La Habitación Roja tocaron ayer en Madrid defendiendo su último trabajo, fue eléctrico (mushroom pillow 2012), ante un público totalmente entregado que llenaba la sala Penélope.

Tengo que admitirlo, La habitación roja son uno de esos grupos con los que mantengo una desconcertante relación amor-odio.

Los valencianos han estado presentes en el desarrrollo de la escena indie nacional y puntualmente en nuestra vida con cada disco, desde sus orígenes allá por el año 1996. Todavía recuerdo el primer artículo que leí sobre ellos. Fue en el nº9 del Zona de Obras, donde rezaba: “El final de la década será ocupado sin duda por La Habitación Roja”. Y la adquisición del primer Ep. publicado por Grabaciones en el mar y distribuido únicamente en el extinto Discos del Sur, sí, en la calle Marqués de Leganés. Desde entonces, todo aciertos, todo desaciertos.

Nos hemos emocionado con una carrera que les sitúa en el podio de los grupos en castellano. Y con un tracklist de dos horas realmente impecable. Otra vez, mi habitación, crónico, potterville, la edad de oro, los mejores años, van a por nosotros, cuando ya no quede nada, febrero o annapurna son algunos ejemplos. Nos han hecho bailar, gritar, llorar. Sentir.

En cierto modo también nos han decepcionado… Quizás el grupo no ha sabido aprovechar la oportunidad de disfrutar de uno de los mejores productores (creadores) del planeta musical, Steve Albini. Y quizá nunca lleguen a encontrar una personalidad propia sin fisuras, sin concesiones. Mientras tanto seguiremos, puntualmente, rindiéndonos ante cada nueva entrega.

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Pero vamos al grano… Ayer, más de lo mismo: amor-odio. Una sala absolutamente abarrotada (sold out desde hacía días), un público de lo más variopinto y un grupo entregado a su causa: la energía de Jorge, la sobriedad de Pau. Las canciones del nuevo disco fluyen con naturalidad entre los cortes de tiempos mejores. Annapurna nos hace pensar que existe un futuro prometedor, febrero nos transporta de lleno al pop de los 90, van a por nosotros consigue la entrega masiva del público o la segunda oportunidad, la gran sensación-descubrimiento de la noche, son algunos ejemplos de por donde discurrió la noche. Y como siempre, un público cada vez más joven entregado a cada nota, a cada canción, a cada gesto. Como siempre.

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