Luis Brea y El Miedo creando melodías pop a través de lo cotidiano

Conocemos a Luis desde hace muchos años, cuando daban sus últimos conciertos Los Hijos de Han Solo dando paso a aquella banda que comenzó llamándose Milk para terminar acertando bajo el nombre de Los Sitios. Ganaron algún concurso y fueron teloneros de Bebe en las fiestas de Móstoles ante miles de personas, ¡qué tiempos aquellos!. Le perdimos la pista durante unos años pero volvió ante nuestros ojos como Luis Brea, al que alguien le puso el inquietante apodo del Julio Iglesias de Malasaña. Bajo el brazo un ep “De lo dicho nada” y un álbum “Hipotenusa“, todo un cambio de maneras y estilos para lo que nos tenía acostumbrado, pero funcionaba, ¡vaya si funcionaba! y de repente paró, sin más. Ahora renace como Luis Brea y El Miedo para volver a la formación clásica de guitarra, bajo y batería, eso sí, con la misma genialidad a la hora de componer letras excelsas, demostrando que, lo que nos rodea, la realidad, supera con creces a la ficción.

El jueves 17 de marzo actúa en el Teatro Lara de Madrid, promete ser otra noche de campanillas en la capital pero antes nos reunimos con él para hablar de lo cotidiano, lo divino y lo humano en el Picnic Bar.

Da la impresión de que después del éxito y la repercusión recibida con Hipotenusa, el haber cambiado ahora a una formación clásica de banda es porque no te veías los próximos 5 ó 6 años de carrera con ese traje

Luis Brea (L). – No, (risas) ya sé lo que quieres saber… (tono inquietante)
A medida que fue creciendo la banda y empezamos a ir a festivales me faltaba como potencia… llevamos samplers pregrabados pero eso al final es tu propia cárcel, está todo ya hecho, tienes que acoplarte a eso y entonces no hay nada orgánico que esté detrás pegándole a un tambor; faltaba dinámica, intensidad y apretar cuando quieres apretar. En un festival ,después de ver a otros grupos, me di cuenta de que a nosotros nos faltaba eso y dije: “hay que plantearse ya otro modelo, otra forma de que las canciones empiecen a funcionar” y eso condiciona ya muchas cosas, pero empezó un poco ahí, teniendo claro que queremos algo diferente…  básicamente una batería (risas) algo tan simple como eso.

Al ver que aquello comenzaba a tomar altura dijiste: “este viaje lo paro antes de que siga para adelante”

L – Sí, de hecho me tire un año, no sin hacer nada, pero sin estar muy activo, trabajando en cómo iba a hacer ese cambio a una formación más clásica pero en la que ahora no sentimos mucho más a gusto.

¿La gente que te seguía con Hipotenusa ha manifestado algún tipo de queja hacia este formato?

L – No lo sé, supongo que ha habido gente que a lo mejor se ha desorientado un poco y otra gente que se ha unido.  Al final están las letras y la voz, eso no ha cambiado mucho… es una forma de musicar historias. “Hipotenusa” está musicado de una forma, quizás con más desparpajo, más libertad y ahora nos orientamos a un sonido más definido, más homogéneo y puede que eso a lo mejor a alguien le haya desconcertado un poco pero también ha habido gente que se enganchado a Luis Brea con ese sonido más homogéneo.

El primer formato al final te acaba dejando poco márgen para ser “original”

L – Sí, de hecho tuvo el recorrido que tuvo… hasta que nos dimos cuenta de que estábamos un poco encerrados, habíamos llegado a un punto del laberinto en el que no estaba muy clara la salida, no sé si la imagen queda representada con un laberinto, pero si que  empezamos a sentir que había que añadir algo más para que esto empezara a funcionar… sentíamos que nos faltaba algo.

¿Y hubo quórum?, ¿ todos sentisteis lo mismo?

L – Sí, yo lo planteé como un parón y entonces hubo un poco de acojone, siempre hay un “qué está pasando aquí”. Ahora, cuando hablamos del parón, nos alegramos de que esa parada haya tenido lugar porque nos dio tiempo a reflexionar, a pensar dónde queríamos ir… porque además primero hubo un momento en el que dijimos “¡venga, vamos a sacar otro!”, “¡no!,  vamos a parar y a pensar qué sentido tiene esto y dónde vamos” y ahora cuando pensamos en este parón decimos “¡menos mal que paramos!” y menos mal que sentimos lo que estamos sintiendo ahora en el escenario.

