Entrevistamos a Ramón Mirabet con motivo de su concierto en la Sala But el 10 de noviembre

Si nuestro hogar se encuentra donde está nuestro afecto, muchos de nosotros tendremos más de uno, y algunos privilegiados rondarán el centenar. El nuevo disco de Ramón Mirabet, “Home is where the heart is” puede considerarse como uno de estos favorecidos, pues en cada una de sus doce canciones nos trasladamos a una morada diferente. A un hogar, por la naturalidad, el intimismo y el apego de cada una de ellas; dispar, por la variedad temática y estilística que conforma el largo. El catalán ha reunido lo mejor de cada casa y de cada vivencia personal en un único disco donde lo único que prima es la autenticidad. Por ello, la forma más idónea que tuvo de presentarlo en la capital fue a través de la llaneza: el cantautor estuvo tocando en la calle durante un fin de semana entero, como cualquier primerizo. En aquellas actuaciones, él mismo nos recordaba que el 10 de noviembre volvía a Madrid, para presentarnos el nuevo trabajo con fuerza y la banda al completo en la sala But.

A continuación, puedes leer las preguntas que nos respondió el pasado lunes:

En primer lugar, cabe decir que la forma que has tenido de presentar este concierto, tocando en las calles y plazas de Madrid, nos ha resultado muy original. Los lugares donde has tocado, como la Plaza del Dos de Mayo o la calle Fuencarral, son los lugares por excelencia donde las bandas locales empiezan a tocar. Y tú, aunque no en Madrid, empezaste del mismo modo. ¿Has notado cierta nostalgia?

Yo he estado tocando en la calle seis años, pero en realidad lo que quería era viajar y conocer gente. No sabía tocar la guitarra, empecé con una o dos canciones para pagarme los viajes. Para mí, esta etapa ha sido casi toda mi vida, he crecido con ella como persona y como músico. Antes de este fin de semana en Madrid, llevaba cinco años sin tocar en la calle, y sí que es verdad que me daba un poco de pereza el hecho de cargar con los instrumentos, el riesgo de lluvia o de que aparezca la policía, etc. Sin embargo, una vez volví a revivir las sensaciones de antes, eché de menos el contacto directo, o la espontaneidad.

Tocar en la calle es más cercano, ¿no?

Los conciertos grandes también son cercanos, pero de forma diferente. En el último concierto en Barcelona tocamos ante 20.000 personas, y es como si durante el concierto todas ellas se convirtiesen en una. En la calle es más improvisado y en cualquier momento puede pasar cualquier cosa, tanto buena como mala. Echo de menos andar libre, poder hablar con la gente después del concierto.

Pero ahora estás en otra etapa. ¿Qué crees que es lo mejor que te aporta esta, tocando en salas más grandes?

Ahora el cuerpo me pide empezar a compartirlo más con la gente, y tocar con los músicos detrás en un escenario. La vida son etapas, y de cada una vas aprendiendo algo, hasta que quieres vivir otras cosas. Este fin de semana he tocado en la calle porque en Madrid no me conoce nadie, y necesito existir en Madrid. Nunca he sabido estar de brazos cruzados, y no hay mejor forma de presentarme que el hecho de que la gente me escuche.

Aun así en Madrid ya has tocado varias veces, porque yo recuerdo haberte visto en la Búho Real hace un par de años.

Sí, pero vinimos en pequeño formato. También estuvimos en la Sala el Sol hace unos meses, pero fue más una toma de contacto. Este es el primer concierto que hacemos en serio, en una sala grande como lo es la Sala But.

¿Cuál es el formato que tenéis pensado llevar?

Toda la banda. Hace ya dos años que solo vamos con banda.

Además, gran parte de la banda posee una extensa formación en el jazz. ¿Eso se ve reflejado en vuestros conciertos, siendo el jazz uno de los géneros más íntimamente relacionados con la improvisación?

Cien por cien. Aparte de que somos un grupo de amigos y hemos tocado ya muchos años juntos, hemos crecido con el jazz. Es la música que realmente tocamos cuando nos juntamos en nuestro pueblo, y eso se ve reflejado en la frescura, la espontaneidad y la improvisación del concierto. Cada actuación es diferente, pues cada solo es diferente. Incluso nosotros hacemos bromas musicales muchas veces: por ejemplo, yo canto una melodía, y el pianista en seguida me está imitando. Nos gusta mucho jugar con el directo.

Claro, no es lo mismo eso a prepararte un repertorio y seguirlo de forma estricta.

Nosotros lo dejamos todo muy abierto.

Aun así, no sois una banda puramente de jazz, porque en tus canciones también se aprecian influencia de folk o de pop. ¿No piensas en indagar o aprender más sobre un estilo en concreto para próximos trabajos?

Mis discos son muy eclécticos, no me cierro en nada y quiero que siga así. Soy lo más natural posible, y hago las canciones que salen de mí. No me gusta engañar a nadie, y eso se ve también en el público, porque tengo un público muy variado. Yo he seguido bandas, como por ejemplo Nirvana, con un estilo y un público muy concreto en ese momento, que buscaron un sonido propio y estable, al fin y al cabo, la opción más inteligente, pero a mí me gusta moverme y hacer lo que quiera en cada momento.

Yo intento que la gente me reconozca con la voz y con el sonido que tenemos, versátil para cualquier tipo de música, pero me gusta ir desde el jazz hasta el góspel, pasando por el pop, porque al final, todo es pop, y las bases de todos nosotros son las mismas. Lo importante es como vistes la canción: por ejemplo, escuchamos música electrónica que, desgranándola, es música negra.

Sí, ahora mismo está todo muy globalizado, aunque nunca ha habido una línea clara que separe un género de otro.

Sí, por eso me gusta no tener complejos y vestir las ideas de lo que me dé la gana.

Hemos visto que anuncias este concierto como uno de los más importantes en tu carrera hasta ahora, y en parte suponemos que se debe al hecho de que es en una sala muy importante de la capital de España. Centrándonos un poco más a nivel de público, ¿crees que no vivir en un centro cultural y musical importante, como Madrid o Barcelona, repercute negativa o positivamente tu trayectoria?

A mí la discográfica me propuso venir a vivir a Madrid, y que tocara una vez por semana en algún bar. No sé si me va a beneficiar o me va a perjudicar. Si viviese en Madrid la red de contactos sería más amplia y estaría más expuesto al público, pero es que yo quiero vivir en el pueblo, me gusta la tranquilidad, poder ir al bar de siempre y volverme andando a casa. Me gusta tener el mar al lado, y vivir en una ciudad me consumiría. Si tuviera dos vidas, una la viviría donde estoy viviendo ahora, y otra en una isla desierta.

Mi trayectoria iría mucho más rápido en una gran ciudad, pero no me interesa. Me interesa más que lo que salga de mí sea natural, y eso lo consigo en el pueblo.

El proceso de creación sería distinto en una ciudad que te consumiese.

Sí.

Para finalizar, ¿cuáles son los planes de Ramón Mirabet después del concierto?

En Diciembre y Enero haremos conciertos más acústicos, y en verano festivales, pero este disco tendrá una vida hasta marzo o abril de 2018.

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Ramón Mirabet estará presentando su segundo disco, “Home is where the heart is“, el 10 de noviembre en la Sala But. Puedes comprar tus entradas aquí.

Sobre El Autor

Redacción Madrid

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