Entrevistamos a Rozalén con motivo de la Gira de Los Complices de Mahou

Texto: Carlos H. Vázquez
Fotos: Mahou

De tela roja y música parece estar hecha María Rozalén (Albacete, 1986), cantora manchega que transita por la vida entre el globo -al hombro una mochila- y el tren. Hace parada cuando llega a las dudas por si le queda algo de tiempo en el andén de la contradicción, donde escribe lo que cuentan de ella sus canciones, aunque ya no le queden más primaveras dentro del bolsillo izquierdo del pantalón. Beber cerveza (Mahou, con brindis incluido), componer la mirada abrazada por el eye liner que se disuelve en forma de tres puntos, bajarse del mundo un rato, vivir la despedida con cuatro besos, explicar las medidas de cada canción.

En la sala Penélope de Madrid han vestido el suelo, también, de color rojo. Pasan pies como aletas sobre la moqueta, tantos, que Rayden y María Rozalén ensayan juntos sobre el escenario como náufragos amarrados a una isla que se turnan para lanzar un mensaje de voz dentro de una botella de cristal. Para las muchas personas que esperan fuera del local, este concierto de la gira Cómplices de Mahou les facilitará la tarde de invierno. Y aunque desde el cielo de la capital llueva, habrá merecido la pena. Que esto es cosa de dos y que para conquistar hay que dar “una de cal y otra de arena”.

Ella, Rozalén, va ya por su segundo disco largo, el cual llevó el título de “Quién me ha visto… (Sony, 2015). El primero, “Con derecho a… (Sony, 2013), le abrió paso aunque tuviera que pedir un crédito en el banco de las promesas, dejando un pagaré con una cifra que sólo podría abonar un “ya verás como sí”.

¿Qué dicen de ti las canciones que escribes?

Cuentan mucho de mí. Son muy autobiográficas y me suelo inspirar en lo que yo creo que vivimos las personas día a día, en la cotidianidad. Hay algo de amor y de desamor, pero también hay otras cosas, como llegar a un sitio nuevo (hablo de las hadas como las mujeres que me rodean), un poco crítica social… Un poquito de todo. Cosas que todos vivimos y sentimos.

¿Cantarías “Para los dos” igual que la primera vez?

Sí. Hablo de complejos, de inseguridades… Hay cosas en las que aún soy más insegura y en otras en las que he crecido. Creo que está bien tener un poquito de fragilidades. Sino, pues seríamos dioses, y eso no mola nada.

Rozalén y Rayden

Rozalén y Rayden

Entiendo que ya no cantas de espaldas, como hacías en la parroquia.

[Risas] No, no, claro. Ha pasado mucho y estoy muy contenta con mi trabajo. Creo que ahí tengo un arma muy potente y que tengo mucha suerte de poder dedicarme a esto.

Según Pedro Roldán, el sacerdote de tu parroquia, fue la hermana Rosalía quien le informó de tu manera de cantar (escuchó un tema de la banda sonora de Titanic).

Eran varias monjas. Pero sí, era verdad [sonríe]. Yo era muy cría y estaba a punto de entrar en la adolescencia. Me daba vergüenza decir que tocaba la bandurria (era lo que tocaba desde los siete años) y luego la guitarra. Me gustaban los cantautores, era una empollona impresionante… Lo tenía todo para sufrir bulliyng. Era un foco. Y sí, me avergonzaba de todo eso. Cantaba desde cría, pero en el cole y cuando se ponían muy pesados. Me hacía mucho de rogar [risas].

Y en 2010 aparece Spirale, la asociación cultural. De esa época hay un vídeo en el que sales cantando Una vida nueva, del musical Jekyll & Hyde.

Aquello fue en el Teatro de la Paz, en Albacete. Cuando me fui a Murcia para estudiar psicología, con dieciocho años, mi personalidad se fue afianzando. Empecé a estar segura de mí misma, encontré mi manera de peinarme y de vestirme… Lo que me hacía sentir estar más a gusto.