¿Y tenías más canciones preparadas antes del parón?

L – Sí, ya había canciones pero sufrieron una transformación.

Luis Brea

“No quiero ser esclavo de las letras, no quiero tener un TOC”

En el concierto de la sala el Sol, cuando tocasteis “Automáticamente” la gente explotó recordando el anterior disco, fue una comunión perfecta con el artista

L – Sí, cuando sacas un disco o haces un cambio, la gente un poco está la expectativa de ver cómo es ese cambio, qué es lo que ha pasado, cómo lo vas a sacar, cómo lo expresas… y nosotros sentimos la evolución, quiero decir, ahora ya no suena igual que como sonaba en El Sol. Allí empezamos a tantear el directo pero después de un año girando incluso la gente dice: “ te he visto al principio y ahora te veo y suena diferente”.

Una canción como “Parchís” ¿hubiera encajado con el otro estilo?

L – De hecho “Parchís” la tocamos alguna vez con el formato de “Hipotenusa”. Me acuerdo que la tocamos en Xátiva y en el Teatro del Arte, además lo recuerdo perfectamente porque tocaba Rodríguez de Leones con nosotros… la gente habrá olvidado esa versión afortunadamente (risas) pero “Parchís” estaba arreglada de otra forma y también sufrió una transformación. Yo la subí de beat, la hice un poco Foo Fighters, en plan rock, antes estaba como más arreglada y ahora está como más “puesta ahí”, ¿no?.
Ese fue un poco el proceso general con las canciones que ya estaban como “Más de veinte”, “Singles”… hubo algunos descartes que se han quedado para el próximo, pero sobretodo quería más intensidad en el escenariopor eso lo de subir el beat pero entonces ya tuve que subir cejilla y quitar arreglos porque cambiaba todo… incluso la forma de cantar de algunas… en realidad como reto profesional ha sido costoso pero muy interesante.

Decías con tu otro disco que estabas un poco cansado del tema indie

L – Es que definir indie ya es complicado, sí que el primer Luis Brea sale como reacción a un indie arquetípico de los 90’s pero ahora ya la verdad es que ya hago lo que me da la gana (risa), ya no actúo por contraposición. En aquel momento con “De lo dicho nada” e “Hipotenusa”, fue libertad absoluta, mucha imaginación y no había límites… “pilla por ahí un poco de soul, una rumba, ahora metemos trip hop “, luego a la hora de oírlo decías: “bueno, pues es posible que todo este conjunto de cosas estén un poco en contraposición con los grupos indies”.

Yo creo que el concepto de indie ha ido evolucionando, hay un concepto indie de los 90’s muy condicionado por algunos grupos pero ha habido una progresión y el indie ahora puede ser que te lo haces tú por ti mismo o bien ese espacio que han ocupado muchos grupos que no son reconocidos como mainstream, que no están apoyados por una discográfica grande, pero tampoco son pequeños… grupos como Izal, Vetusta morla, Love of Lesbian, Lory Meyers…
En la búsqueda de Luis Brea y El Miedo hay mucha influencia de finales de los 70’s y de gente como The Beat o Joe Jackson, ese tipo de dinámicas que explotaron en los 80’s algunos grupos. Yo me he criado con ellas, han formado parte de mi ecuación musical en paralelo al sonido indie y me da la impresión de que nunca se da un espacio a ese tipo de sonido con esa dinámica de bajo.

Un sonido limpio pero con intensidad. Lo sencillo es lo más complicado…

L –  Sí, al arreglar “Luis Brea y El Miedo” me he dado cuenta de lo complicado que puede ser para el proceso artístico que dé la impresión de que es fácil. Me acuerdo de una frase que escuché en un documental de la tele en el que el bailarín Jean Kelly decía: “yo siempre intento bailar para que la gente piense que ellos también pueden hacerlo, que es fácil” y de hecho a él siempre le ves así, bailando y sonriendo a cámara como diciendo “esto está tirao” y sin embargo está haciendo una movida… ¡que es un bailarín de primera clase!. Pues la intención es un poco esa, que diera la impresión de es sencillo y hasta que llegas ahí es muy complicado porque hay que renunciar a muchas cosas: a arreglos, a tu narcisismo por buscar la emoción que tiene la canción…

Incluso modificar el tono de la voz…

L – Sí, hasta el tono de la voz. Son pequeños detalles a los que al final es difícil llegar y sobre todo es difícil quitar, y quitarte del medio y decir “¿qué coño estoy haciendo?” voy a quitar estas cosas, voy a comunicarme con alguien de manera fluida.

