Tras una edición más, el Vida Festival se consolida como una de las paradas obligatorias del verano con un cartel que consigue un equilibrio perfecto entre grandes grupos y bandas emergentes y, todo esto, en un entorno idílico

El Vida Festival 2017 ya ha llegado a su fin y, de nuevo, no ha defraudado. Con su sello distintivo de festival familiar, limpio y tranquilo, esta última edición ha cerrado sus puertas con un muy buen sabor de boca. Hemos disfrutado de grandes nombres, muchos de ellos después de varios años de ausencia, y de otros en plena efervescencia. El Vida Festival ha sido un cúmulo de buenas vibraciones y de un auténtico disfrute realmente placentero.

Necesitamos destacar que una organización casi impecable lleva creando desde hace varios años uno de los eventos que debería ser de visita obligatoria para todo festivalero y que, gracias a su pequeño formato y edición tras edición, está alcanzando la etiqueta de “festival perfecto”. Obviamente la perfección es subjetiva, pero quizás uno se lo podría llegar a pensar mientras lo vive en primera persona. De todas formas, y sea el formato que sea, el Vida Festival lleva como bandera un encanto característico.

Jueves

Nuestra andadura empezó el jueves con Les Sueques y su pop-punk colorista y efectivo, exactamente en La Cova Movistar, quizás el escenario con más encanto de todos y en el que tenías que ir sorteando las ramas de los árboles para poder ver. Un buen rollo que sirvió de introducción a lo que sería una dinámica bastante variada musicalmente y que dio paso a una de las bandas que nos llamaba a priori más la atención. Alien Tango apareció en el escenario de La Cabana con algún que otro problema técnico que solventaron pasado un rato. Una vez superado el contratiempo, los murcianos ofrecieron un recital con varios altibajos, demasiadas florituras y adornos inconexos. Quizás pecaron en exceso de elementos abstractos pero a su vez parecía ser que era lo que pretendían. A pesar de esto, “Dancing in the Void” funcionó realmente bien y dejó destellos de gran tema, junto a “Honey”, uno de los más aplaudidos.

Pero llegó de repente, y en el escenario grande de Vida, el que sería uno de los mejores conciertos de todo el festival. Parcels se presentó a todo el mundo con una escenografía impecable, una cortina dorada y la sombra del quinteto australiano fue más que suficiente para decir “aquí estamos nosotros”. “Myenemy” hizo los honores de abrir el setlist. La banda estuvo enchufada desde el minuto uno, no dejó espacio para ninguna fisura y realizó un concierto digno de ser recordado en la historia del Vida Festival. Sobriedad, perfección, estilazo y un perfecto equilibrio del repertorio hizo que temazos como “Anotherclock”, “Gamesofluck” o “Older” sonaran todavía mejor de lo que ya habíamos escuchado. Desde aquí, felicitar a la organización por apostar por grupos semidesconocidos y plantarlos valientemente en los grandes escenarios.

Y volviendo a La Cabana totalmente impresionados, nos metimos de lleno en el universo rockabilly de Guadalupe Plata, que hizo que todo el escenario se tiñese de un color oscuro, haciendo disfrutar a la gente a base de guitarras.

Pero, no nos engañemos, muchos de los que vinieron el jueves al Vida fue para ver a uno de les cabezas de cartel, los franceses Phoenix. Se adelantaron 10 minutos a su hora y empezaron por todo lo alto. Ya son muchos años de experiencia y no dudaron en poner toda la carne en el asador en su primera mitad de la actuación, ojo al dato, y el orden de las primeras canciones: “Ti amo”, “Lasso”, “Entertainment”, “Lisztomania”, “J-Boy”, “Long Distance Call”, “Lovelife” y “Trying to Be Cool”. Ya más tarde se incluyó “Love Like a Sunset part I y II” o “If I Ever Feel Better”. Casi con el piloto automático, Phoenix sacó todo su repertorio y así es difícil fallar si además los mezclas todo con los nuevos temas de corte más bailable. A pesar del bajo sonido del escenario, la banda cumplió con creces y ofreció otro de los grandes momentos de la noche.

Viernes

El viernes tuvo las tempranas actuaciones de Gener, Pavvla o Tórtel y nuestra mala fortuna fue no llegar a verles, pero sí que llegamos para presenciar el concierto, un poco rutinario, de Dr. Dog. Los americanos subieron al escenario La Masia con la sensación de ir un poco atropellados y con un repertorio un poco plano, no llegó a congeniar excesivamente con el público, pero sí que sirvió de entretenimiento para ver una de las actuaciones más esperadas de todo el festival. Devendra Banhart llegó, contagió a todo el mundo de amor y sensualidad y pareció que no quería irse de allí. Abrió con la delicada “Saturday Night”, realizó un comienzo mucho más oscuro y tranquilo que el resto del concierto. El tema “Mi Negrita” fue uno de los momentos de la noche y encendió a casi toda la gente que cantó al unísono toda su letra. Otras grandes canciones como “Baby”, “Never Seen Such Good Things”, “Won’t You Come Over” o la versión de “Sound and Vision” de David Bowie, redondearon de forma exquisita la velada.