En Murcia había un poquito más de apertura en todo. Iba a Albacete todos los fines de semana y ahí me apunté con mi pandilla de amigos. Montamos una asociación cultural que se llamaba Spirale, como bien has dicho, y hacíamos teatro. Pero todo por amor al arte de verdad (todo era benéfico). Hasta hace cuatro días estaban llenando todo en Albacete, además.

A mí siempre me ponían los papeles frescos, de putica [risas]. Hice el número de Jekyll & Hyde, hice de la prostituta Consuelo en El diluvio que viene, luego fui Esmeralda en Nuestra señora de París

Eso me ayudó mucho, sobre todo vocalmente. Venían gratuitamente profesores de la hostia a darnos clases (había cositas que yo no controlaba bien). Con eso empecé a abrir mi amplitud vocal. Me vino muy bien. Y para la vergüenza que tenía, también.

E irte a Madrid también te vino bien, supongo. En alguna ocasión has dicho que para estar feliz hay que saber bien estar sola.

Sí. Creo que es una de las claves fundamentales. Si uno puede pasar ya no un día sino varios sin la necesidad de llamar a nadie y estar bien con las actividades que hace, está salvado. Incluso viajar solo. Lo hace muy poca gente.

Puede que esté mal visto hacer ciertas cosas solos…

Sí, pero porque somos seres sociales. Pero viene muy bien pasar tiempo en soledad para aguantarse y conocerse.

Eres Géminis. De vosotros se dice que empezáis “nuevas actividades y retos con entusiasmo” aunque muchas veces os falta “constancia para realizarlos”. ¿Te pasa igual con los amores?

Hmmm… Con los amores puede que sí [risas], aunque en lo demás soy superconstante. Eso es algo que nos pasa a todos. Con la edad que tengo, el amor se convierte en otra cosa. Pero sí, es verdad que existe un momento de pasión, cuando todo empieza muy bestia, pero luego se desinfla. Me ha pasado con las relaciones que he tenido, pero ahora me está pasando lo contrario; he conocido a una persona y va de menos a más. Debería ser así.

Rozalén y Rayden

Rozalén y Rayden

En la canción Tonta, aunque es de Paco Cifuentes y Alejandro Martínez, cantas: “Engaño a veces a mi corazón”.

“Engaño a veces a mi corazón pero el putón soy yo” [risas].

La pregunta es: ¿Engañas al corazón más de lo que deberías?

No tanto. Soy muy honesta con los demás y conmigo misma casi también. Guardo mis secretos.

¿Qué te pide la garganta cuando quieres cambiar de piel?

Pues quizá, ahí lo que me pide es callar o mantener silencio. O todo lo contrario: cantar mucho-mucho. Si no estoy a gusto, se me cierra la garganta y guardo silencio.

En Quién me ha visto…, sobre todo por temas como Somos y Photocall, hablas de lo que estás viviendo ahora: más popularidad, te conoce más gente… Entiendo que tu opinión, ahora mismo, está más magnificada.

Sí. Y los periodistas le dan la vuelta a todo y le ponen un titular que no tiene que ver con nada. Me he sentido menos libre, por supuesto que sí. Antes podía hacer cualquier cosa y dar mi opinión libremente y no tenía a tanta gente con lupa ni con tanto oído. A ver, no estoy consagrada, pero estoy teniendo un público que me va conociendo y conoce lo que voy haciendo. Tengo claro que cada vez voy a ser más coherente con mi manera de ver la vida y que en mi mensaje tengo que decir las cosas que pienso. Y al que no le guste -con muchísimo respeto- pues que escuche otra canción. Pero tengo que decir lo que pienso. Creo que el mensaje es bueno para la gente.

Hacer pensar… ¿y hacer dudar?

