El músico gallego y su banda hacen gala de un espectacular estado de forma en su segunda visita a Madrid durante la Gira Mahou 2017, diseccionando su último álbum Casa (2016)

Sala La Riviera de Madrid. 6 de abril de 2017.

Texto: Iñaki Molinos M (@elbuniversal) – Fotos: Emi Picazo – La Chica de Luces

Con las entradas agotadas desde hace tiempo se presentaba Iván Ferreiro en la madrileña sala La Riviera, la que el propio artista consideraba su Casa en la capital, y en la que actuará una vez más antes del verano festivalero que le espera.

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Fue un concierto de los que hacen nuevos seguidores, y de los que enorgullecen, aún más si cabe, a los antiguos, a los de toda la vida. Sobrio, solvente, sin fisuras, sin una nota mal tocada, voz intachable y un ritmo de concierto que alternaba canciones más furiosas con otras relajadas, lejos en cualquier caso de esa etiqueta de “cortavenas” que algún@s (ignorantes de su obra) le colgaron en alguna ocasión.

Venía a (re)presentarnos su nuevo disco, después de su paso las últimas navidades por el Palacio de los Deportes, en su formato ring. Llamadme raro pero me gusta mucho más La Riviera, su ambiente acogedor, donde se respira rock n roll, y el sonido retumba en sus paredes y techo, no tan lejos del suelo.

Y por fin hacía aparición el protagonista de la noche, acompañado de su gran banda; dos guitarras, bajo, batería y piano, que hicieron las delicias del público en cada uno de los temas que interpretaron. Sobresalientes.

“Dioses de la distorsión”, con esa melodía y sonido espacial, evocando por momentos a Bowie fue la carta de presentación. Su extenso repertorio, con seis discos en solitario sumados a su carrera con Los Piratas permite al gallego hacer un recorrido por sus canciones, integrando las de su nuevo trabajo allí donde considera que mejor encajan. Gran acierto, y todos contentos.

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Tras “El Bosón de Higgs” sonaba “Casa, ahora vivo aquí”, elegantísimo sonido pop con Ferreiro tomando las riendas del escenario en una faceta frontman muy particular que no abandonaría hasta el final del concierto.

La calmada y preciosa “Inerte” fue el primero de los guiños a antigua banda, antes de encarar un tramo de canciones de sus anteriores discos. Agradeciendo efusivamente la asistencia de los allí presentes y el ambiente creado (“puta sala, puta maravilla”).

Con “Tupolev” volvió a reencontrarse con su último y, seguramente, mejor álbum de estudio hasta la fecha. Letra exquisita para una de esas canciones redondas que le gusta firmar, convirtiéndose en la primera cima sonora del concierto. Soberbia.

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“Todas esas cosas buenas” y “La otra mitad”, con la perfecta facilidad de su estribillo pegadizo daban forma a otro nuevo capítulo de Casa.

Tras este tema aprovechó para reivindicar, de una forma sarcástica, la libertad de expresión y de hacer bromas sin la obligación de ir a prisión. Cristalino.

Turno para uno de los momentos mágicos de la noche, de los que no merece mucho la pena contar, si no vivirlo. Nuevo éxito (en diferido) de Los Piratas, más popularizado en las nuevas generaciones por la versión a dúo con Santi Balmes: “El equilibrio es imposible”. Sala entregada cantando al unísono e interpretación simplemente fantástica. Emocionante.

Al rock bastardo y sucio de “Dies Irae” le siguieron “Santa adrenalina” y “Extrema pobreza”. Vuelta a casa con “El viaje a Dondenosabidusientan”, pasando por el auténtico y genuino sonido Iván Ferreiro de la mágica y estimulante “N.Y.C.”. Para cerrar la actuación con la preciosa balada de “El pensamiento circular”, otra de esas canciones que te golpean en la cara y que muestran su calidad compositiva.

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Se retiraba la banda a los camerinos para realizar el primero de los bises de la noche. Una sala completamente llena exigía una salida que no se hizo esperar.

Con la calma de “Farsante” y el homenaje al amor de “Espectáculo” llegamos a un nuevo momento de música y pasión desenfrenadas.

“Años 80” cantada a capela, prácticamente entera por el público, alcanzó un nivel de  emotividad difícil de recordar en la sala madrileña. Piel de gallina.

“Los restos del amor”, una de las canciones más bailables de último álbum. Sonido soul con claros tintes ochenteros al piano y con la colaboración sorpresiva de Martí Perarnau (Mucho) en mitad de la canción. Interpretación vocal perfecta –ya lo hace en el disco– para complementar esta gran canción  y elevarla a un nivel más, si cabe.

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Sus ganas de comerse el mundo nos regalaron “Cómo conocí a vuestra madre” para cerrar un trío de canciones definitivamente único y despedirse por segunda vez de un público entregado desde el minuto uno.

Parecía que al bueno de Iván le sabía a poco, así que decidió volver de los camerinos por segunda vez. Esta vez era la definitiva.

El oleaje en forma de ranchera de “S.P.N.B” con melodía reggae final condujo a la enésima cima de la noche.

“Promesas que no valen nada”, otro de esos temas que forman parte del patrimonio del rock en castellano, enlazado –como es habitual– con la fantástica versión de “Insurrección” hizo volar definitivamente a los allí presentes.

“El dormilón” hizo de preludio para cerrar como se merece una actuación de cinco estrellas.

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La sensitividad, la explosión, el clímax, llegó con ese himno compuesto a medias con su hermano Amaro: “Turnedo” puso el cierre a un show incontestable, con la facilidad pasmosa con la que Ferreiro ejecuta cada una de sus canciones.

Clase magistral de uno de los mejores músicos de rock contemporáneo de nuestro país. Afortunado de haberla presenciado, y sobre todo, disfrutado.

 

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