Al terminar, afrontamos uno de los solapes más dolorosos de todos, Real State o Los Punsetes. Nos decidimos por los segundos, el cuerpo nos pedía marcha y los madrileños no defraudaron. La inerte Ariadna lució como siempre uno de sus originales vestidos, esta vez más sobrio, blanco y con una capa. El concierto fue uno de los más aplaudidos y jaleados, un público totalmente entregado cantaba todos los temas sin parar. Destacar entre todos “Dinero”, “Dos Policías”, “Opinión de Mierda”, “Arsenal de Escusas”, “Tu Puto Grupo”, “Me Gusta que me Pegues” y, especialmente, “Estrella Distante”, más de 7 minutos de temazo que está incluido en su último disco¡Viva!” y que ganó infinitamente en directo. En resumen: una auténtica locura.

Pero lo de locura fue el directo de The Flaming Lips. Sin saber hacia dónde mirar en ningún momento, en el escenario no paraban de suceder todo tipo de cosas. Desde la aparición de un unicornio gigante cubierto de leds con su líder montado encima, la inclusión de gongs y otros variopintos instrumentos, hasta la presencia de tres personajes inflables en forma de animales de aquello más hippie-surrealista. Y para rematar, si a todo esto le sumas los diferentes cambios de vestimenta de Wayne Coyne y le añades todo el llamativo trabajo audiovisual que se iba sucediendo en las pantallas con su consecuente juego de luces, da como resultado un gran espectáculo donde se sobrepuso el teatro de corte ilusionista a la música en sí.

Sábado

El sábado se presentaba como el día fuerte, el día donde se congregaban más grupos conocidos. Pero ese mismo día, por poner algún pero, casi todas las bandas eran de corte más bien relajado hasta que llegaron Jagwar Ma.

Después de ver otra vez en directo por el mediodía a Parcels en el Daurada Beach Club, empezamos la jornada con Enric Montefusco y su “Meridiana”. Un Enric totalmente entregado y entusiasta, dio todo lo que pudo en una tarde apacible y con un escenario a media asta pero también entregado totalmente al músico catalán. Pero sin demora nos dirigimos hacia donde estaban la mitad de los asistentes del festival. El escenario El Vaixell estaba hasta los topes viendo el genuino concierto de Rosalía y Raül Refree. Una maravilla que bien podría haber sido unos de los puntos de inflexión del festival. Ese encantador escenario se quedó pequeño para todo el arte que desplegaron allí y que, con su elegancia y presencia, crearon uno de los mayores clímax de todos. Delicioso.

Mishima puso el toque más catalán antes de que saltasen al escenario los belgas Warhaus, a los que le pasó algo similar que a Montefusco, dieron todo lo que pudieron pero había una especie de barrera entre el grupo y el público. Quizás esa barrera se llamaba Fleet Foxes. A pesar de ello, su concierto fue sólido y con muchos destellos sensuales e interesantes. Un buen aperitivo para ver a Fleet Foxes, los más esperados del día, que empezaron titubeantes y con un repertorio más monótono, pero que poco a poco fue in crescendo y ganando calidez. “Fool’s Errand”, “Mykonos” y “White Winter Hymnal” hicieron del recital un apasionante concierto folk, con pasión y cercanía.

La calma ya se había instalado en el festival, pero no fue hasta que llegaron una de nuestras banda favoritas, Warpaint, cuando llegó el ritmo y el descaro. Un concierto que puso a todo el mundo alerta con sus riffs de guitarra y la sensualidad que transmitían sus cuatro componentes. Mezclando canciones de sus tres álbumes, predominó sobre todo  “Heads Up”, pero no fue hasta que tocaron “Undertow”, “Bees” o “Elephants” que subieron el nivel de todo el repertorio. Era de esperar que todo terminase con “New Song” para bailar, disfrutar y acabar con buen rollo el setlist. Sin duda, otra de las actuaciones más grandes de todo el festival.

En resumen, el Vida Festival es uno de los festivales más consolidados de nuestro país con tan solo cuatro ediciones. Un festival con un cartel por grandes nombres internacionales pero también por grupos menos mediáticos en una mezcla perfecta entre artistas locales, nacionales e internacionales. Un festival imprescindible en la agenda de todo festivalero de pro.

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Sobre El Autor

Redacción Barcelona

Somos Andrea y Xavi, periodista y diseñador gráfico. Dicen que un día sin sonreír es un día perdido. Pues nosotros somos más de pensar que un día sin música es un día perdido, por eso lo escribimos. También nos gusta Ryan Gosling.

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