pasar a atmósferas más pop con “Noches de insomnio” o “Hermana mía”.

Llegados a este punto, Juan Alberto ya nos había mandado bailar un par de veces, antes de entrar en una parte mas transitoria del concierto, que no duró más de tres canciones.

Con una demostración de solvencia y continuidad tremenda pudimos escuchar y gozar de temazos como “Naufragos”, o “No continuar”, “Glaciares y Volcanes”, “NM” “Jovencita”, estas cuatro últimas de su último disco Diez (2016).

A una velocidad de vértigo siguió el directo de uno de las bandas más longevas del panorama indie nacional. Con más de veinte años de carrera, es de justicia destacar su trayectoria, y más que eso, que la misma no se encuentre en punto muerto, como han demostrado con su último y más que correcto LP.

Llegábamos así a la parte final del espectáculo, y aún íbamos a vibrar con una gran traca final.

“Te favorece tanto estar callada”, con un final de guitarras distorsionadas apoteósico, su cara más folclórica, con la tremenda versión del “Como yo te amo”, u otro de sus clásicos, como es “No puedo más contigo”.

Con la intensidad bien arriba y un público bastante entregado, era el momento para que sonará el mayor éxito de su carrera, aquel que hasta los más despistados del lugar se conocen de memoria: “Errante” retumbaba en nuestros oídos, mientras la bailábamos  y cantábamos como se merece.

Finalmente, “Todo va a cambiar” cerraba el show tras la reivindicación de los conciertos en salas por parte de Niños Mutantes, recordándonos que “no sólo de festivales vive el hombre”.

Toda la razón del mundo, ya hay ganas del invierno apasionantemente musical que nos espera.

Era el turno de uno de los platos fuertes de esta edición del Festival Gigante, y tanto que si lo fueron. Love of lesbian demostró sobre el escenario porque sigue teniendo uno de los mejores directos del circuito nacional actual.

Con los ecos astronáuticos susurrándonos misteriosos hacía su aparición en escena el grupo barcelonés para hacernos viajar junto al poeta Halley por un recorrido de canciones impecable, hora y media de repertorio que cumplió las expectativas de un respetable totalmente entregado desde los primeros compases del show.

“Cuando no me ves” fue el primer corte en sonar, con un gran sonido desde el principio, le siguieron “Bajo el volcán” y uno de sus clásicos como es “Allí dónde solíamos gritar” con una dedicatoria especial a su Barcelona natal.

“Nadie por las calles” despertó definitivamente al público, estábamos ante los grandes cabezas de cartel de la presente edición. “Los seres únicos” completó la primera de las visitas a su anterior álbum, La noche eterna, los días no vividos (2012).

Marcando perfectamente el tempo de su directo, llegaba el momento de dos de sus mejores y punzantes temas, “1999”, posiblemente la mejor canción que jamás hayan compuesto, y “Belice” nos arañaban duramente las entrañas, dejándonos un nudo en la garganta. Letrazas.

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Foto: Sergio Martín Tejedor

Aún no habíamos llegado a la mitad del concierto, y el veredicto parecía más que claro.

Con un gran equipo de luces dirigido a las mil maravillas, el espectáculo Santi Balmes y los suyos siguió su ritmo inquebrantable. “I.M.T.- Incapacidad Moral Transitoria” y “El yin y el yen” nos devolvió a la faceta más cómica de El poeta Halley (2016), con gafas de aviador incluidas.

Pop eléctrico que enlazó con otra de esas canciones tragicómicas que tan bien ejecutan Love Of Lesbian, “Algunas plantas” con su sonido electrofunk bailable hasta la saciedad, nos condujo sin tregua al que seguramente sea el mayor de los éxitos de la banda hasta el momento, “Club de fans de Jhon Boy” nos dejaba sin respiración, apreciándose nítidamente la conexión público-banda que Balmes genera y cuida durante el show, regándola poco a poco hasta alcanzar su máximo esplendor en este punto de la actuación.

El concierto se acerca a su fin pero aún nos quedaban grandes temas por disfrutar.

El manifiesto narcisista de “Me amo”, dio paso al verdadero “Manifiesto delirista”, apostando siempre por los que lo hacen fácil, regalándonos otra sesión más de baile durante la noche.