¿Te arrepientes de algo de estos cuatro últimos años?

L – Bueno… son pequeñas cosas que piensas a veces y te planteas “a lo mejor esto si lo hubiera arreglado así”… pero nunca sabes, o sea, yo creo que he disfrutado mucho de cada momento, de las tres grabaciones, de los tres discos he disfrutado mucho. En “Hipotenusa” nos fuimos a un pueblo de Extremadura y teníamos, al lado del micro, un salchichón y un queso con un cuchillo,  mientras grabamos las voces le metíamos un tiento al queso… teníamos ese planteamiento… pero luego en Reno pues ya era otra cosa, había más concentración… pero no ha habido momentos dramáticos y creo que también nos hemos cuidado de que no los haya porque tampoco creo que estemos buscado la perfección, ni intentando buscar un sonido nuevo ni definitivo, estamos intentando interpretar un poco la realidad: yo a mi manera con las letras y los otros con la música de la forma que más nos mola y que más disfrutamos.

“Yo soy muy de pescar frasecitas”

Algo que también se aprecia en “Luis Brea y El Miedo” es que tú te dedicas más a la guitarra

L – Si, sí, la verdad es que estado en otros grupos y me centrado más en la guitarra, cantaba pero también le daba un espacio muy importante a la composición con la guitarra. Quizás a lo mejor porque estaba un poco harto de eso, cuando empezó Luis Brea me relajé, le di un espacio cómodo para mí o me metí en otras cosas como hacer una rumba o simplemente algo rítmico, soul como en “La cuenta atrás”… y ahora he recuperado un poco esa cosa más roquera y como he nacido ahí musicalmente me encuentro más a gusto.

En el circuito independiente se te ha empezado a considerar como uno de los mejores letristas que existen en la actualidad, ¿cómo te sienta este calificativo?

L – Cojonudo (risas). No, bueno, vamos a ver, yo tengo mi forma de interpretar la realidad… día a día cuando voy en metro, voy a un bar o estoy comprando dos kilos de tomates estoy viendo la realidad, las cosas que están pasando, entonces las paso por mi filtro y hay muchas cosas que ya me suenan a cosas que he oído antes pero hay otras cosas que digo “¡hostias! esto no me suena nada que lo haya oído antes”, esta mierda que se me ha ocurrido comprando dos kilos de tomates sobre el TPV y el tío tecleando no me suena de nada; entonces lo cojo y luego en casa pues voy haciendo un proceso de eliminación de esto me suena, esto no tiene sentido para mí y si no me emociona a mi cómo voy a emocionar a alguien…
Yo soy muy de pescar frasecitas, las voy coleccionando, como la tonta del bote de las frasescitas, las voy metiendo en botes, luego llego a casa y las suelto y ellas solas se van juntando en canciones y se van estructurando en un disco, van cogiendo sentido. Hay algunas que salen solas como por ejemplo “El verano del incendio” o “Dicen por ahí” salió seguida pero no suele ser el caso… me estoy dando cuenta que las que salen seguidas acabas rindiendo más pero me gusta mucho trabajar así, con pequeños cachitos que luego al final se juntan.

Chinarro siempre ha sido considerado como el letrista del indie, ¿te ves cogiendo su relevo?

 L – Me llega un reconocimiento con las letras, te lo dicen. Imagino que si tienes 19 años, eres rubia, guapa y te lo dicen todo el rato pues entonces es que eres guapa. Tengo reconocimiento y tengo feedback de “¡oye tío cómo molan tus letras!” pero según como soy yo, esto lo que hace es preocuparme por seguir trabajando así, no digo: “joder soy un letrista cojonudo” porque yo no soy así. Como mi padre es de Ávila (risas) y somos medio alemanes en Ávila, lo que me preocupa es: “¡hostia!, cómo mantengo este supuesto nivel, vamos a seguir trabajando que en el próximo tiene que estar ahí igual de bien”, también igual tampoco quiero caer mucho en eso porque quiero dormir por las noches (risas), no quiero ser esclavo de las letras, no quiero tener un TOC.