Claro. Y las cosas que publico en las redes… Al principio me he cortado más porque me he llevado sorpresas, como que había gente que me escribía y me decía que no le interesaba lo que yo pensaba políticamente, sino que le interesaban mis canciones. Yo digo que están equivocados, porque en mis canciones hablo de cosas que son política. Es un ejemplo, pero cada vez me tengo que dirigir más a la libertad, y eso me lo dará el tiempo si yo hago las cosas bien.

¿Dudas mucho?

Constantemente, constantemente. Y cada vez más.

¿Y dudar es una forma de hacer canciones?

Sí. Y dudar creo que también es algo que te pasa cuanto más sabes.

En tu caso, ¿lo importante es el fondo o las formas?

Yo creo que influye cómo digo las cosas, utilizo mucho la ironía. Mi mensaje, creo, es claro, pero la gente no se lo toma mal, porque no soy agresiva y porque me autocritico, primero, con sentido del humor. Si tienes sentido del humor estarás salvado y la gente se tomará las cosas de otra manera.

¿Qué te dicen tus padres? Son constantes con eso de la humildad…

Están obsesionados con el tema de la humildad y con que no se me suba a la cabeza. Tienen una obsesión…

¿Qué te enseñaron más, aparte de la humildad? Me refiero por lo que puedas decir, ahora que te conoce tanta gente.

Con ellos tengo un problema en ese sentido, aunque cada vez me lo voy quitando más. Mis padres, dentro de su progresismo, son muy conservadores y vienen de otra época.

Tu madre era catequista, ¿cierto?

Sí. Y mi padre era cura, pero luego se dedicó a la política en un partido de izquierdas. Hay cosas que chocan. Me encantan los valores que me han inculcado en mi familia, pero sí es verdad que vienen de pueblos muy pequeños en los que el “qué dirán” es muy importante. Aún tengo cosas que sé que me vienen de ellos, como lo de hablar bajito cuando voy a decir algo que pienso. Eso me lo tengo que quitar.

Hay cosas que yo sé que a mi madre, que es más carca que mi padre, le pueden molestar. De hecho, a veces no las escribo porque sé que a mi madre no le van a gustar. Pero hago el esfuerzo. Pienso que hay que reeducar a nuestros mayores y a nuestros padres.

¿Llamas a tu madre cuando terminas la letra de una canción?

No, no. Pero hay canciones que ni se las he cantado porque sé que me va a decir: “Oye, esto no me gusta”. Y viene a un concierto y me lo dice, ¿eh? No le gusta que diga putón, no le gusta que diga mierda… Pero lo digo. Le intento explicar que estoy hablando de algo que creo que tengo que decir de esa manera y que no por eso es menos malo y tal.

María Rozalén

María Rozalén

Pero ha cantado contigo.

Sí, claro. Por eso te decía. Ellos también se van suavizando. La vida son etapas y estamos para crecer a todos los niveles.

Letur es el pueblo materno y Balazote el paterno. ¿Eres nieta de Ángeles “la de los dulces”?

Sí, soy nieta de Ángeles “la de los dulces” [risas].

Que también cantaba…

Bueno, mi familia canta entera, pero mi abuela, sobre todo, tiene mucho arte en la expresión del mensaje. Mi abuela te narra un poema que te quedas con el culo torcido. Su manera de sensibilizar es una brutalidad. Tiene un don para contar historias. Encima tiene una memoria… Se acuerda de todo, desde que era muy pequeña. Tengo la suerte de que me lo cuente. Muchas veces hasta cojo la grabadora.

¿¿La grabas??

Sí. Hay temas muy potentes que ha vivido y yo no quiero que se me olviden nunca. Ella ya está mayor y yo quiero contar sus historias, entonces la grabo porque creo que me va a venir muy bien para ahora y para después.

¿Ha escrito?

No, pero está obsesionada con la lectura. A sus ochenta y largos, se levanta a las cuatro de la mañana y se pone a leer libros. Se los devora.