“Toros en la wii” sirvió para reforzar la relación de la banda con el público, anteriormente citada, al grito de fantástico en modo karaoke, la emotiva “Incendios de nieve” interpretada íntegramente por  el siempre agradable Santi Balmes en el foso junto al público y “El planeador” como fiel reflejo de su último trabajo dieron carpetazo a un enorme concierto de los lesbianos en Guadalajara city.

Llegaba el momento de Fuel Fandango.

Alejandro y Nita, acompañados de su clásica formación, no decepcionaron con su ya característico estilo mezcla de flamenco, funk y electrónica.

Con gran intensidad iniciaron el concierto, moviendo a un fiel público con el que cuentan en cada uno de los festivales que han visitado.

Comenzando con “Burning”, pasando por temas con un corte algo más pop como “El viento”, u otros que ya empiezan a asentarse en la memoria colectiva como “Toda la vida”, fueron avanzando por un setlist que se sintió algo plano en la parte intermedia de la actuación.

“La primavera”, con DePedro como artista invitado, “New Life”, con la gente contagiándose de los bailes de Nita, o “Shiny soul” con una gran interpretación vocal en el cierre fueron otras de las canciones que destacaron ya en la parte final.

“Always searching”, con David Carrasco al barítono y su maravillosa “Salvaje”, tras presentar a toda la banda y un público entregado al baile, sirvieron para despedir un directo con un gran sonido y musicalidad.

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Sábado, 2 de septiembre

La segunda jornada del Festival Gigante, no se iba a quedar atrás, principalmente, gracias al buen sabor de boca que nos dejaron los “chicos” de León Benavente en una de las primeras actuaciones de la tarde. Quedará para el recuerdo de este festival, sin lugar a dudas.

Como el día anterior con DePedro, el atardecer inundaba el recinto festivalero en el momento que Boba y su magnífico equipo hacían acto de presencia en el escenario mientras ya sonaban los sintetizadores de “Tipo D”. Sonido perfecto y locura (no) contenida en las primeras filas de un público madrugador.

Otras dos de las mejores canciones de su último álbum 2 (2016), como son “California” y “La ribera” fueron las siguientes en sonar y seguir enloqueciendo tanto a banda como a espectadores/as.

Signos esclarecedores de euforia entre los miembros de León Benavente, ya hacían presagiar que nos encontrábamos ante uno de los directos festivaleros más potentes que se les recuerda (lanzamiento de baqueta incluido en los primeros cortes).

Con la desmedida energía transmitida y en constante crecimiento, llegó “En la selva”, que da nombre a su último EP, y un mínimo descanso gracias “La vida errando” que nos permitía coger algo de aire para seguir derrochando fuerza, baile y voz.

Es difícil definir con palabras lo que se vive dentro de uno de sus conciertos cuando comienza a sonar “Gloria”, ese alegato a la vida bohemia y contemplativa desde un punto de vista socialmente aceptado y al que (casi) siempre estamos atados. Adrenalina pura. Mejor vívelo.

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Foto: Sergio Martín Tejedor

No contentos con ello, “Celebración” mantenía el nivel de la mayor de las fiestas a la música vivida en este festival, a pesar de un horario que no acompañaba a la actuación.

Por fin, y casi agradecidos, disfrutamos de una mínima calma, en la que la calidad sonora no se vio mermada ni un ápice, gracias a “La palabra” y su desenlace distorsionado final, y la majestuosa “Habitación 615” creciendo inevitablemente al mando del mensaje narrado de un Abraham Boba que no se guardó ni un gramo de fuerza y voz en su interpretación.

“Maestros antiguos”, con la noche ya sobre el concierto, nos devolvió a la clave más rock de la banda, antes de enfrentarnos a un cierre de concierto épico.

“Aún no ha salido el sol” (con cierto rintíntin) y su inicio fulgurante nos hizo transportarnos definitivamente en un viaje imposible de igualar en este festival. La mejor actuación del fin de semana, sin más.