Si  yo pienso en Chinarro, que le admiro mucho, digo: “es que este hijo puta lleva montón de discos haciendo letrones de todo tipo” porque yo soy muy fan de él y de Nacho (Vegas), estos cabrones llevan mucho tiempo ahí y yo llevo un EP y dos discos, entonces yo seguiré ahí, a mi ritmo… también soy lento escribiendo, así que seguiré a mi ritmo cogiendo cositas y ya cuando estén juntas ya os aviso (risas).

Uno de los grandes guionistas de este país, Rafael Azcona, hacía algo muy parecido que era irse a una cafetería, a un bar o sentarse en el banco de un parque a escuchar lo que decía la gente y de ahí muchas veces surgían los guiones de sus películas

L – Sí, no sé dónde leí que él y Berlanga se iban a la terraza del Café Central a ver pasar a la gente y a imaginarse cómo era esa gente, y claro, cuando ves sus películas está llenas de pinceladas de cotidianidad.

A mi me gusta verlo como en horizontal, quiero decir, no me gusta ni juzgarlo ni hablar de ello desde un pedestal, ni que sea demasiado dramático, ni demasiado intenso… me gusta verlo a la altura de todos los demás, como cuando estás bailando en una pista y verlo pasar así.

Juegas mucho con las figuras que representan algo dramático pero la visión que les das o las metáforas que utilizas hacen que sea algo muy distinto

L – Sí, además yo creo que esos retazos de realidad tienen dos caras porque siempre que hablas de alegría estás hablando de tristeza también.

En “Discotecas” hay una frase que dice “El Dj mató a la estrella del rock”, dando una vuelta de tuerca al clásico de The Buggles “Video Killed The Radio Star”, ¿crees que representa un poco la realidad que estamos viviendo ahora?,  ¿se está perdiendo la magia del directo?

L- Sí, hombre, es que hay muchas cosas metidas ahí, en lo del DJ, porque es una figura muy de ahora, pero claro, si has vivido otra realidad, si te empezó a gustar la música en los 80 pues… yo entiendo que lo puedes pasar muy bien pero para mí es como el final de la fiesta, yo, que he crecido en ese contexto, necesito ver algo más pero a lo mejor hay gente que ha nacido en el 89 o en el 91 y que no le hace falta, entra en un sitio en que hay alguien pinchando y ya está. A mi no me gustaría que lo acabaran sustituyendo completamente porque además sé que es muy cómodo de llevar a un festival: pagas sólo una persona y no a cuatro o cinco, no necesita backline, es bastante funcional ¡y funciona! porque la gente lo está pasando bien y mola que esté ahí pero sin que sustituya totalmente a lo otro porque lo otro tiene un valor muy especial y no molaría que dejáramos de valorar eso.

Igual también tiene un poco que ver con que cada vez se va más a la inmediatez de las cosas, coges tu móvil aprietas un botón y puedes escuchar cualquier canción, antes tenías que ir a una tienda a comprar un disco.

Ha habido una evolución de la informática, la redes sociales,… ha perdido el valor que suponía salir de tu casa, venirte a “Disco Play”, elegir realmente lo que te gusta porque sólo tienes una cantidad de dinero, comprártelo, llevártelo en la bolsa, esperar, llegar a tu casa, hacer todo el ritual, invitar a un amigo… todo ese proceso, que  lleva un espacio y un tiempo, empieza a formar parte de tu vida porque en él hay emociones: “hostia, me voy a comprar el último disco de no sé quién” y hay alegrías y hay decepciones: “vaya mierda y me ha gastado esta pasta”.

Luis Brea

Pero hasta físicamente, la manera de reproducirlo ha cambiado. Antes tenías un casete, metías una de las caras y no ibas a estar pasando las canciones, te escuchabas todo el disco

L – Ahora de alguna manera todo se ha automatizado porque con un botón lo puedes hacer, entonces todo el valor que tiene ese proceso, todas las emociones y todo lo que has vivido en ir a “Disco play” y volver a tu casa… ya no se vive, es simplemente hacer así (coge el móvil), “Me gusta, esto no, esto no, esto no…” y dentro hay personas haciendo canciones. Es como en “La Vida de Brian”: “crucifixión o lapidación”, venga, ta,ta,ta.

Al final se subestima el producto  

L – Así es, el ritmo de elaboración de la música es el mismo, es lento, pero el ritmo de la escucha es diferente y sencillísimo, hay una descompensación y es difícil valorarlo, entonces surge el ¿por qué te tengo que oír?, ¿por qué tienes que ser tú?. Son nuestros tiempos pero no me gustaría que por eso la gente dejara de valorar lo otro.

