Pixelillo reflexiona sobre esta nueva moda instalada, por desgracia, también en los conciertos

Empiezo a estar (muy) cansado de la moda de los selfie. Ya ni te cuento de los palos selfie. ¿Os acordáis de las vuvuzelas del mundial de Sudafrica? Pues estos palitos me parecen aun más tediosos y aburridos. Y ojo, porque el que escribe este artículo es poseedor de un par de ellos. Reconozco su utilidad en algunos casos, pero no llego a comprender su uso en algunas situaciones. Me cansa la gente que ya sólo sabe fotografiarse con ellos y los que sólo saben grabar y grabar vídeos en los conciertos. Por favor, BASTA YA.

Todo esto tiene una explicación. Retrocedamos hasta el BIME Live 2015, concretamente al concierto de los Imagine Dragons. Recuerdo haber pensado “joder, es la primera vez que no tengo una muralla de maromos delante, voy a ver el concierto sin problemas”. A mi alrededor sólo había chicas jovencísimas y ninguna era tan alta como yo. Era muy feliz hasta que salió la banda y la chica que tenía delante desplegó un palo selfie. Sí, un palo selfie. Y un par de canciones más tarde eran una decena las personas en un radio de 20 metros que estaban grabando el concierto con un palo. Creí que iba a ser cuestión de una canción, de parte de una o dos canciones, pero no, la chica grabó todas las canciones del concierto. Se quedaría sin batería y con molestias en los brazos, pero se fue a casa con un vídeo de dudosa calidad y, en mi opinión, sin haber disfrutado el concierto. Y como ella, centenares de personas.

La molestia que generaba tanto y tanto artilugio junto generó una sensación que era nueva para mí. Hasta pedía a gritos que la seguridad les llamase la atención, ¡Algo que siempre me ha jodido y lo he sufrido en mis carnes! pero no, nadie les dijo nada. Recuerdo cómo alguien de seguridad me llamó la atención en el Azkena por hacer un mini vídeo con mi GoPro diciéndome que “no se puede grabar todo el concierto, eh”.

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“A ver, ¡Esos palitos!”

Cuando acabó el concierto, me pregunté si realmente todos aquellos vídeos que la gente había grabado los acabarían viendo en casa. ¿Aquella chica volvería a ver la hora de vídeo que grabó? ¿Realmente disfrutó la experiencia que es ver a un buen grupo en directo? Mi sensación es que no, que quiso guardar ese momento para siempre en aquel vídeo. Que incluso disfrutará viéndolo y recordando el momento, pero me parece que realmente no vivió el momento.

Reconozco que siempre grabo un par de vídeos de no más de un minuto. Y reconozco que soy un pelma sacando fotos en cualquier momento de mi vida, pero realmente mi pasión es ésa, fotografiar directos. Disfruto tanto fotografiando un concierto que la música es algo secundario, y estamos hablando de algo que lo necesito casi como el respirar. Disfruto haciendo un pequeño vídeo a modo de recuerdo o para compartirlo en redes sociales, pero no entiendo a quienes pretenden llevarse un concierto a casa como recuerdo. Es cierto que hay quién busca la grabación pirata para su uso, pero este perfil es casi un reducto de quienes estoy hablando. La gran mayoría pretende llevarse un bien, algo por lo que han pagado y guardarlo como quien guarda el ajuar de sus abuelos.

Entiendo la utilidad del palo selfie. Es un accesorio muy útil para la grabación de vídeos. Bien usado, aporta una estabilización considerable. Lo que nunca entenderé es como alguien que paga 50 euros para ver a un grupo que le gusta se pase todo el show grabando un vídeo cutre que puede encontrar en Youtube. Alguno podrá decirme “Ya, pero no lo grabé yo”. Sólo podré contestarle “Ya, pero puedes vivirlo de verdad”.

Disfruta del concierto como te plazca, pero deja el palo selfie para los viajes. Vive la experiencia.

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Sobre El Autor

Redacción Vitoria / Fotógrafo

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