Llegamos así al final del show con “Ser brigada”, erigido en el mayor de sus clásicos hasta el momento y el encargado de explotar la burbuja definitivamente. Con el señor Boba entre el público saltando entre la multitud a la vez que cantaba, el guitarrista Luís Rodríguez lanzando la guitarra al suelo con desprecio y el público flotando a través de los diferentes pogos creados despedían una actuación, que no me canso de repetir, fue memorable. Uno de los mejores (si no el mejor) directos de nuestro país.

Tras el clímax musical del cuarteto que Nacho vegas unió para esperamos, no separarse en mucho tiempo, llegaba el turno de Coque Malla.

Superviviente de los primeros noventa con sus compañeros de Los Ronaldos, el madrileño ha ido forjando una carrera en solitario de lo más respetable, independientemente de los gustos particulares de cada uno. Pop-rock de grandes quilates y deliciosas melodías.

Sonaron de inicio temas como “La señal”, “Escúchame”, “Lo hago por ti” o “Quiero volverte a ver”.

Concierto sosegado y ritmo cálido y acogedor para un elegante concierto, de aquellos que te van ganando con el paso de las canciones, como el caso de “Berlín” o “Cachorro de León”, otras dos joyas de su repertorio.

El viaje al pasado para recordar a su banda, con el rock and roll de “Guárdalo con amor”, con el que despertó la nostalgia del respetable congregado. La bellísima, a pesar de su sobreexplotación, “No puedo vivir sin ti” y una despedida algo fría con “Hasta el final” nos dejaron un gran sabor en los labios y el convencimiento de estar ante uno de esos artistas trabajadores que no cesan en la búsqueda de su disco, o sonido perfecto.

El rock melódico de los neoyorkinos Nada Surf fue el siguiente en sonar, con una puesta en escena muy destacable y un sonido perfecto de principio a fin, crearon un ambiente óptimo entre una audiencia que entremezclaba amantes del género con seguidores clásicos del grupo.

Llegaba el momento de que Iván Ferreiro nos invitará a Casa(2016) , uno de los mejores álbumes de su carrera y un gran repertorio de festival en el que entremezco su último LP, con grandes canciones de su carrera en solitario y un par de clásicos de Los Piratas. Una lástima que no acompañara el sonido, estridente y por momentos ensordecedor, al menos en la parte media de la masa de público.

Olvidándonos de ese importante detalle, la intensidad y conducción del recorrido de canciones fue casi perfecta, con algunos cambios respecto a otros recitales que le dieron más empaque y personalidad al concierto.

“Casa, ahora vivo aquí”, “Tupolev” con un órgano final a cargo del propio Ferreiro que pone los pelos de punta, “Toda la verdad” o “Pájaro azul” conformaron un gran arranque de concierto.

El pop elegante y alegre de “La otra mitad” contrastaba con la intimista “Extrema pobreza” y el rock que desencadena “Dies Irae”, para enrolarse en otro de sus grandes y más antiguos temas, “El viaje de Chihiro”, mostrándonos su faceta más crooner, un gran frontman con estilo propio.
“NYC” y “El pensamiento circular”, como una de esas canciones que desde la primera nota llevan el sello Ferreiro, convirtiéndola ya en un clásico de su repertorio cuando ni si quiera tiene un año de vida.

Y nos encontramos irremediablemente con “Años 80”, casi a modo karaoke en grandes fases de la misma, gran momento de conexión entre artista y público, que en su versión original seguramente no fuera cantada delante de más de mil personas en cualquier sala de concierto. Crecimiento como músico e intérprete forjado gracias a una larga y fructífera carrera en solitario. Bravo.

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Siguiendo con el momento Piratas, gozamos de “El equilibrio es imposible” oscilando constantemente entre la calma y la explosión y “Cómo conocí a vuestra madre” mantuvieron el nivel de excitación para cerrar como ya es habitual con la grandísima “Turnedo”. Actuación de las que suben el listón a pesar de los pesares.

El pop irreverente de Los Punsetes, con la siempre impactante pose en forma de estatua durante todo el show de su vocalista Ariadna, puse el broche final a nuestra visita a la edición 2017 del Festival Gigante.

Como comentábamos al inicio, un buen manjar musical aderezado por el ingrediente principal: magníficos directos.

 

 

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La apuesta ganadora del Festival Gigante por los grandes directos nacionales, 10.0 out of 10 based on 4 ratings

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