Estamos en una época en que el concepto de álbum está devaluado, la gente tiende a consumir canciones sueltas

L – Ahora que estás diciendo eso, nosotros estamos teniendo mucho feedback como álbum porque mucha gente me ha comentado que consumen música de manera individual, esto es, tema por tema, y que les gusta el álbum completo, las diez piezas, que les gusta la obra: cómo están ordenadas las canciones, cómo llevan la historia, y tal. A mí me mola porque es un poco recuperar esa forma narrativa de diez canciones.

¿Y cómo gestionas los temas que van a ir en un disco, cuál es el proceso que decide cuál entra y cuál no?

L – Por ejemplo hay una canción que va seguramente a entrar en el próximo y se quedó fuera de este. Yo trabajo muy codo a codo con Jorge desde el principio, y tuvimos nuestro debate de si esa canción podía entrar o no,  porque yo tenía como una visión de las 10 canciones, una visión global del disco y esa no me encajaba, no sabía dónde meterla, no tenía sentido; a lo mejor yo tenía esa visión global y Jorge todavía no, entonces, cuando ya vio el trabajo final dijo: “bueno ya entiendo todo, ya veo cómo encaja”. Yo estoy a gusto así trabajando, a lo mejor por mi herencia ochentera, prefiero esperar un tiempo y sacar 10 canciones que estén bien. Tampoco me gusta precipitarme ni meter morralla por meter.

Parece que ha habido cambios también en el concepto estilístico: en  “Hipotenusa” eran las gafas de sol y ahora parece que el tema va de gorras

L – Digamos que me siento más confortable. No sé, puede que sea para tapar algo, antes me cubría los ojos y ahora ya dejo que se me vean y me tapo la frente. Probé lo de las gorras y me moló y lo he dejado ahí.

¿Y el resto de la banda?

L – Ha sido un juego entre todos, no ha sido una imposición ni nada, ha sido como: “¿gorras mola?, venga, gorras molan”. Jorge ya las llevaba también y Nacho tiene una colección de gorras bastante importante, hubo quórum.

Y ahora “El Miedo” de la gente puede ser este ¿habrá otro parón tras este disco?

L – Es que no lo sé… no lo sé porque este disco todavía tiene recorrido. Hace un año que salió pero todavía estamos haciendo bolos, festivales… entonces yo estoy preparando cosas pero me gustaría respetar el ritmo de “El Miedo” por sí solo; cuando se apague ya nos avisará él, el propio disco, de que es hora de empezar otras cosas.

No hay miedo pero sí incertidumbre de qué pasará

L – No, yo estoy preparando otro disco y habrá otro disco pero no sé cuando.

¿Qué te molaría que pasara contigo y con el grupo?

L – Me molaría que creciera ¡claro!, y que pudiéramos tener unos ingresos para dedicarle más espacio, pero me gustaría que creciera con sentido, no me quiero hacer daño ni rayarme, igual que con las letras, quiero respetarme, es decir, está Luis Brea pero también está Luis Alberto Almarza y su vida cotidiana.

Luis Brea

Eres una persona que no le pone límites a la creatividad, ¿qué proyecto tienes en mente?

L – Hay una cosa pero no la puedo contar demasiado porque sino desvelaría la sorpresa. Hay algo que ha surgido y tiene mucho que ver con la tradición castellana y esas cosas; me gustaría investigar por ahí, veremos qué síntesis se puede hacer. Una de las cosas que más me han maravillado, que visto en directo en Benicàssim, ha sido “Omega” porque me parecía muy especial ver a Lagartija Nick con Morente. Eso no lo puedes ver en ningún lado y no puedes ver a un guiri haciendo eso porque no le pertenece, a ellos les pertenecen otras cosas y les copiamos mucho,  pero me acuerdo que estaban flipados con el concierto porque estaban viendo rock pero contextualizado en unas raíces flamencas, no era música californiana, ni música Tijuana, era flamenco de verdad fusionado con rock, es algo tan especial…. lo hacen con el entorno tradicional que tiene y creo que puede haber algo interesante ahí. No sé,  hay una idea pero ya veremos.

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Sobre El Autor

Redacción A Coruña

Amante de la música de calidad en todos sus formatos.

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