Y a ti también te gustaba leer y escribir.

Y de pequeña mucho más. En los veranos que pasaba en Letur, me iba a la biblioteca y me pillaba cincuenta mil libros o cómics. Creo que era un poquito rarita en eso. No era asocial, de hecho me llevaba bien con todo el mundo, pero es que me flipaba la lectura.

Desde entonces, ¿cuántos años han pasado mentalmente para ti?

Muchísimos. Porque son fases demasiado importantes en la vida de una persona: de la niñez, la adolescencia, a la juventud hay algo demasiado importante. Además, en la adolescencia yo lo pasé jodido. Creo que es el futuro de todo lo que te va a venir en la vida. También creo que tuve suerte con la gente que me junté, con lo que decidí hacer… ¿Ves? Pienso que si no me hubiese ido a Murcia, por ejemplo, quizá no hubiera pasado lo mismo. En Albacete no hay tantos cantautores, pero en Murcia hay un montón. Si yo no me hubiera rodeado de toda esta gente que me incitaba a escribir y a tener nivel… no hubiera pasado lo mismo.

Después fuiste a Madrid…

Pero es que en Madrid está todo. Fui muy insistente cuando llegué. Iba a los bares muy a saco, sola, y cansineaba en la barra. Empezaron los micros abiertos en las salas de canción de autor, como Libertad 8. Fue tocar y tocar… y que hubo compañeros -muy generosos conmigo- que me sacaron en sus conciertos. En realidad, mi proceso desde que llegué a Madrid fue muy rápido. Hay peña que lleva mucho tiempo y que le ha costado mucho más. No sé, creo que exprimí muy bien el tiempo.

Pero tuviste que pedir un crédito para sacar el primer disco.

Sí, me lo avaló mi padre. A ver, yo no pensaba que me iba a ir tan bien con un disco independiente, pero lo conseguí todo en un mes y medio.

¿Te dijo tu padre aquello de “¿sabes lo que estás haciendo, hija?”?

Yo estudié psicología y mi padre nunca quiso que yo fuera música, pero me apoyaba en las decisiones que yo tomaba. Cuando vio la Galileo llena por primera vez, algo le cambió el cerebro y me hizo la pregunta maravillosa de: “Oye, María, pero todos estos no son tus amigos, ¿no?”. Se pensaba que los del concierto eran colegas [risas]. Desde ese momento, mi padre se ha convertido en mi mayor fan. Pero antes era obsesión y acoso y derribo para que yo acabara la carrera.

También me vine a Madrid con la excusa de estudiar musicoterapia para que él se quedara tranquilo. O sea, me vine a buscar trabajo y a seguir estudiando. Pero yo, por dentro, aunque no lo expresara verbalmente, lo que buscaba era tocar en los bares donde me hacía ilusión (no eran más grandes que Libertad 8).

No sé si tu padre tenía curiosidad por saber cómo iba a acabar todo aquello en su momento.

En su momento sí. Ahora lo veo convencidísimo.

¿Dónde te rascas cuando te pica la curiosidad?

[Silencio] Yo soy de buscar. Tengo que buscar información todo el rato. Cuando tengo curiosidades y tengo dudas, no me puedo ir a dormir sin resolver algo. Me cuesta un montón. Si no, no duermo. Soy un poco obsesiva con eso.

¿Te pasa igual con las canciones?

A veces, en la cama, como soy tan pensativa, resuelvo cosas. Con las canciones sí, pero si son cuestiones que las puedo recibir de fuera, lo tengo que buscar.

rozalen-mahou

María Rozalén

VN:F [1.9.22_1171]
Valora esta noticia
Rating: 10.0/10 (1 vote cast)
Rozalén : “Si no estoy a gusto, se me cierra la garganta y guardo silencio”, 10.0 out of 10 based on 1 rating

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Blue Captcha Image
Refrescar

*